martes, 21 de abril de 2015

Los indignos o los indignados ¿Quién sigue ahora?



Galeano en una de sus tantas frases y reflexiones expuso que existían dos tipos de personas, los indignados y los indignos, y que cada uno sabe a cuál grupo desea pertenecer. Hoy en Chile tenemos una lista más que larga de gente indigna, un grupo minoritario de políticos, operadores intermediarios y empresarios que le roban la dignidad y con ello legitimidad a toda práctica política institucional. Gracias a un accidente en una investigación tributaria (que le costó el puesto a la funcionaria que destapó la olla) por un fraude al FUT, es que hoy tenemos pruebas de que la democracia ofrecida por la Concertación (hoy Nueva Mayoría) y la Alianza por Chile, era un producto en transacción mediante la oferta de financiamiento de campañas (y de seguro para el bolsillo personal también ante la vida opulenta de algunos políticos y operadores) con boletas falsas que estafan al fisco, o sea, a cada uno de las y los chilenos. En resumen queridos compatriotas, llevamos desde el "retorno de la democracia" financiando nosotros, mediante nuestros impuestos, pomposas campañas electorales. Nos vieron la cara y aún están como si nada.

Lo peor de todo, no es que nos tienen el dedo en la boca puesto de hace unos 25 años, sino que además lo mueven, sabe a mierda y no lo quieren sacar. Prácticamente todo quedará en nada, así como van las cosas según se puede observar la conducta del gobierno de Michel Bachelet. Los indignos ya se están organizando, mientras que los indignados aún somos pocos y sin capacidad de otorgar una salida clara las mayorías que aún no dimensionan lo que está pasando. Quizás usted no lo sabe, pero está en manos del Servicio de Impuestos Internos el que exista una querella contra los políticos que estafaron al país y a sus electores, robándole el dinero al fisco para pagar sus campañas y vidas de lujo, el problema que el Director del organismo, el señor Jorratt, también es un "boletero", pero no es un tonto, y claro está, no se va a investigar a él mismo. No señor. Y como se hizo el leso muy bien, la presidente le pegó una palmada en la espalda y lo ratificó en el cargo. Bastará un dedo de frente para entender que el actual gobierno tomará la actitud que tuvo la UDI cuando esto empezó, dejar que el tiempo dilate todo apostando a que se llegue a un final ficticio de esta crisis ética.

Quizás haya por ahí algún fiscal con ganas de ganarse al amor del pueblo y el odio de los poderosos, quizás no, pero sin masas indignadas en las calles, ni un súper fiscal podrá resistir tanta presión. No es que quiera ver sangre por las calles de las ciudades, pero no deja de sorprender que al chileno promedio le cuesta salir de la queja virtual y pasar a una queja más activa, callejera, organizada. Así que no veo mucha esperanza de salida por una revuelta de conciencia y dignidad popular. No. Aún está la gente muy adormecida o muy temerosa, no lo sé y será materia para que un sociólogo se entretenga. Entonces ¿Qué nos queda? Los partidos políticos externos al Binominal (siendo uno el PH al cual pertenezco), no tienen aún la capacidad de producir/conducir una fuerza que le haga el peso a la plutocracia (el gobierno de los que pagan la política) que nos domina y que de pasadita también domina a las FFAA. Quizás en la unidad de todas las fuerzas autónomas al capital esté la salida, pero tampoco será una cosa fácil. Las desconfianzas mutuas e historiales de contradicciones que existen complican la unidad de fuerzas alternativas y es tarea urgente superar aquello, antes que nos pasen la máquina una vez más.

Así pues, estando yo en la cosa política y en acciones constantes de contra hegemonía, no tengo una mirada optimista para el presente inmediato, pues los síntomas de indignación nacional aún son débiles frente al poder de resistencia a la caída que tienen los estafadores e indignos. Pero si me hacen soñar un poquito, si visualizamos un objetivo mayor que los intereses particulares y somos capaces de dejar de lado las diferencias del pasado, quizás para las próximas elecciones haya una salida, una tercera fuerza diferente de organizaciones y partidos que parten de la base de convocar y trabajar por una Asamblea Constituyente que redistribuya las lógicas de poder en nuestro país.

jueves, 12 de marzo de 2015

Bachelet, no queremos sus "expertos", queremos una #AsambleaConstituyente


Hoy estamos en la peor crisis política que hemos vivido en este período post dictadura, una crisis que salpica de moros a cristianos en el espectro político y que se genera por los mismos motivos que caen todos quienes abusan de lo público para beneficio privado: delitos económicos y nepotismo. En el análisis de esta crisis sería irresponsable obviar el origen del problema de fondo, la colonización del aparato público por parte del empresariado, fenómeno que se inicia con los “Chicago Boys” en la dictadura cívico/militar de Pinochet que, entre muchas otras cosas, vendió las empresas públicas a bajo precio a oportunistas que, arrimados bajo la sombra de Jaime Guzmán, Freedman y Pinochet, se hicieron millonarios y poderosos en desmedro de toda la sociedad.
Hoy nadie duda de que el mundo del gran capital y el mundo político tradicional son parte de una misma esfera de poder. Dos caras de una misma moneda donde, tanto la Nueva Mayoría como la Alianza, han sabido jugar el papel del borde que une ambas caras. A esto si le sumamos la baja participación ciudadana en los procesos electorales, la pésima confianza que tiene la población hacia toda institución o autoridad política y la incapacidad institucional para acabar con la extrema desigualdad, da como resultado un evidente desgaste del modelo democrático y económico que sostiene la Constitución de 1980, hasta hoy vigente gracias a que sus pilares fundamentales no han sido modificados.
Como bien dijo un humorista hace poco, al final sea quien sea, siempre se termina atornillando hacia la derecha económica, pues para ambos bloques la economía (propia y de los cercanos) es más importante que cualquier otro fenómeno humano que se esté desarrollando. Y esto Jaime Guzmán lo dijo cual Nostradamus: “La Constitución debe procurar que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno anhelaría, porque –valga la metáfora- el margen de la alternativa que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para hacer extremadamente difícil lo contrario”.
El gobierno dirigido por Michelle Bachelet continúa planteando que son los “expertos” quienes deben redactar una nueva Constitución, pero que, obviamente, será con el aporte de los comentarios de la ciudadanía (participación ciudadana le llama). Al decir esto, la presidente expone que el pueblo y la Constitución son dos fenómenos que requieren de una élite para ser vinculadas, como si las personas tuviésemos alguna incapacidad intelectual para poder participar activamente en la elaboración de nuevas reglas para todos y todas.
¿Quiénes son esos expertos? ¿Qué intereses tienen esos expertos? ¿De quién son familiares esos expertos? ¿Quiénes van a elegir los expertos? ¿De qué clase social son esos expertos? ¿Qué ideología y religión tienen esos expertos? ¿Qué opinan de los pueblos originarios y/o de la libertad sexual y reproductiva de las personas? ¿Serán laicistas?
No queremos nada que venga de arriba, de las típicas esferas de poder que viven en los mismos barrios, van a los mismos colegios y comen en los mismos restoranes. Nunca al pueblo trabajador le ha ido bien una vez que los poderosos deciden lo que es bueno para nosotros, y Bachelet no sólo es parte de la gente con dinero y poder, además los protege.
No existe forma más legítima y democrática para confeccionar un nuevo pacto social que no sea mediante una Asamblea Constituyente, y no es necesario que haya “expertos” elegidos a dedo para que se traduzca la voluntad del pueblo. Esa tutela paternalista ya no responde a la época en que vivimos y debemos resistirnos a ella lo más posible, hasta poder presionar un nuevo pacto social mediante un proceso sociopolítico que nos lleve a la conformación de una Asamblea Constituyente que redacte y someta a plebiscito una nueva carta fundamental que ponga a Chile en la senda de la democracia real y de una economía en que el ser humano sea el valor central y no la acumulación inconducente de dinero (en manos de unos pocos) que sólo se puede traducir en una necesidad patológica de sentirse poderoso. 

sábado, 28 de febrero de 2015

La discapacidad ético-crítica de la UDI



Hacerse el weón es deporte nacional, y si hubiese un torneo la UDI por lejos se llevaría la copa. Muchos por intuición y otros por evidencia, sabían de la colonización del empresariado en la política, pero no había pruebas, hasta hoy. El escándalo Penta que involucra directamente a importantes figuras del gremialismo fue la primera olla destapada de una serie de escándalos que salpican también a personeros de la coalición del gobierno. En el fondo hoy hay evidencia más que contundente que demuestra lo obvio, el poder político y el poder económico son pololos y hacen cochinadas juntos.


Ante esta avalancha de hechos concretos como la declaración de la secretaria de la Lavín que reconoce el uso de boletas ideológicamente falsas para financiar la campaña del jefe y, la confesión pública de Moreira de que hay irregularidades en la forma en que financió su campaña, la UDI toma una postura que pone la cara de Silva como un buen ejemplo de un trozo de pellín. "La UDI ha tomado la postura de la presunción de inocencia de sus militantes y mientras la justicia no falle en contra, no habrán medidas diciplinarias al interior del partido" dice el presidente actual  del gremialismo cuando se le pregunta por las acciones disciplinarias dentro de ese partido, ante el caso Penta y SQM. Estos dichos primero demuestran la completa incapacidad que tiene la UDI de colocar en una dimensión ética la situación en que se encuentra, condicionando lo correcto a lo legal. Es decir, la UDI al poner esta mirada, indica que lo ético y lo legal no siempre están relacionados, pues se puede tener una conducta que groseramente viola la ética pero mientras ésta no sea delito, no habría problema y menos necesidad de pronunciarse al respecto. No importa que Lavín esté con la soga al cuello y que Moreira haya reconocido las "irregularidades" con las boletas, la UDI aún no ve ningún problema en el actuar de sus parlamentarios. Lo segundo es el apetito por el empate que tiene tal partido. Empates ridículos que apuestan a la falta de capacidad crítica del pueblo para que pasen desapercibidas sus incoherencias éticas. Pues predican como fanáticos y actúan como desentendidos de sus propias palabras. La UDI reclama por los derechos humanos de algunos venezolanos, pero exige aún más represión con los mapuches que reclaman por sus tierras ancestrales y autonomía. Habla de gobiernos que agreden al pueblo que protestan por sus derechos, pero pareciera que no saben nada de lo que pasa en México o en España. La hipocresía de este partido de extrema derecha es hoy su máxima cualidad.


Estamos en un proceso de decandencia de la práctica política. Tanto la Nueva Mayoría como la Alianza, mantienen relaciones incestuosas con el gran empresariado, transformando a Chile en una democracia nepótica plutárquica, es decir, hay elecciones para elegir a un grupo cerrado de amigos y familiares sirvientes al poder económico que les paga sus campañas y sostienen sus privilegios. El partido que fundara el principal intelectual de las políticas morales y económicas de la dictadura, Jaime Guzmán, hoy encabeza el desprecio por la política y aun así nos tratan como idiotas. Como si fuésemos incapaces de distinguir la diferencia entre el arreglo de Dávalos y el robo de dinero público mediante boletas falsas que usaron para llegar a puestos de poder. Pero bueno, quizás algo de razón tengan y crucen los dedos que se repita la desidia electoral que ha sostenido nuestro pueblo desde la vuelta a la democracia, permitiendo que los mismos de siempre sigan en el poder.


Hoy la UDI nos demuestra que es posible ser una organización política sin criterio ético propio, sin capacidad de corrección y liderazgo de rectitud. El cara de rajismo de los gremialistas es sólo la muestra más evidente que la derecha extrema está en el suelo de la rectitud y del ejemplo de cambio que necesitamos. Quizás ellos crean que con el cilicio basta y sobra para enderezar la conducta, pero está claro que van a tener que agregarle varias puntas para ver si logran entender que a pesar de que están en el fondo de la tabla, sus mentiras y engaños perjudican a todo el país y a nuestra superficial democracia.

Red contra la Violencia doméstica y Sexual

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