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lunes, 9 de enero de 2017

La misión de superar el estéril discurso de centro.

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La misión de superar el estéril discurso de centro

Todos queremos un país más justo y democrático, que la ciudadanía tenga mejor salud, educación, previsión, etc. Decir aquello es apuntar lo que cualquier persona desearía tanto para sí misma como la sociedad en la que está inserta. La estrategia en la política de campaña exige que los discursos se planifiquen pues se busca llegar a cierto sector de votantes donde se podría generar adhesión en el período electoral, lo que además entrega una orientación del tenor de lo que podría ser un posible gobierno de cierto sector. No cabe duda que Chile es un país en que las elecciones en las últimas décadas se ganan en el llamado -centro político-, fenómeno que se origina luego de una extensa y cruel dictadura cívico-militar con un posterior período de una sui generis democracia protegida que poco y nada hizo para reconectar la disociación entre el poder político y la voluntad popular. El anterior sistema binominal fue diseñado con la intención de que fuese casi imposible generar profundos cambios en la política que se intencionó durante la dictadura basada en su constitución de 1980, provocando que la ciudadanía piense que esté quién esté en el gobierno todo seguirá igual. Pero a partir del despertar social del año 2006 las exigencias cambiaron, no sólo en demandas de garantías en derechos sociales e igualdad de oportunidades, sino también en mayor transparencia y ética en el ejercicio de la política. Uno espera en el 2017, luego de extensas luchas sociales y vergonzosos casos de corrupción en todo el espectro político, que las propuestas de los candidatos presidenciales den luces concretas para resolver estas materias. Demandas como el fin de las AFP o la eliminación de la segregación económica en educación esperan propuestas claras sin medias tintas. Manifestar "queremos un sistema de pensiones digno y solidario" no dice nada en concreto, es sólo una declaración de buenas intenciones que apuntan al centro aquel que generó la dictadura y los inocuos gobiernos de la transición. Acá podemos encontrar a los precandidatos -de centro-, Piñera y Guillier, que sobreviven y se mantienen en las encuestas a punta de amplios discursos que invitan a un Chile mejor mediante cuestiones obvias como un mayor crecimiento económico o un sistema de salud digno con más hospitales y médicos (¿quién no querría eso?). Mas no todos están en esta situación. Podemos ver a la extrema derecha representada por la UDI, volver a sus raíces conservadoras más duras en el discurso mediante su actual presidenta Jacqueline van Rysselberghe, que sin ningún pudor buscan recolectar los resabios civiles de la dictadura militar que aseguran una votación mínima para mantenerse vivos y vigentes en las lidies políticas. Por otra parte, podemos ver que las respuestas claras a las demandas sociales se encuentran en los partidos y movimientos de izquierda que hoy hacen el esfuerzo de conformarse en el llamado frente amplio. Acabar con las AFP, con el lucro en la educación, la salud de mercado y su integración vertical, fortalecer el sindicalismo y cambiar la constitución de la dictadura mediante una asamblea constituyente son partes de las consignas comunes. Pero éstas tienen un problema, no logran convocar votantes a las urnas hasta el momento. Es por ello la necesidad de trabajar en bloque dentro un marco de acuerdo programático y de definiciones democráticas, pues sólo la unidad y la madurez darán la posibilidad de construir el tercer tercio político que hoy carece nuestro país, la izquierda propiamente tal. El o los candidatos presidenciales de éste nuevo bloque tendrán la tarea de posicionar un relato ciudadano, verde, de izquierda y progresista acorde con las necesidades y realidad del siglo XXI, sin tentarse en caer en un discurso ambiguo carente de definiciones claras respecto a las transformaciones estructurales que demanda la ciudadanía movilizada. Llegó el momento de diferenciarse de ese resabio temeroso del centro insípido, pues los tiempos y las necesidades de cambio no dan para otra cosa, pero habrá que ver cómo se logra traducir tal discurso en votos en estas próximas elecciones y ello en gran medida dependerá de la experiencia, poder de convocatoria electoral y capacidad de lucha que tengan los líderes del tercer bloque en formación.


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Francisco Córdova Echeverria
Coordinador Nacional Programático
Partido País -Siempre por Chile-




viernes, 17 de julio de 2015

Angurrientismo

No conocía (hasta hoy) la corriente que intentó instalar Juan Godoy en el primer tercio del siglo XX. Me parece muy interesante su deseo de comenzar a desarrollar un estilo de literatura nacional que fuese capaz de desentrañar lo que somos como cultura propia, la que se generar por lo que somos en esta tierra, y no por lo que otros quieren ser de otras tierras e historias. Me parece muy importante que su deseo sea alguna vez una realidad, pues la crisis de identidad de nuestro pueblo es una de las cuestione que lo hace tan fácil influenciar y manipular.

"[...] La postura criollista, cultivadas por gente de la clase alta y media, no logra dar cabal visión de los tipos sociológicos chilenos, a los cuales trata como objeto de su estilo. Labor de afuera hacia dentro, exterior, objetiva. No tuvieron la seguridad de que, expresándose a sí mismos, frente a su materia humana, como obreros intelectuales y a causa de esto, expresaban a su pueblo. No obstante, juzgamos plenamente al valor del criollismo en relación a su propósito. Y no desconocemos el enorme esfuerzo realizado por él en busca de nuestra expresión. Pero rumiarlo sería aún anacrónico. El artista ha de seguir, por lo tanto, una dirección nueva y sincrónica con el despertar social y político de su pueblo, de nuestro pueblo, es decir, debe superar magníficamente el criollismo y formar europeizantes, siguiendo el desarrollo vivo de nuestra esencia nacional [...]
(Juan Godoy, "Angurrientismo y Cultura". 1939. Revista Aurora de Chile)


lunes, 3 de noviembre de 2014

Escribir bajo la mirada de Bukowski


Y así me dejó Bukowski, desarmado. Le dio un manotazo a la idea, pero no castigándola, sino enmarcándola. "Así que quieres ser escritor" pone las palmas de mis manos frente a mis ojos y me obliga a buscar dentro de mi cabeza los impulsos desordenaos del por qué escribo mis pensamientos. De seguro el ego tiene algo que ver, me gusta el reconocimiento, que se confunde con afecto, pero sirve igual. Como los jugos en polvo, el reconocimiento la da sabor a la vida, pero no la alimenta. Quizás sea por eso. Igual me tomo los jugos en polvo.

Pero también escribo cosas para mí, y el gusto por la palmada en la espalda se diluye. No todo es para los otros, tenemos cosas para uno mismo. Y no le llamemos egoísmo a la intimidad que uno tiene con sus pensamientos, para qué andar con cosas, no todo lo que se piensa es decente, aceptable e incluso humano. Por mi cabeza desfilan ideas absurdas, miedo, odio, apetitos asquerosos e intenciones vergonzosas, pero son ideas castradas, sin empuje más que su construcción misma, alternativas que se ofrecen para no olvidar que podemos ser demonios o ángeles, todo el potencial del bien y el mal en un mismo sujeto, en cada uno de nosotros hay una bestia cuya gula nunca estará satisfecha si la liberamos, y la adicción de someter a los demás es el combustible.

Y ahí están mis manos, obedeciendo la necesidad de mirar las ideas, frente a frente, en la hoja de papel o en una pantalla de realidad electrónica, escribo las cosas horrorosas y la borro. No me parece difícil convivir con mi propio Mr. Hide, es más le necesito, pues no niego que a veces la ira y el odio palpitan de vez en cuando en mi pecho, pero no buscando pasar del sentimiento al verbo, sino que está ahí para recordarme que soy un animal que busca domesticarse.

domingo, 19 de enero de 2014

LA TOLERANCIA mal entendida y LA INTOLERANCIA bien entendida



LA TOLERANCIA mal entendida
y
LA INTOLERANCIA bien entendida

Ya es un hecho, la palabra -tolerancia- está puesta en la caja de herramientas del lenguaje de la sociedad completa, se habla de ella con una libertad absoluta y repetitiva, lo que está bien siempre y cuando la construcción abstracta del significado de este símbolo lingüístico tenga límites, dado que la -tolerancia- tiene bordes definidos que, si se atraviesan, se cae en un mal uso del concepto y con ello se provoca una distorsionada interpretación de la realidad de la convivencia social.

La moral humanista laica, aquella que es dinámica y fluida bajo el ritmo de la evolución de nuestra especie, que nace del aprendizaje constante de las sociedades, de sus errores y aciertos, de sus vergüenzas y orgullos, permite generar límites a nuestra libertad natural (al “humano animal”) y nos entrega los elementos de análisis (criterios) para tomar decisiones éticas. Es decir, nuestro aprendizaje histórico del -bien- y el -mal- levanta reglamentos tácitos (hábitos culturales) o concretos (como las leyes) que limitan nuestra libertad en beneficio de la convivencia social.

Entonces, estas reglas sociales de origen socio/histórico provocan la pérdida de la libertad natural del ser humano de “hacer lo que quiera”, definiendo lo -tolerable- y lo -intolerable- por el colectivo social. Podemos inferir que el hecho de vivir en sociedad provoca definiciones de lo que es permitido o no permitido, colocando límites a las intenciones de algunos de hacer o decir lo que le de la gana. Inteligentemente no todo es tolerable.

Cuando se usa mal un término de manera repetitiva y masiva, este símbolo pierde las definiciones de su significado, se distorsiona, genera creencias e interpretaciones personales y con ello desentendimiento en la comunicación, puente clave para la convivencia social. Eso pasa hoy con la palabra -tolerancia-, usada como excusa para poder exponer opiniones o acciones que ponen en peligro la sana convivencia social o lisa y llanamente, la agreden.

Los ignorantes del buen uso de la palabra se escudan (voluntaria o involuntariamente) en la -tolerancia- para agredir a otros, confundiendo una opinión virtuosa, siempre válida, con un vómito mental que no aporta nada al entendimiento, sino todo lo contrario, tensiona el ambiente y provoca, en algunos casos, quiebres en la relación entre humanos. Es por ello que es tan importante entender que la -tolerancia- es activa, no pasiva. Esta tolerancia activa significa la existencia de un criterio para la aplicación del concepto, es tolerable todo aquello que no atente la dignidad de otros, es tolerable toda idea u opinión que no ponga en peligro nuestro aprendizaje histórico sobre lo que es saludable para la convivencia social, es tolerable toda acción que no implique violanción a las libertades de otros y es tolerable toda concepción universal de la existencia y vida que no invada las cosmovisiones de otros u otras. La -tolerancia- no es sinónimo de permisividad para la violación, agresión, oprobios y semillas de odio contra otros. En estos casos, la intolerancia es lo correcto.

Es correcto oponerse a ideas, conceptos y/o acciones que permitan abrir la puerta a peligrosos hechos del pasado que tanto dolor y sufrimiento han causado a nuestra especie. Toda opinión de superioridad étnica debe ser intolerada en honor a las millones de vidas perdidas por permitir que tales ideas se infiltren en la comunicación común entre seres humanos. Acá no hago referencia a las diferencias físicas que nos otorga el 0,2% de variabilidad genética de la raza homo sapiens, de la cual todos derivamos, sino de lo peligroso que es pensar y sentir que el hecho de pertenecer a una cultura te otorga un grado de superioridad por sobre otras. Confundir las manifestaciones culturales del ser humano con la carga genética que todos tenemos es un delirio del determinismo hereditario que dio origen, por ejemplo al nazismo. Ya tuvimos experiencias con Mussolini y Hitler, con la Iglesia Católica y sus cruzadas e inquisiciones, ya aprendimos del apartheid sudafricano. El no aprender a cuidar lo que decimos o escudar ideas erróneas de superioridad étnica (soy/somos mejor que) es peligroso. Preocuparse de ello es sano, exponer lo peligroso que es, es necesario. Callar sería complicidad. Dudo que alguien quiera cargar con eso.

Hoy la intolerancia selectiva permite que repudiemos la violencia de género cuando algún personaje público hace gracias con comentarios misógenos, que en tiempos pasados eran celebrados como parte de nuestro hábito cultural. Pocos se atreven a defender la libertad de opinión de un homofóbico o de un clasista, pues es intolerable permitir cualquier gesto, por muy sutil que sea, que viole la dignidad de otros o que los coloque en un plano de inferioridad antojadizo.

Se puede mostrar orgullo de nuestros orígenes, pensamientos, ideas o acciones ¿Quién no lo hace?, pero ¡cuidado! Que la libertad innata de decir lo que pensamos no traiga consigo cargas anti valóricas implícitas o explícitas, a pesar de estar en un marco de felicidad. En la sutiliza de nuestro lenguaje se alojan las grandes diferencias del entendimiento, y con ello, más responsabilidad tendrá de cuidar sus formas quien presenta una plataforma de comunicación más elevada que otros.

Para concluir, el uso de la palabra -tolerancia- debe ser adecuado, contextualizado y definido a las acciones o exposiciones comunicacionales que no generen superioridad moral o hagan difusa la línea del respeto hacia los demás. El racismo, la xenofobia, el clasismo, la homofobia, lo misógeno, los nacionalismos, etc, tienen expresiones peligrosamente sutiles, que no deben ser toleradas con simplicidad dado lo importante que es evidenciar una semilla de riesgo para la convivencia social. Por muy leve que sea, por muy delgada la línea, siempre será más sano para sostener el respeto dentro de la riqueza de la diversidad humana, el recordar los límites que hemos aprendido como especie, utilizando con rectitud la tolerancia o la intolerancia en los casos que sea necesario.


lunes, 18 de marzo de 2013

Teatro Regional y la Cultura y Arte desde abajo.




La construcción de un Teatro Regional para "fomentar la cultura" comete el mismo error práctico que la de hacer un estadio -a la europea- para "fomentar el deporte". Al parecer la clase política en el siglo XXI sigue con su perfil snob eurocéntrico de la burguesía del siglo XX y XIX, tratando de parecer los “tigres de América Latina” por la magnitud de sus obras más que por la profundidad y efectividad social que alcanzan sus políticas en materia de cultura y deportes.

No cabe duda que las artes y la cultura, en su más amplio espectro, son fundamentales para desarrollar una sociedad equilibrada e integral. Ahora bien, la cultura tiene que ver con la civilización humana y sus formas, el arte es una extensión de la expresión humana en un lenguaje propio y por ende, el acceso a ella no solo tiene que ver con la gratuidad de los espectáculos para los más vulnerados de nuestra sociedad, sino también tiene que ver con que las capas sociales más pobres tenga acceso a desarrollar arte y cultura, a generar expresiones propias de su vida y realidad como medio para desarrollar su espiritualidad y para relacionarse con el entorno.

Debemos pasar la etapa populista de los espectáculos gratuitos para los más pobres. Saltar de la caridad cultural a la producción cultural popular, es decir; crear y financiar los espacios sociales adecuados para que se desarrolle arte y cultura desde los barrios y las diferentes comunidades hacia fuera. Hoy la cultura tiene una verticalidad descendente, y propongo que haya una verticalidad ascendente que propenda hacia la transversalidad de la construcción socio-cultural de nuestro país. Es hora de que los niños y niñas de las escuelas no sólo sean llevados de paseo un par de veces en sus 14 años de formación formal al teatro, sino que ellos puedan vivir (no sólo consumir) el teatro, la pintura, la música y la poesía desde su propia escuela o liceo. Pasar, de la entrada gratuita a un espectáculo de fin de año a las y los vecinos más vulnerados, a poblaciones y organizaciones de base que aprendan y construyan arte como parte de sus vidas, como vía de expresión espiritual o de comunicación de sus realidades.
Un tremendo teatro regional, centralizado en la capital del Bio Bío, no es una mala idea si es que la reproducción y consumo de cultura y arte se ha democratizado previamente. Pero será una pérdida de recursos si es que se utiliza para “fomentar la cultura regional”, porque no lo hará. Un teatro por sí mismo no hace que más gente vaya al teatro, haga o entienda teatro. Abrir una nueva galería de arte no hace que las masas sociales sepan más de arte y construyan arte. Si de verdad buscamos democratizar el acceso y la producción de cultura, debemos partir desde abajo y desde temprano, de los barrios y desde las escuelas. Si queremos una sociedad equilibrada, igualitaria en el derecho a la expresión artístico-cultural, los recursos frescos se deben inyectar en apoyo a los centros comunitarios, escuelas y liceos, juntas de vecinos y grupos juveniles. Si comenzamos desde la base social y no desde el vértice, más personas podrán ser parte de la construcción de las expresiones espirituales de nuestra sociedad y podremos decir que se está fomentando participativamente el arte y la cultura sin exclusiones.

domingo, 3 de marzo de 2013

La caja de herramientas en una sociedad que ama.



La educación es como una caja de herramientas para que los humanos podamos construir nuestros sueños. Lamentablemente a la gran mayoría de los niños y niñas les entregamos una caja incompleta y en mal estado. Si como sociedad no nos hacemos cargo de ese desequilibrio y no intentamos ser más justos, tendremos una sociedad donde algunos pocos podrán alcanzar a construir sus sueños y eso debería dolerle a todos los que vemos a los demás como hermanos y hermanas. Me digo a mi mismo que hay que seguir trabajando duro no más. Seguir intentando abrir conciencias, dejando que la luz de la razón y la reflexión despeje la ignorancia de las mentes y elimine la oscuridad del individualismo que habita en el espíritu de una gran parte de la humanidad. Tengo esperanza de que algún día podremos poner al ser humano como el centro de la civilización y no los bienes materiales, de esa manera las personas ya no serán consumidores ni trabajadores de otro, sino que serán una familia donde nadie sobra, independiente de sus habilidades y capacidades, pues no todos somos iguales y nunca lo seremos. Es en esta ley de diversidad donde cae el absurdo de que se le exija a todos las mismas habilidades, pues no todos están hechos para hacer riquezas materiales, para grandes cálculos matemáticos o para correr los 100mt planos en 10 segundos. Una sociedad que ama, es una sociedad que no desea más que el bienestar de los demás mediante el bienestar personal útil y colectivo, que se desarrolla y crece gracias a las condiciones de apoyo y solidaridad que nos brinda la comunidad humana que conformamos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los Zombis y Santa Bachelet





En la política no hay muertos, pero sí zombis, que deambulan marcando un paso inestable en búsqueda de una persona que esté “políticamente” viva para alimentarse de ella. Hoy las “vacas sagradas” de la Concertación (mal llamada oposición), le ponen una bombilla a la figura de Michelle Bachelet y desde ahí succionan maná político para mantener palpitando un corazón que por sí sólo ya no da más. Así tenemos a líderes zombis como Escalona diciendo que la Alianza perdió en las municipales recién pasadas por el liderazgo de la fuente de energía Bachelet. Como ex candidato a alcalde humanista por Concepción me tocó ver cómo el candidato de las familias zombis posaba en la propaganda con la presidenciable y hasta reconocía públicamente que si ganaba él, se estaba pavimentando el retorno de la santa a las tierras que le vio nacer. 

En este contexto la Alianza no se atreve a hablar mal de una santa ¿quién lo haría? Además, y perdonen lo poco elegante, pero tenemos un país mamón, cansado de figuras patriarcales duras, que desea acurrucarse en los brazos contenedores de una madre. A la mamá se le perdona todo; que haya privatizado el mar (artículo 81 bis ley de pesca), que haya reaccionado ineficientemente una vez ocurrido el terremoto y tsunami, que le hayan metido el dedo en la boca con el Transantiago, son detalles, nadie quiere morir políticamente hablando mal de una buena madre, carismática y cercana. Quizás ahora mismo esté escribiendo mi propio harakiri político.

¿Por qué me da lo mismo que salga la señora Santa o alguna figura de la derecha del los 80 pasada por cloro?, porque nuestro escenario político es bipolar, primero la ciudadanía votó en contra de Pinochet después de 17 años de dictadura, luego votó en contra de la Concertación luego de 20 años de dictablanda y ahora se vota en contra Piñera pasado casi 3 años de (mal) gobierno. Al final, una importante masa ciudadana entiende a la ConcertAlianza como una masa uniforme de intereses económicos que cambia de cara según el ánimo del pueblo chileno, polis que hoy además se abstiene en un gran porcentaje de participar en las elecciones dejando que el 1/3 más politizado tome las decisiones, pues claro, para qué voy a votar si todo sigue igual independientemente de quién esté al mando del buque. 

Esto es más amplio incluso, algunos "díscolos" de izquierda que intentaron hacer camino por su cuenta con ventilador prendido al irse de su bloque político, volvieron a hacerle cariño a la Concertación y por lo mismo a Bachelet, pues saben que las fichas hay que ponerlas ahí, uno porque sabe que necesita de ellos para ser reelecto como senador y el otro porque cruza los dedos que, si no viene la madre de todos los chilenos, él podría ser el "sobrino buena" onda que podría reemplazarla para las presidenciales. Hoy la política es llegar al poder, los cómo dan lo mismo, la incoherencia es un requisito para trepar y mantenerse.

No sé si Michelle Bachelet tomará el timón del Titanic, pensando además que sus oficiales de mando son zombis que se mantienen vivos a costa de ella, los mismos que alguna vez la dejaron sola cuando su gobierno se puso cuesta arriba, los mismos que durante 20 años le han desarrollado una alergia política a los 2/3 del país, los mismos que han administrado el modelo “guzmaniano” de la sociedad chilena… quizás no sea sólo una santa madre, sino también una mártir.

domingo, 8 de julio de 2012

La lucha política debe ser contra la ignorancia.


Escribo principalmente por necesidad de ordenar mis ideas en el tiempo presente. Muchas veces no son iguales a las del pasado y no es seguro que hoy sean las mismas de mañana.

El hacer política no es fácil, o sea, el estar dentro de una máquina y ser “goma” de alguien o crecer a las sombras de un personaje más popular y poderoso es sencillo, pues sólo necesitas vocación de sumisión y aspiracionismo sin mérito. Pero el -hacer política- requiere entre otras muchas cosas capacidad de construcción y de creación, voluntad, constancia y claridad ideológica. La política existe en diferentes planos a pensar que podría llegar a imaginarse que es una sola, pues todas buscan la conquista del poder (o una forma del mismo) pero difieren en las formas de llegar y el fin mismo de ese poder. Hoy, a inicios del siglo XXI, seguimos siendo colonia de poderosos en Chile, pero poderosos sin naciones ni reinos, sino de imperios financieros sin fronteras, racimos de familias herederas del poder bancario y mercantil que surge sin contraparte a inicios del siglo XIX. Somos colonia y nuestras tierras son sus patios de extracción de recursos para sus industrias, otros países son fuente de esclavos llamados hoy asalariados industriales, que son obreros calificados que muchas veces sólo trabajan por un techo y un plato de comida para su familia. La búsqueda del “desarrollo” es el objetivo de esta élite mundial y su discurso “ético” es la libertad, financiera y de “emprendimiento”, pues si hablamos de libertades morales e intelectuales la represión mediática y política no espera para dejarse caer.

Luego de leer algunos textos y biografía de Fray Camilo Henríquez hoy en la mañana, a los que sumo “El Hombre Mediocre” de José Ingenieros, “La Rebelión de las Masas” de Ortega y Gasset y “El Engranaje” de J.P Sartre, se me incrusta en la mente mediante raíces profundas que, sin una masa amplia de críticos populares, sociales, ciudadanos, como quieran llamarle, es imposible cambiar el rumbo cruel y autodestructivo de nuestra civilización sin derramamiento de sangre entre hermanos. Esto lo digo porque me da vueltas la idea de que la ignorancia y por ende, la falta de apetito libertario del pueblo chileno, no permiten que las grandes revoluciones sociales, necesarias para una vida más justa y equitativa, sean posibles o al menos sustentables en la medida que logremos avanzar. 

La gran masa del pueblo chileno es ignorante sobre la evolución, origen y diseño la estructura del poder de nuestra especie, de los sentidos y visiones que ha marcado la historia de la humanidad, del génesis del presente, son ignorantes de la importancia de su poder como seres libres y autodeterminados, son ignorantes de la fuerza de la unión y han sido castrados del deseo de la construcción colectiva y les han implantado la raíz de la avaricia, del ego y del individualismo. Para ellos y ellas las concepciones de sociedades solidarias, no patriarcales, amables con el medio ambiente y libres de excesos materialistas son sueños sin sentido de revolucionarios dementes y hippies flojos.  A las masas dormidas, los grupos mediocres de “tontos” o “sarracenos” como les llamara a los timoratos de la nación don Fray Camilo Henríquez, se les hace imposible imaginar siquiera una sociedad diferente a la nuestra, no existen las herramientas cognitivas para construir un imaginario colectivo que oriente una nueva humanidad, y tampoco existe en la cultural actual capitalista amplios espacios para el desarrollo de lo distinto, al contrario, nuestra cultura reproduce condiciones mentales en la sociedad para que los mismos habitantes del planeta agredan y destruyan lo que llame a ser diferente. El llamado “sentido común” y la moral de verdades reveladas son máquinas de opresión y represión social efectivas en sociedad ignorantes y conservadoras como la nuestra.

Es por ello que la idea de combatir la ignorancia de las masas es el primer escalón para la re-evolución de la civilización humana, y por ende depende de nuestra inteligencia como personas activas en la política, utilizar la vida misma como ejemplo de que los cambios son posibles, que no causan daño y que se pueden llevar a cabo sin llegar a las muertes que acarrean siempre los cambios sociales profundos. 

Muchos y muchas piensan que la única manera de revolucionar la estructura de la sociedad es mediante el uso de las armas y los levantamientos populares, pero eso es llamar a la muerte de hermanos para la nada misma, pues toda violencia impone a la larga una nueva tiranía hegemónica. Así pasamos de las monarquías  a las repúblicas democráticas que sólo han estado al servicio y beneficio de mercaderes y banqueros globales, pasamos de una forma a otra, cambiamos los nombres pero los fines son similares, el sometimiento y explotación de una gran masa de humanas y humanos para sostener el poder y privilegios de unos pocos. Nada ha cambiado, a pesar que unos pocos esclavos vivimos mejor hoy en día.

Lamentablemente en la mente de muchas y muchos jóvenes “revolucionarios” está la idea absurda de que existe un -dentro- y un -fuera- del sistema socio político capitalista. Le dan a las estructuras formales de poder características de seres contaminados, símbolos de paganismo ante la “pureza” de no estar -dentro- del sistema, así son “mejores” y más válidos los líderes que no participan de las estructuras formales de poder, porque por -fuera- es más válida la lucha. Acá la confusión de conceptos tiene un origen en la necesidad de buscar espacios limpios de movilización ideológica, que mantengan el mayor tiempo posible el discurso purista de las nuevas ideologías (no definidas pero sí percibidas) pero en el fondo no tiene ningún sentido más que el honorífico, no existe un -fuera- si los cambios se hacen mediante la lucha intelectual y social, pues ese es el escenario actual del sistema, la cancha donde se juega le hegemonía es en la mente del ser humano.  Cuando llegue el momento y los poderosos reccionen con violencia, la defensa del pueblo movilizado mediante las armas será justificada, pero está claro que pensar en vencer a los servidores del capitalismo mediante la guerrilla en la actualidad es más utópico que el cambio social mediante la educación, la movilización y la contra-información.

Las estructuras de poder son destruibles desde -fuera- sólo mediante la violencia militar, ahora ¿el fin? instaurar un nuevo orden socio/político que, llámese como se quiera llamar, será un nuevo Estado, por ende habrán grupos reaccionarios, disconformes o no beneficiarios del nuevo orden y se organizarán para destruirlo de vuelta, y así sucesivamente por el fin de los tiempos, la violencia como mecanismo de construcción es infértil si se buscan sociedad armónicas y fraternas. Por ende, cambiar la sociedad desde -fuera- sin violencia es imposible, porque una vez que se comienza a combatir los diferentes brazos de la hegemonía capitalista, se está en relación directa con las estructuras de poder formal que la misma lógica capitalista ha creado.. Estar -dentro- de una Federación de Estudiantes es ser parte de una estructura de poder formal que responde a las lógicas de un “mini Estado”, donde hay una organización con financiamiento, con poder sobre las estructuras de base (por ejemplo la federación manipula y/o dirige las actividades a realizarse dentro de una universidad) y con un fin político. Esta mini réplica de gobierno es evidentemente una manifestación de la cultura hegemónica en otro plano, que por muy -fuera- que se digan estar (por no militar en un partido político formal) están completamente -dentro- de la forma en que procede el poder en nuestra cultura. Son elegidos para dirigir masas, en elecciones que muchas veces no representan ni siquiera a la mitad de los estudiantes ¿tienen validez democrática?

Es por ello que el proceso de formación y educación popular será la herramienta más importante a construir para lograr generar los cambios intelectuales y de conciencia dentro de las mentes humanas, para que estos hermanos estén en una sintonía moral y ética de cómo queremos nuestra civilización. 

No cabe duda alguna que la educación es una herramienta ideológica, y si la educación por parte del Estado se orienta a la reproducción de mentes clones con un formato útil para el sistema actual, es importante una lucha contra hegemónica de educación e información social que sea capaz de contrarrestar esta arremetida cognitiva que insufla de vacío antivalóricos a las mentes populares. 

Es por eso que se hace necesario reconstruir un leguaje re-evolucionario que sea atractivo para el objetivo educativo formador social, pues muchos caen en un discurso lleno de ira que por muy objetivo y justo que sea causa efectos contrarios a la necesidad de despertar conciencias afines a la idea de los cambios profundos. Mediante golpes se aprende pero no se quiere y la sustentabilidad de la nueva civilización dependerá del nivel de compromiso y empoderamiento que tengan las nuevas generaciones con valores y principios que sean contrarios al capitalismo a su forma de ordenar el tejido humano, que no es más que una máquina productiva donde todas y todos somos piezas desechables de una industria de poder y privilegios que unos pocos gozan.

domingo, 10 de junio de 2012

Sobre el homenaje a Pinochet y la tolerancia.



El video sobre la obra de Pinochet con entrada a $4000 está hoy como tema central en materia de DDHH en nuestro país. La justicia rechazó un recurso para prohibir su realización y el gobierno lo permitió bajo el argumento de que el derecho a manifestarse y reunirse es un derecho para todas y todos, siendo este último punto es donde se genera un debate interesante y el mismo tiempo intenso. ¿Los derechos son para todos o son para algunos?
La tolerancia puede ser usada como escudo para la indiferencia y la cobardía, por lo mismo muchos laicistas hablamos de la “tolerancia activa” como un actitud tolerante e intolerante dependiendo de la situación. No toleramos la acción humana que atenta contra los derechos fundamentales tomando una actitud activa de oposición frente a esos hechos. Ahora bien, ¿Un acto conmemorativo de un genocida es en sí mismo una violación a los DDHH?

No tengo duda que todo lo que rodea a la dictadura está sustentado en una ideología, en creencias y principios que justifican los crímenes humanos como actos válidos para mantener un “mundo correcto”. Frente a eso, no hay espacio para dudas que debemos enfrentarnos ideológicamente a ellos, confrontar con valores e ideas estas propuestas criminales de construcción de sociedad, pero ¿tenemos el derecho a prohibirles pensar públicamente de esa manera? Yo creo que no, pues una cosa es pensar de manera diferente y opuesta y otra es evitar que la gente piense de manera diferente, por muy dañina que ésta forma de pensar sea.

No hay duda que este homenaje a Pinochet es sal y limón en heridas que aún no sanan, la impunidad es la norma frente a las violaciones a los DDHH durante la dictadura, pero ello no debe ser excusa para actuar de la misma manera que ellos hubiesen actuado con nosotros por pensar de manera diferente. El derecho a pensar libremente y de reunirse para muchos es fundamental para construir un mundo de valores que acepte que la realidad de diversidades de pensamientos pueda existir, a pesar que muchos de ellos apunten a destruir esta capacidad de coexistencia diversa.

En el escenario de lo terrenal, de la práctica de los valores en la acción misma dentro de la sociedad es intolerable cualquier antivalor en uso, no se debe tolerar la discriminación, la violencia como método de sometimiento y el abuso/uso de seres humanos, pero en el plano de las ideas, ceremonias o reuniones el combate frente a ellos no debe ser la prohibición mediante la ley, pues podemos pasar una línea muy delgada de uso del aparato del Estado para atentar contra derechos fundamentales tal como es la libertad de expresión, de pensamiento y de reunión.

La realidad se interpreta, y esas interpretaciones son verdades, tantas verdades como observadores. Muchas y muchos entenderán este acto pro-Pinochet como un atentado en sí mismo a los DDHH, que hacer memoria del dictador por adherentes de su ideología es promover los crímenes cometidos y hasta justificarlos. Las interpretaciones serán infinitas y este es un debate extenso sin lugar a dudas, pero pienso que este homenaje a Pinochet no es en sí mismo un acto que atente contra los derechos fundamentales, es una actividad de personas que creen y piensan diferente, incorrecta de seguro, pero no considero que el prohibirles juntarse sea una manera laicista de combatir esas ideas y crímenes que cometieron.

Esto no quiere decir que no deba existir el derecho a contramanifestarse, que no exista una funa o un rechazo social al acto mismo, al contrario, considero que la mejor manera de combatir estas ideas a favor de crímenes es mediante el control popular, el rechazo activo de las personas a lo que significa este evento, combatir los antivalores con valores, la intolerancia ideológica con tolerancia ideológica. Es más, personalmente rechazo lo que significa este acto y sus antivalores manifiestos, pero no me considero alguien para prohibirles pensar de esa manera.

domingo, 29 de abril de 2012

"EL SISTEMA"




El sistema no es más que acciones humanas individuales armonizadas colectivamente dentro de un patrón de conductas preestablecidas culturalmente. Quien defina los patrones culturales define la conducta de la masa social y por ende impone la hegemonía, el control.

El sistema es cada uno de nosotros.

Red contra la Violencia doméstica y Sexual

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