jueves, 3 de septiembre de 2009

Economía Social de Mercado o Neoliberalismo, el motor del crecimiento económico y el crisol de las diferencias sociales.

No creo en el igualitarismo, es decir que los seres humanos, todos, seamos idénticos en habilidades, capacidades e intelecto. Aclaro inmediatamente si, que sí somos iguales o deberíamos serlo ante la justicia (Ley), la salud, la educación, la previsión y los derechos ciudadanos.

Aclarado este punto, usted debería inmediatamente entender que esto no es una reflexión de perfil marxista ni de estos neo-anarcos chilensis, si no que emana de la conciencia civil y mis principios valóricos, por lo mismo deje el sesgo, salga de su trinchera pro-modelo y lea, analice y discútame, en una de esas sacamos algo en limpio.

El paradigma neoliberal es bastante simple de entender, lo que es complejo es ver cómo a tantas personas le convence. Quizás es por lo mismo, su simpleza, su lógica, las oportunidades que brinda, la rapidez con la que genera dinero (para los pocos), entre otras, hace a éste sistema de crecimiento de sociedades como el predominante en el mundo. Ahora que lo medito, creo que también es el más masivo, porque en muchos países se impuso a punta de cañones, fusiles y sangre, un buen motivo creo yo.

La libertad y la empresa privada libre de control estatal son sinónimos en este modelo. Acá las cosas son sencillas, las empresas privadas y los “emprendedores”, agentes que intervienen en la actividad económica, deben tener el mayor espacio legal y con el mínimo control o intervención del Estado para permitir una mayor competitividad en los mercados (personas o empresas que tienen diferentes necesidades que satisfacer). De esta manera, la competencia, base de la estabilidad económica, entre las diferentes industrias (generan productos o servicios para satisfacer las necesidades del mercado) del los mercados, harían que los servicios, productos, eficiencia productiva, costo y desarrollo sean cada vez más óptimos.

Dado este punto, el Estado no debería o no debe tener empresas y menos monopolios industriales, dado que sin competencia no hay paradigma. Por esta razón, es que nuestra constitución del 1980 asegura el emprendimiento individual y aperna el modelo liberal en varios de sus artículos (1), en desde esa época a la fecha se han vendido a privados prácticamente todas la empresas que estaban en manos del Estado, que por derecho eran y debieran ser del pueblo chileno (IANSA, CTC, ENDESA, ESSBIO por dar algunos ejemplos), traspasos que no fueron con la manos muy limpias (2).

De esta manera, el Estado es prácticamente un ente regulador de ciertas políticas económicas mediante algunos organismos creados para lo mismo como el Tribunal de defensa de la libre competencia (www.tdlc.cl) pero, sus atribuciones son más honoríficas que punitivas, dado las bajas y casi nulas sanciones a las empresas que falten al principio básico que sustenta el modelo neoliberal, aunque ahora hay un proyecto de ley que busca penas de cárcel (3) a éste tipo de delito, que es prácticamente un robo a gran escala. Acá se investiga y se evita que las empresas atente contra los principios del neoliberalismo como por ejemplo; que se pongan de acuerdo en los precios de mercado, “la colusión de precios”, como pasó en nuestro país con las tres principales cadenas de farmacias, Salcobrand, Cruz Verde y Farmacias Ahumanda. También evita que existan monopolios industriales, dado que al ser el único competidor en un mercado, el poder que tiene sobre los consumidores atenta contra la libre competencia, acá está el caso de Lan Chile, que mantiene con vida a su “competidora” Sky, lisa y llanamente para evitar ser sancionado por el TDLC.

Desarrollando el tema central de esta reflexión, y como simple conclusión, el modelo neoliberal estimula la competencia entre las personas, incentiva el emprendimiento (si quieres algo, deberás ganártelo), fomenta el mundo financiera y reduce al Estado a un organismo administrativo y regulador de políticas económicas, sin mucho poder de intervención. Cabe destacar que el modelo asume que el Estado debe SUBSIDIAR la empresa privada, para estimular su desarrollo y ASISTIR a las clases más desposeídas, otorgándoles ciertas herramientas para su desarrollo y sustentabilidad.

Hasta ahora, no suena tan mal la cosa, y su lógica es simple, entendible e incluso razonable, pero hay un profundo y gran problema, que no pasa por la igualdad de competencias personales en el mundo del emprendimiento, si no que pasa y se radica en las profundas diferencias sociales, educativas, de apoyo y ambientales que existen en países subdesarrollados como el nuestro.

Nuestro país, no entrega las mismas habilidades ni condiciones para que cada uno de nosotros tenga las herramientas y habilidades mínimas para movernos dentro de un sistema que se basa en la competencia libre y desenfrenada entre las personas. Esto conlleva a que millones de personas nunca puedan aprovechar las virtudes y oportunidades de crecimiento y desarrollo que predica el modelo neoliberal, excluyéndolos del desarrollo y condenándolos generacionalmente a mantenerse en una clase social, como lo ha sido por los 200 años que tiene nuestra república.

El principal agente de diferenciación de clases sociales en nuestro país, paradojalmente es el que debería ser el principal agente de movilidad social y herramienta de desarrollo equitativo en cualquier país del mundo, hablo de la Educación.

La educación y su calidad en nuestro país está estratificada con los mismos parámetros que la jerarquización económica, A, B, C, C1, C2, C3… en dónde la cantidad de dinero que tenga una persona para estudiar es directamente proporcional a las calidad de educación que recibe y a las redes de apoyo con las que cuenta. Lo que clava a cada ciudadano a mantenerse prácticamente inamovible en el lugar “que le corresponde”. Existen, y bien que lo hagan, excepciones a esta realidad, pero son eso, excepciones y debemos seguir avanzando para replicar los casos de movilidad social que ocurren.

Ahora bien, acá ya tenemos un problemón (4), dado que el Estado NO PUEDE garantizar una calidad de educación equitativa para todos los niños, dado que el mejoramiento de la misma no es monopolio del Estado (como lo es prácticamente en todos los países desarrollados del mundo), si no que es regulado por el papá mercado. De ahí que cada año, miles de miles de niños se cambien de la educación municipal a la particular subvencionada (5), pero existen millones de niños que no tienen para pagar la diferencia y se deben conformar con los $36.000 que aporta el Estado mensualmente para que ese niño se eduque y para que compita en “igualdad de oportunidades” con niños que reciben una educación de $60.000, $100.000, $ 150.000, $200.000, $300.000 y suma y sigue… ¿Podemos superar las inequidades sociales mediante un sistema clasista de educación?.

Mi respuesta es no, y así lo entiende el padre del modelo neoliberal, los Estados Unidos de América que tiene un 90% de educación Estatal, y Finlandia, Japón, Singapur y muchos más que nos dan lecciones de movilidad social.

Esto es lo perverso del modelo neoliberal tan profundo en Chile, provoca que se arraigue una pobreza garantizada en el país, que se profundice el asistencialismo del Estado, con bonos y más bonos, regalos varios y otras medidas que solamente mal acostumbran a las clases bajas a conformarse con la subsistencia y a no aspirar al crecimiento sostenido personal, familiar y comunitario.

El modelo de competencia entre los seres humanos tiene una lógica razonable, dado que no somos todos iguales y algunos avanzarán más o otros menos, pero eso no puede ser determinado de antemano por el origen social de la persona, y acá es donde entran a jugar dos participantes, el Estado y la Moral.

La flexibilización de nuestra Constitución debe permitir que entren más caudales a las arcas fiscales, principalmente de los recursos naturales nacionales como el cobre (el 70% del cobre que se extrae de suelo chileno es propiedad de transnacionales que no dejan impuestos), de esta manera y liberando a la educación de las manos del mercado, con un fin estratégico y no ideológico, podremos comenzar a entregar lógica social y consistencia a la existencia del modelo neoliberal.

Mientras nuestros pobres vivan en guetos urbanos, sean excluidos de una educación de calidad garantizada por el estado, mientras se les siga estigmatizando en los medios de prensa, mientras nos preocupemos de construir más cárceles que escuelas y bibliotecas, mientras las drogas sigan dominando el entorno en que viven estos niños, mientras las políticas públicas sean las de regalar y no las de enseñar a trabajar… seguiremos sumidos en el tercer mundo y quejándonos eternamente de que niños de 10 años adictos a cuanta droga existe, entren a nuestras casas y se roben nuestras cosas. Dado que el modelo neoliberal sólo funciona en sociedades equitativas en educación, redes de apoyo y con un Estado sólido, democrático y representativo.



(1) Capítulo III De los derechos y los deberes.
Artículo 11: - La libertad de enseñanza incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales.
Artículo 12: - La ley en ningún caso podrá establecer monopolio

estatal sobre los medios de comunicación social.
Artículo 21º.- El derecho a desarrollar cualquiera actividad económica que no sea contraria a la moral, al orden público o a la seguridad nacional, respetando las normas legales que la regulen.

El Estado y sus organismos podrán desarrollar actividades empresariales o participar en ellas sólo si una ley de quórum calificado los autoriza.
En tal caso, esas actividades estarán sometidas a la legislación común aplicable a los particulares, sin perjuicio de las excepciones que por

motivos justificados establezca la ley, la que deberá ser, asimismo, de quórum calificado; (ES DECIR, SE NECESITAN LOS VOTOS DE LA OPOSICIÓN, LO QUE ES PRÁCTICAMENTE IMPOSIBLE DEBIDO A QUE LA DERECHA CHILENA ES FANS DEL MODELO NEOLIBERAL)

Artículo 22º.- La no discriminación arbitraria en el trato que deben dar el Estado y sus organismos en materia económica.
 

(2) www.cep.cl/Cenda/Cen_Documentos/Pub.../Privatizaciones.doc

(3) www.laopinon.cl/admin/render/noticia/20435

(4) www.cep.cl/Cenda/Cen_Documentos/Pub.../Educacion_1.doc

(5) http://www.latercera.com/contenido/894_173621_9.shtml


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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Política Jurásica v/s Jóvenes Soñadores.



Poco a poco el asunto del envejecimiento del padrón electoral se hace tema cuando las fechas de elecciones se acercan, es decir en un promedio de 2 a 3 veces por década. Fuera de estas fechas es un –problema- que duerme en los laureles del Congreso y la Moneda, hasta el inicio de un nuevo ciclo del trajín político. Pero me pregunto, ¿Realmente les preocupará que los jóvenes no se interesen por la política, que nada concreto hacen para revertir esta situación? A todos los políticos les preocupa el tema de la negación de los jóvenes a ejercer el sufragio, o al menos eso hacen parecer ante los medios de prensa, ponen los ojos en blanco buscando la piedad divina, mientras asumen culpas sin culpa (típico de esta casta), apuntan hacia la vereda del frente, dejando el cadáver de la participación ciudadana donde el vecino.
La política nacional es prácticamente comandada al menos, por un 70% de personas que estaban en la misma situación antes de 1973, que luego de la vuelta de la “democracia”, retoman sus sitiales de privilegios para echar mano al timón de nuestras vidas cívicas, y conducir a Chile hacia el soñado progreso, el de ellos mismos. Desde el último tercio de los años 70´s, no ha sido suficiente (la organización y combatividad de las masas) para neutralizar la ofensiva ideológica y política de la gran burguesía. Ésta ha podido intervenir en un momento en que la conciencia crítica del pueblo respecto al sistema que lo oprime y explota apenas comenzaba a aflorar y sólo en algunos sectores de punta esbozaba una respuesta radical. La burguesía asumió las aspiraciones populares y da ahora su respuesta, que las diluye y deforma, ofreciendo reformas liberales ahí dónde comenzaban a plantearse exigencias de participación, democracia y socialismo.(1)

En Chile en política no avanza nada, o de manera bastante menos progresista de lo que la evolución de las mentes juveniles aspiran. Muchos mocetones anhelan saciar la sed que les provoca las ganas de participar en y por una sociedad más justa, en las decisiones políticas, hacer escuchar su voz, sus ideas, sus sueños y sus propuestas. Mas casi, es imposible hacer que te escuchen por sobre los límites de los contactos directos, la prensa está copada con intereses particulares, corporativos y religiosos. Los medios independientes viven con apnea, con insuficiencia respiratoria, el Gobierno destina prácticamente el 80% de su gasto publicitario a COPESA y al imperio de Agustín Edwards. “Los principales destinatarios de la inversión publicitaria estatal fueron los diarios de la empresa “El Mercurio” (48%) y del Grupo Copesa (29%). Ambos consorcios concentraron el 77%”, de los $1.220.000.000 destinados para tal efecto.(2)

Los esfuerzos de prensa libre son notables y honoríficos en muchos casos y creo que estamos en presencia de un segundo aire, gracias a los medios virtuales que por ahora se escapan de los controles corporativos e intereses mezquinos, valga la redundancia. Los espacios de desarrollo social son de -mano de obra- y simplones, lo que no es malo pues algo es algo, pero las mentes y las concepciones de sociedades mejores son de un carácter más amplio, calador y masivo. El clavo y la pala en los campamentos, el pan y el cafecito en las calles, la ropa usada y el tarro de jurel para los terremotos, le dan pan a quien tiene sed y agua al que muere de hambre, pero estos gestos autocomplacientes de la sociedad de mercado calman la necesidad de solidaridad de los hombres y mujeres que necesitan su cuota de virtud y un pago más para la parcela en el cielo.

La república Chilena va a cumplir 200 años, un bicentenario de montaña rusa política criolla, sube y baja cultural y político que nos recuerdan una y otra vez la inmadurez de nuestra forma de hacer sociedad y del cómo participamos de ella. Tal como lo dicen Armando de Ramón en su libro “La Historia de Chile”, nuestra democracia está regida por una constitución considerada por muchos como espuria que “hace resurgir los viejos usos constitucionales, las virtudes y los vicios que existían desde principios del siglo XIX, todos negándose a desaparecer luego de casi doscientos años de funcionamiento”.(3)

Cuando se habla que los jóvenes no se interesan por la política, creo que se comete un error. Los jóvenes sí se interesan por la política, lo que sucede es que no son atraídos por la forma jurásica de administrar y hacer la política que tienen nuestros imperecederos políticos. Ellos, los jóvenes, hacen política y sociedad a su manera, en los pocos espacios que les da nuestro sistema. Cada vez que se abren oportunidades de solidaridad que requieren cierto grado de compromiso por el bien común, esa actividad se copa, se llena de manos y sueños. Es cosa de ver propuestas alternativas que abarcan un amplio espectro de motivos; religiosos, sociales, ideológicos, valóricos entre otros. Nadie puede decir que los muchachos y muchachas no están en nada. El problema es que no están dónde también los necesitamos, en las urnas. Las ideas nuevas no tienen respaldo cívico, el padrón electoral cada vez es más anciano y por malformación humana más conservador, más moderado y más resignado.
Los jóvenes no se inscriben, porque creen con razón, que sólo son considerados para estas fechas, luego dejan de ser materia prima electoral y pasan a ser los mismos mocosos que no –saben nada de la vida- y que sólo cuando sean “grandes”, verán las cosas como realmente son.

Este desinterés por la participación ciudadana tiene un componente que es esencial a mi punto de vista el más importante factor causal de todo este escenario, la falta de educación cívica en la escuela, que va de la mano con una generación de padres que han sido castrados en su necesidad de alzar las voces. En los programas educacionales de gobierno, no hay espacio para la –formación- de ciudadanos, para las teorías políticas, para entender el modelo de sociedad ni nada de eso. Así los jóvenes salen de sus aulas al mundo con la mente llena de humo y luces de simplicidad absorta en lo que el modelo requiere de ellos. Obediencia al consumo, materialismo puro, pérdida de capacidad de crítica, apatía social, individualismo, exitismo y conformismo pro-asistencialismo. Eso es lo que genera nuestra educación, perpetuidad de estratos sociales, incapacidad de comprender los procesos de la comunidad y de aplicar sus derechos frente al modelo neoliberal.






1 Ruy Mauro Marini. “La Lucha por la democracia”. Pensamiento crítico Latinoamericano. Publicación de Le Monde diplomatique. 2008. Editorial Aún creemos en los sueños.

2 Informe de la comisión especial investigadora sobre avisaje del Estado.
(http://www.camara.cl/pdf.aspx?prmID=59&prmTIPO=INVESTIGAFIN)

3 Armando de Ramón. “Historia de Chile, Desde la invasión incaica hasta nuestros días”. 2006. Editorial Biblos.
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El País que yo quiero


El país que yo quiero es solidario, democrático, fraternal y laico

Reconoce a los dueños ancestrales de las tierras y respeta sus cosmovisiones particulares, procurando integrarlos en mutuo convenio y necesidades.

Un país para ellas y ellos, sin diferencias más que las biológicas naturales.

Un país donde la educación primaria y secundaria es gratuita y la educación superior es de carácter solidario o crediticio estatal, de la más alta calidad y equitativa para todos los niños y niñas, jóvenes y adultos del país. Sería una educación de calidad asegurada y garantizada por el Estado.

El país que yo quiero respeta todos los cultos religiosos, a agnósticos y ateos.

El país que yo quiero no le tiene impuestos a los libros, ni a la música, ni al teatro.

El país que yo quiero promueve el librepensamiento, el análisis crítico constructivo, el diálogo y la participación ciudadana.

El país que yo quiero es fraternal y estratégico con los países vecinos, observa un avance en comunidad regional y no de manera aislada.

El país que yo quiero es alegre, con tiempo para el ocio, para la familia, para los amigos y para pensar.

En el país que yo quiero podremos manifestar responsablemente nuestras posturas y pensamiento en los lugares públicos.

El país que yo quiero permite a las mujeres que gobiernen su cuerpo y decidan sobre su sexualidad.

El país que yo quiero tendrá a la familia como eje principal de la sociedad, y procurará generar las herramientas sociales que fortalezcan los vínculos entre los miembros de la misma.

El país que yo quiero comprende y se hace cargo de las diferencias sexuales, otorgando derechos civiles a las uniones de convivencia entre cualquier sexo.

El país que yo quiero no genera pobreza ni exclusiones sociales.

El país que yo quiero se hace cargo de la delincuencia como un problema social y no sólo del gobierno de turno.

En el país que yo quiero los recursos naturales y sus rentas son propiedad del pueblo, y él ejerce soberanía inalienable sobre ellos.

El país que yo quiero permite el desarrollo y progreso individual enmarcado en convicciones de solidaridad con la comunidad y el entorno.

El país que yo quiero permite a las regiones elegir democrática y libremente a sus autoridades.

En el país que yo quiero los recursos e impuestos de las regiones, quedarán para uso y beneficio de los habitantes de la misma y existirá un fondo común solidario para las regiones que demoren más en su crecimiento.

El país que yo quiero no centra única y exclusivamente su progreso en estándares económicos, sino que a la par, medirá el desarrollo cultural, de investigación y desarrollo, tendrá índices de felicidad, de tiempo libre, de crecimiento de áreas verdes, por citar ejemplos.

El país que yo quiero hace un esfuerzo en conjunto y valiente en invertir en Investigación y Desarrollo, para generar rentabilidad nacional no sólo de recursos naturales no renovables, si no en la creación de servicios y productos de alto valor agregado.

Será un país democrático perfectible, sin sistema binominal, ni con quorums calificados para la modificación de leyes constitucionales.

Será un país que se regirá por una constitución emanada de una asamblea constituyente pluralista, de bases, representativa y democrática.

En el país que yo quiero los habitantes de las comunas, provincias y regiones podrán proponer en base a acuerdos en reuniones populares, leyes al parlamento.

En el país que yo quiero los habitantes de los diferentes distritos senatoriales o de diputados, podrán luego de una representativa recolección de firmas y de un referéndum público, pedir la destitución de su representante en el parlamento.

En el país que yo quiero, el uso de los dineros públicos será de conocimiento popular, y estará la información sobre su gasto a la mano de cualquier ciudadano.

El país que yo quiero permite de manera automática a los mayores de 16 años votar en las elecciones y referéndums populares bajo ningún tipo de obligación, más que el deber cívico que le compete a cualquier ciudadano responsable.

El país que yo quiero procura en convicción avanzar en el progreso industrial de la mano con la conservación del ecosistema. Ningún proyecto industrial sería ejecutado si éste causa daños irreversibles en la naturaleza que le heredaremos nuestros hijos.

El país que yo quiero permite una muerte digna y sin sufrimiento a los enfermos terminales de patologías torturantes y limitantes de la condición de ser humano.

El país que yo quiero no castiga con pena de muerte. Sí velará, por el cumplimiento de condenas perpetuas y bajo aislamiento absoluto a quienes cometan delitos horrorosos y de gran impacto social.

El país que yo quiero permite a las personas que violen la ley, ser mano de obra productiva para la nación dentro de su privación de libertad y les entregará un oficio o un perfeccionamiento si ya lo tienen, para reinsertarlos como hombres libres y responsables a la sociedad. Existirá el concepto de Cárceles Productivas y auto sustentables.

El país que yo quiero le otorgará derechos a los animales domésticos, y deberes a quiénes los posean.

En el país que yo quiero no se usarán los animales para entretención de las personas y la sociedad en su conjunto velará para que se trate dignamente a cada uno de los seres vivos que comparten el mundo con nosotros.

En el país que yo quiero los consumidores serán protegidos por el Estado.

En el país que yo quiero, los trabajadores y las empresas trabajarán en conjunto para perfeccionar la labor productiva y el Estado otorgará las herramientas legales y de gestión para que ambas partes encuentren el equilibrio en sus aspiraciones.

En el país que yo quiero el Estado podrá crear empresas de bienes y servicios.

El país que yo quiero tendrá atribuciones para corregir y sancionar a las empresas o corporaciones que eludan las reglas que controlan el funcionamiento de la economía.

El país que yo quiero será libre en esencia.

En el país que yo quiero el pueblo es el soberano.

En el país que yo quiero, ante la ley, la educación, la salud y los accesos previcionales, no hay clases sociales.

Quiero en mi país que haya educación cívica desde las más diversas fuentes sociales, la escuela, la familia y en el entorno, con el fin de formar mujeres y hombres preparados y dispuestos a la vida solidaria de la democracia.

El país que quiero se enorgullece y se avergüenza de su pasado. Se alegra de sus aciertos y aprende de sus errores.

Un país que considera a las profesoras y profesores como herramientas fundamentales para el desarrollo, y velará para que los que ingresen y salgan de la formación Profesional Docente tengan una calidad de vida acorde con las responsabilidades sociales que descansan sobre ellos.

Mi país, el que sueño, será un país activo, deportista y recreacional.

El país que yo quiero libera de impuestos a las frutas, verduras y cereales, con el fin de promover su industria y consumo.

El país que yo quiero es un país de soñadores.

Quiero que mi país se llame Chile.

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Red contra la Violencia doméstica y Sexual

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