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domingo, 25 de noviembre de 2012

Izquierda, sí, pero no la misma izquierda.




La ignorancia de la sociedad es fundamental para controlar la voluntad de la misma. Así como se engaña fácilmente a un niño, se puede engañara a un adulto si lo mantenemos sometido al pensamiento superficial. Es por ello que hoy, frente a tanta ambigüedad, se hace necesario detenerse a reflexionar sobre qué valores vamos a construir la nueva comunidad humana.

Comenzaré este reflexión asumiendo que los humanos vivimos en comunidades humanas. Para poder vivir en comunidad con otros, tendremos un conflicto de intereses personales frente a los intereses de los demás. Este choque de voluntades ha sido tema de análisis y discusión por siglos para los pensadores. Aristóteles hace unos 2400 años atrás, definió al humano como un “animal político” que sólo se puede realizar en sociedad y que posee la necesidad de vivir con otras personas. Hobbes en su libro Leviatán, asume que el ser humano es el “lobo del propio hombre” y que vive en comunidad para evitar devorarse entre pares. Por otra parte tenemos a Rousseau que expone en su libro El Contrato Social, que “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”, además desarrolla la tesis que el hombre no es sociable por naturaleza y que sus necesidades lo llevan a unirse con otros, donde el desarrollo de la moralidad y la ética mediante la razón y la voluntad general son fundamentales para construir las reglas de conductas que permitan esta convivencia. En lo contemporáneo es fundamental referirse a Norberto Bobbio y sus análisis de la libertad, que caracteriza en tres tipos, la Libertad Liberal, Autonomía y Libertad Positiva. La Libertad Liberal consiste en “la facultad de realizar o no ciertas acciones sin ser impedido por los demás, por la sociedad como un todo orgánico o, más sencillamente, por el poder estatal”, la Autonomía sería no tener leyes, sino darse leyes a sí mismo, es el “poder de no obedecer otras normas que las que me he impuesto a mí mismo”, esto eso sí, no impide que el ser humano participe de la construcción de las normas que regularán la sociedad (lo que es algo contradictorio), y la Libertad Positiva que comprende la “capacidad jurídica y material de concretar las posibilidades abstractas garantizadas por las constituciones liberales” aquí la libertad impone que todo ser humano debe “poseer en propiedad o como parte de una propiedad colectiva los bienes suficientes para gozar de una vida digna”.

Como podemos ver, la construcción de una sociedad, sus reglas y normas, está relacionada con la voluntad y la razón de las personas que conforman esa comunidad. Saltándonos las tiranías (hoy llamadas dictaduras) y las monarquías, la construcción de una república democrática se basaría en la capacidad de sus miembros de decidir, participativamente, sobre cómo queremos que sean el ordenamiento y reglas que tendremos como sociedad para coexistir. Para ello se hace fundamental decidir un ordenamiento valórico sobre el cual construiremos las normas. Las revoluciones de emancipación de las colonias de los imperios del siglo XVIII y XIX tienen justamente que ver con ello, principios como la libertad, la igualdad y la fraternidad fueron los pilares éticos que contrastaron con los principios de las tiranías monárquicas. Es importante mencionar, que es en este proceso histórico donde nacen los conceptos de “izquierda” y de “derecha”, puesto que en el proceso de la Asamblea Constituyente en Francia de 1792, los conservadores a favor de un gobierno ligado a la monarquía (Girondinos) se sentaron a la derecha del rey Luis XVI y los que se sentaron a la izquierda del rey estaban a favor de una república gobernada por la voluntad del pueblo (Jacobinos). Al centro del rey se sentaron los “del llano” que eran imparciales y son lo que hoy se denomina el “centro”.

En resumen, son los principios y valores, sus definiciones y alcances, los que determinan en definitiva la voluntad humana de construir o destruir un tipo de ordenamiento social. A este conjunto de valores, principios y definiciones podremos llamarles Ideología. Estas ideologías fueron tomando diferentes formas a medida que las personas fueran construyendo en conjunto proyectos para la construcción social de acuerdo a los contextos y la época, pues el concepto de liberal en lo moral no es lo mismo que ser liberal en lo económico, es más, por lo general un liberal en lo económico es un conservador en lo moral. En nuestro país durante el siglo XIX se formaron bloques políticos en base a sus diferencias sobre la construcción del Estado, “pipiolos” se le llamó a los no conservadores y “pelucones” a los defensores del orden imperante.

La revolución industrial y las nuevas tecnologías de comunicación y transporte, provocaron cambios profundos en la forma de vida del ser humano, y también generaron tensiones en las relaciones de los individuos, lo que desencadenó modificaciones valóricas, éticas y por ende políticas entorno a la producción,  economía y el mercado. Estas nuevas relaciones son de clases sociales. Marx, filósofo alemán, junto a Hegel, desarrollan el manifiesto comunista y presentan una línea política en donde desarrollan la tesis que la historia se mueve por una constante lucha de clases entre explotados y explotadores, o entre los dueños del capital y la clase trabajadora.

Acá nuevamente vivimos un proceso de antagonismo ideológico, que vuelve a utilizar los conceptos de derecha e izquierda, pero ya no en base a si gobierna el pueblo o el rey, sino en base a quién es el dueño de los medios de producción y quién controla el mercado. Las revoluciones sociales comunistas  durante el siglo XX marcaron una polarización mundial sobre este fenómeno del aumento de la riqueza y del poder (de control) que ésta genera en el globo. Luego de la segunda guerra mundial, los imperios ideológicos del Capitalismo  y el Comunismo se vieron envueltos en una serie tensiones y conflictos que se resumieron en dictaduras de ambos bandos, que poco tuvieron que ver con la dignidad humana, sino más bien sobre quién controlaba el mundo y los privilegios del desarrollo del mundo moderno.

Los proyectos socialistas fracasaron, más por forma que por fondo, puesto que las injusticias sociales de obreros y campesinos fueron una realidad innegable y brutal. A pesar de que la “izquierda” no logra dominar el modelo socio-económico, si logra colocar en la construcción de las nuevas constituciones de los Estados, principios y valores que antes no estaban incluidos en las reglas de la sociedad. Nacen los derechos sociales, como son el derecho a la salud y a la educación, al trabajo, a la vivienda, etc. La sociedad asume que debe entregar condiciones mínimas a los que pertenecer a ella, pero al mismo tiempo, se le exige al “ciudadano” que debe someterse a las reglas de la comunidad y que además debe aportar con su trabajo e impuestos para sostener el bien común.
Todas estas ideologías se distribuyen en los denominados partidos políticos, que se forman por individuos que comparten un proyecto de construcción social, los cuales son los que tienen el reconocimiento constitucional de ser los organismos que representan los intereses de los diferentes sectores de la sociedad. Cada partido tiene sus bases ideológicas particulares, pero por lo general encuentran puntos en común que les permite trabajar en conjunto, o en bloques que, según contexto y la perspectiva, podrían definirse como bloques de izquierda o bloques de derecha, pero esto no significa rigidez valórica o absoluta incompatibilidad. Más bien es una definición que propende a hacer generalizaciones y que se presta para confusiones en las personas que poco informadas. Algo similar expone Norberto Bobbio (“Derecha e Izquierda, Razones y significados de una distinción política”. 1995)

“Los dos conceptos «derecha» e «izquierda» no son conceptos absolutos. Son conceptos relativos. No son conceptos substantivos y ontológicos. No son calidades intrínsecas del universo político.
Son lugares del «espacio político». Representan una determinada topología política, que no tiene nada que ver con la ontología política: «No se es de derecha o de izquierda, en el mismo sentido en que se dice que se es –comunista", o "liberal" o "católico». En otros términos, derecha e izquierda no son palabras que designen contenidos fijados de una vez para siempre. Pueden designar diferentes contenidos según los tiempos y las situaciones. Revelli pone el ejemplo del trasvase de la izquierda del siglo XIX desde el movimiento liberal al democrático y al socialista. Lo que es de izquierda lo es con respecto a lo que es de derecha. El hecho de que derecha e izquierda representen una oposición quiere decir simplemente que no se puede ser al mismo tiempo de derecha y de izquierda. Pero no quiere decir nada sobre el contenido de las dos partes contrapuestas. La oposición permanece, aunque los contenidos de los dos opuestos puedan cambiar. “

Hoy en día, las ideologías se encuentran en entredicho, incluso se llega a afirmar que han muerto y estamos en una época donde lo técnico supera lo ideológico. Esto es una gran mentira que tiene un trasfondo estratégico, que busca la pérdida de la capacidad de la persona humana de comprender y por ende de cuestionar el actual ordenamiento de la comunidad. La confusión entre lo que es ser de derecha o ser de izquierda, se produce porque hoy, partidos que eran de “izquierda” tienen discursos y conductas que eran propios de los partidos de “derecha”, y estos últimos, también han sufrido mutaciones en sus actos o discursos hacia la tendencia contraria. Hoy gente con valores de izquierda (según lo que opinan y hacen) se dicen ser de derecha y gente que tiene conductas propias de un conservador se dice ser de izquierda ¿Quién gana con esta confusión? Los dueños del capital, los “plutócratas”.

No cabe duda que ser de izquierda y ser de derecha hoy no dice mucho de alguien, y se hace necesario explicar qué es para uno ser de derecha o ser de izquierda. Proceso fatigoso y hasta inútil muchas veces, pues al final son conceptos que requieren una contextualización histórica, una explicación ideológica y hasta muchas veces el manejo de una teoría económica. Al final, esta bipolaridad política es un ente que conlleva una gran carga “creencias” livianas que mantiene la discusión política en concepciones anacrónicas, inútiles y que no permiten visualizar los problemas reales que hoy afectan a la comunidad humana.

El neoliberalismo es una cultura capitalista que se centra en la confusión de conceptos y en la distracción materialista de la población para mantener un sistema que garantiza privilegios y el control global en un grupo muy reducido de personas.

Para contrarrestar esta estrategia de confusión y de superficialidad cognitiva (del uso de la razón) es necesario convocar a las personas a que expongan primero sus ideales, sus valores y sus principios a flote, luego debemos preguntarles qué tipo de sociedad les gustaría que existiera y por último pedirles que hagan una comparación entres su sociedad ideal y valores y lo que hoy tenemos. No será muy difícil que la gran mayoría sienta que algo no anda bien.

Es por esto que se hace necesario replantearnos ¿Qué es ser de derecha hoy y qué es ser de izquierda hoy? Desde mi punto de vista, los que estamos en contra de los principios que sustentan hoy el neoliberalismo conformamos la izquierda del siglo XXI, es decir, los que buscamos la solidaridad por sobre la avaricia (acumulación excesiva del capital), la cooperación por sobre la competencia, la igualdad de derechos frente a los privilegios, a la diversidad por sobre la uniformidad, a la libertad de culto y de pensamiento por sobre la imposición moral e ideológica, a los que buscamos un desarrollo más sustentable y menos depredador (aunque demore los avances), a los que buscamos colocar la dignidad humana al centro del desarrollo y no el poder material, etc.

Es hora de definiciones.

martes, 31 de julio de 2012

Irreal




Y acaso no somos obreros de un espectáculo, constructores de nuestros deseos que son siempre inventos de nuestras mentes. Emana la realidad de nuestro prisma privado.
Y acaso no es todo lo nuestro una farsa interminable, una estructura de deseos hecha palabras que buscan engañar la realidad para hacerla propia. Llevar a los demás a nuestro mundo cómodo.
La realidad existe pero no es real para nosotros, no existe lo naturalmente espontáneo en lo que el humano tenga que ver. Hechos, sí, son reales, pero no vienen del orden propio de las cosas si existe un roce con la voluntad nuestra. Sólo donde no hay humanos y humanas hay realidad, donde hay un humano hay humanidad, el vicio de interpretar las cosas. Lo que nuestros ojos ven son interpretaciones, la realidad de lo real pasa por nuestra máquina gris mediante los sentidos y en el trayecto se mezclan las señales con nuestros deseos, con nuestras visiones de lo que debería venir, se contaminan con nuestros prejuicios y ahí, luego de todo ese barro de individualismo, lo “vemos”, lo “oímos”, lo “probamos, lo “olemos”, lo “tocamos”. Nada es real si el humano está de por medio.
Todo es una farsa, desde que se habló de un “debe ser”, desde que alguien tuvo la idea que existe la forma de proceder, desde que nos adiestraron y nos dijeron los cómo, los cuándo, los quiénes. El triste espectáculo de la civilización humana, patéticos animales que buscan un sentido a su existencia, como si la existencia tuviese algo más que el existir mismo. Débiles como somos, nos llenamos de prótesis, extensiones de la mente, cambiamos todo, obligamos a la realidad a no serla, todo lo humano es falso.
Y acá estamos en esta obra, actuando, llevando máscaras, conteniendo deseos; no debes matar, no debes odiar, no debes desear los deseos, no no no no… la humanidad es un no constante, una interpretación colectiva del “debe ser”, simios reprimidos, temerosos de lo que podemos hacer si hacemos lo que queremos, la civilización, sus organigramas, sus leyes, sus normas… todo es una farsa.

sábado, 23 de junio de 2012

Si un creyente trata de razonar su fe, que no se moleste cuando la razón le golpee.



Todas las personas humanas tienen el derecho a la libertad de experimentar su espiritualidad como más le acomode y le haga sentido, siempre y cuando esta forma no atente contra la vida, dignidad y derechos fundamentales del resto de la sociedad. Los laicistas defenderemos siempre el libre pensar y el libre creer en la civilización humana. Por lo mismo, ante las múltiples diversidades de formas de desarrollar el espíritu, es que debe existir una garantía neutra en lo referente a lo público para que este espacio de todas y todos no sea intervenido por favoritismos confesionales. 

Ahora bien, los encuentros entre ateos y creyentes son inevitables, el espacio es común y la dialéctica surgirá en el mismo instante en que lo humano se torne tema de conversación y debate. Para un ateo es posible vivir sin dios o dioses, nos rige la razón y la ciencia, la evidencia y la lógica. Asumimos, sin angustia, que existen fenómenos que son inexplicables hoy en día, pero ello se deriva de nuestros propios límites intelectuales, científicos y/o tecnológicos. Hace 2000 años los eclipses eran producto de la magia y de los dioses, la menstruación era un la marca de impureza de la mujer y en plena edad media los esquizofrénicos era almas poseídas por el demonio, ejemplos como estos son interminables. La dicotomía entre la razón y la fe es profunda, la primera se basa en afirmaciones que se sustentan en la evidencia y en el pensamiento crítico, en la duda y la confirmación científica, por su parte, la fe es asumir realidades sin evidencia, con irracionalidad, es creer que las cosas son de cierta manera porque simplemente están fuera del plano de lo humano, sino en el plano de lo divino, de lo mágico y por se asumen con resignación y sin cuestionar. 

En nombre de la ciencia no ha habido guerras ni matanzas, no hay odios entre pueblos ni genocidios, en cambio en nombre del “dios verdadero” civilizaciones enteras han dispuesto de su gente para derramar sangre en contra de los infieles. Esta evidencia es fuerte, pero los actuales creyentes lo toman como “hechos del pasado” o “de otras religiones” como los musulmanes fundamentalistas que hoy en día son los que -la llevan- en esta guerra contra los enemigos del “señor”. Ahora bien, si hay alguna iglesia que ha matado y torturado gente en la historia de la humanidad es la cristiana y puede ser otra vez una realidad si el fanatismo toma el control de las mentes débiles como lo ha hecho durante la evolución de nuestra civilización.

Una de las cosas que le cuesta entender a un creyente es que el ateo no debe demostrar que dios no existe para poder ser ateo, esto es tan estúpido como tener que demostrar que las hadas madrinas no existen para afirmar que no existen, pues lo -demostrable- es lo que deja evidencias comprobables y repetibles, bajo un método y lógica racional, lo que no existe no deja evidencias y por ende es incomprobable. Quien afirma la existencia de algo es quien debe demostrarlo, es por eso que las religiones han recurrido a todo lo inimaginable para justificar la existencia de su dios y sus reglas, y toneladas de esa mitología con el paso de los siglos se han derrumbado gracias a los avances de la ciencia y del pensamiento humano. Hoy en día la religión se sostiene “argumentos” como los milagros y los espacios que deja la ciencia en sus limitaciones para dar respuesta a ciertos fenómenos. 

Un creyente no permite que la casualidad y la espontaneidad sean parte de los procesos de la naturaleza y del universo, “todo tiene una causa y un origen” dicen, pero ¿cuál es el origen y la causa de dios? ¿Dios mismo? Esta contra argumentación deja al creyente en la misma encrucijada de su argumentación, entonces, frente a la incapacidad de responderse a sí mismo acude a la mejor herramienta con la que cuentan los creyentes que se resume en frases como: “dios sabe porqué pasan las cosas” junto con esta “los misterios de dios están fuera del alcance del hombre” y por último mi favorita “los que no creen en dios, jamás podrán entenderlo”.
¿Acaso ser creyente da poderes especiales? Acá entramos en los encierros seudológicos y a los laberintos sin salida de los postulados de los creyentes. Juegan hábilmente con lo desconocido y lo transforman en argumentaciones que pareciesen sustentarse en el objetivismo. Si yo no creo en dios, entonces no lo puedo entender, pero si le pido a un creyente que me explique los misterios de dios y de su creación (él cree y por ende puede entender) me dice, “no saco nada con decirte algo, porque no entenderás ante la ausencia de fe”, y te deja donde mismo, en un plano de debate donde no puedes competir, pues la razón no es capaz de comprender lo religioso ante la ausencia de “la fe”, como si “la fe” fuese un -poder divino- de asumir como ciertas (verdades), cosas sin razonamiento, es un bypass de verdad revelada a la mente sin digestión, es decir, es una orden de a ciegas y sin cuestionamientos. 

Por ejemplo, ante mi interrogante en Facebook a unas creyentes sobre el por qué dios permitía que miles de niños en África mueran de hambre todos los años, una de ellas me responde lo siguiente:

“ Creyente: Dios sabe el por qué de las cosas, él que cree en él entiende y el que no jamás lo entenderá! ...
Yo: Toda la razón, un ateo nunca entenderá por qué los creyentes creen y "entienden" que la muerte de más de 5 millones de niños al año por hambre tenga un sentido.
Creyente: Nadie ha dicho que tenga un sentido la muerte de una persona, a nadie le gustaría pasar por eso, no es de ser fría ni nada por el estilo, quizás ellos no tendrán la culpa de estar en esos lugares y en esas condiciones, pero sus creencias son otras, su adoraciones son para otros, y Dios en uno de sus mandamientos dijo " No tendrás dioses ajenos delante de mí", obviamente como dije quien no cree no entenderá jamás ...” 

Este es un cruel ejemplo de lo que exponía, es más, la joven expone que los niños africanos al no ser cristianos (infieles) están expuestos o merecen pasar por tales sufrimientos pues no cuentan con la “gracia de dios” al no creer y adorarlo a él. Esta misma lógica ha permitido asesinatos a pueblos enteros durante miles de años. Es más, dentro de nuestra historia moderna, durante la dictadura militar, muchos “creyentes” justificaban los asesinatos a comunistas pues como eran ateos eran “humanoides” sin alma y por ende no era pecado acabar con sus vidas.

Una alumna después de una clase donde expuse que “si todo es obra de dios, los homosexuales son obra de dios y como dios es perfecto no se equivoca, y al no equivocarse los homosexuales no son un error, son hijos e hijas de la misma naturaleza divida y perfecta de donde todo se origina”, y me dice; -los homosexuales no son obra de dios, son obra del pecado. El mal al igual que el bien origina cosas, y los homosexuales son hijos e hijas del pecado, no son obra del señor, por ende no son naturales y deben prohibirse- No le quise responder nada, pues tenía una lógica mitológica muy bien maquinada, y sería imposible razonar con ella, pero es importantísimo reflexionar sobre lo  que me dijo, ella presenta lo que justifica a muchos cristianos para agredir verbal, legal y físicamente a los homosexuales y transexuales. Dentro de la mitología cristiana, el mal se origina de un ángel caído, del demonio, de Satanás, de Belcebú, etc. Y por ende él es capaz de hacer torcer lo bueno que ha hecho dios para hacer que los pecados cobren formas humanas y no sean sólo hechos malignos. ¿Qué le podemos decir a un evangélico convencido que el demonio es el origen de todo mal? ¿De qué sirven los cerros de artículos científicos que demuestran que la homosexualidad no es una enfermedad sino una condición natural de lo humano? “Ante la estupidez humana ni los dioses pueden” decía Isaac Asimov, escritor ateo de ciencia ficción en uno de sus libros (Los otros dioses) y yo estoy de acuerdo con él, hay cosas que son inviolables, como la fe ciega y la necesidad de algunas personas de aferrarse a una verdad ante su incapacidad o flojera intelectual de encontrar la propia.
A veces me pongo a pensar si es posible una sociedad humana sin dioses, magia y mitología, sin odios y sin dogmas absolutistas y aún no tengo respuesta, pero Einstein ya lo planteó “sólo la estupidez humana y el universo no tienen límites, aunque del universo no estoy muy seguro”.

Los ateos seguiremos siendo bichos raros en una sociedad sustentada en una cultura mitológica de verdades aceptadas sin razonamientos, una civilización construida en sangre y fuego para imponer un dios y su verdad por sobre otros. Deberemos seguir luchando por la búsqueda de la verdad mediante la ciencia y la reflexión racional sin miedos, pues es un deber ético de todo librepensador humanista, buscar la felicidad y la sustentabilidad de la especie aunque esto moleste a los creyentes, porque el ateísmo es un piedra en el zapato de su fe, porque somos ejemplos andantes de que sin dios ni dioses se puede vivir con rectitud, con amor y sin miedos al sufrimiento eterno.

Tendremos que seguir soportando a las y los ofendidos con nuestra forma de vivir, porque existe en el creyente la convicción absurda de que la argumentación racional es en sí una agresión a la fe, es un sin respeto al culto de lo mágico, es una ofensa a sus visiones confesionales. Este daño ficticio es un mecanismo de defensa propio de toda religión que se cae a pedazos ante lo insustentable de sus cimientos. El creyente que duda siempre se sentirá agredido frente a alguien que dice no creer en un dios, porque lo obligas a tener que pensar de por qué él cree, pues como uno no tiene que explicar su ateísmo el sí se ve forzado a tener que sustentar su fe, y como ya lo expuse, mediante la razón es imposible hacerlo, porque es incompatible pensar con lógica racional y creer en dios al mismo tiempo.

jueves, 24 de mayo de 2012

El acto de no hacer.



Una vez que uno alcanza cierto nivel de conciencia sobre la realidad, sus causas y efectos, se ve enfrentado a tomar decisiones que siempre repercuten en el colectivo social. Muchas y muchos creen que las vidas son independientes entre sí, que lo que uno haga o no haga tiene más que ver con la realidad personal que con los desconocidos que nos rodean en el diario vivir, mas eso es un error. Todos estamos conectados por un cadena invisible, nuestro planeta es finito, y como toda energía se transforma, nuestras decisiones, movimientos y palabras repercuten como ondas en este espacio común que compartimos como especie, más aún hoy en que las redes virtuales han destruido barreras físicas como la distancia y el tiempo, estamos a un paso de lo instantáneo.
No es extraño toparse con personas que asumen la pasividad y su indiferencia adjunta como un “no hacer”, como si la ausencia de voz y movimiento no delatasen una conducta, inmóvil, pero conducta al fin y al cabo, así que, esa neutralidad fingida de no entrometerse es en sí misma un acto que favorece a la conservación de la realidad y no al cambio de la misma. En otras palabras, el hacer o no hacer, siempre es un hacer, por más que uno desee considerarse como un mero observador independiente que no influyente de la realidad.

Red contra la Violencia doméstica y Sexual

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