El
video sobre la obra de Pinochet con entrada a $4000 está hoy como tema
central en materia de DDHH en nuestro país. La justicia rechazó un
recurso para prohibir su realización y el gobierno lo permitió bajo el
argumento de que el derecho a manifestarse y reunirse es un derecho para
todas y todos, siendo este último punto es donde se genera un debate
interesante y el mismo tiempo intenso. ¿Los derechos son para todos o
son para algunos?
La tolerancia puede ser usada como escudo para
la indiferencia y la cobardía, por lo mismo muchos laicistas hablamos de
la “tolerancia activa” como un actitud tolerante e intolerante
dependiendo de la situación. No toleramos la acción humana que atenta
contra los derechos fundamentales tomando una actitud activa de
oposición frente a esos hechos. Ahora bien, ¿Un acto conmemorativo de un
genocida es en sí mismo una violación a los DDHH?
No
tengo duda que todo lo que rodea a la dictadura está sustentado en una
ideología, en creencias y principios que justifican los crímenes humanos
como actos válidos para mantener un “mundo correcto”. Frente a eso, no
hay espacio para dudas que debemos enfrentarnos ideológicamente a ellos,
confrontar con valores e ideas estas propuestas criminales de
construcción de sociedad, pero ¿tenemos el derecho a prohibirles pensar
públicamente de esa manera? Yo creo que no, pues una cosa es pensar de
manera diferente y opuesta y otra es evitar que la gente piense de
manera diferente, por muy dañina que ésta forma de pensar sea.
No
hay duda que este homenaje a Pinochet es sal y limón en heridas que aún
no sanan, la impunidad es la norma frente a las violaciones a los DDHH
durante la dictadura, pero ello no debe ser excusa para actuar de la
misma manera que ellos hubiesen actuado con nosotros por pensar de
manera diferente. El derecho a pensar libremente y de reunirse para
muchos es fundamental para construir un mundo de valores que acepte que
la realidad de diversidades de pensamientos pueda existir, a pesar que
muchos de ellos apunten a destruir esta capacidad de coexistencia
diversa.
En el escenario de lo terrenal, de la práctica de
los valores en la acción misma dentro de la sociedad es intolerable
cualquier antivalor en uso, no se debe tolerar la discriminación, la
violencia como método de sometimiento y el abuso/uso de seres humanos,
pero en el plano de las ideas, ceremonias o reuniones el combate frente a
ellos no debe ser la prohibición mediante la ley, pues podemos pasar
una línea muy delgada de uso del aparato del Estado para atentar contra
derechos fundamentales tal como es la libertad de expresión, de
pensamiento y de reunión.
La realidad se interpreta, y
esas interpretaciones son verdades, tantas verdades como observadores.
Muchas y muchos entenderán este acto pro-Pinochet como un atentado en sí
mismo a los DDHH, que hacer memoria del dictador por adherentes de su
ideología es promover los crímenes cometidos y hasta justificarlos. Las
interpretaciones serán infinitas y este es un debate extenso sin lugar a
dudas, pero pienso que este homenaje a Pinochet no es en sí mismo un
acto que atente contra los derechos fundamentales, es una actividad de
personas que creen y piensan diferente, incorrecta de seguro, pero no
considero que el prohibirles juntarse sea una manera laicista de
combatir esas ideas y crímenes que cometieron.
Esto no
quiere decir que no deba existir el derecho a contramanifestarse, que no
exista una funa o un rechazo social al acto mismo, al contrario,
considero que la mejor manera de combatir estas ideas a favor de
crímenes es mediante el control popular, el rechazo activo de las
personas a lo que significa este evento, combatir los antivalores con
valores, la intolerancia ideológica con tolerancia ideológica. Es más,
personalmente rechazo lo que significa este acto y sus antivalores
manifiestos, pero no me considero alguien para prohibirles pensar de esa
manera.