lunes, 29 de octubre de 2012

Los invitados de piedra al club Ortizssenberghe.




Los invitados de piedra al club Ortizssenberghe.

Alrededor de octubre de 2011 nos preguntamos algunos amigos por quién votar en las municipales 2012 en Concepción, y caímos en cuenta que no había una alternativa para los que no deseábamos seguir entrapados en la lógica binominalista de la ConcertAlianza. Había una necesidad de un nuevo referente de izquierda coherente, laicista, verde y que fuese opositor al modelo capitalista y no sólo un benigno administrador del modelo socioeconómico impuesto en la ilegal Constitución Guzmán-Lagos.

Pues unos pocos y pocas formamos el Colectivo por Una Nueva Concepción que se propuso lograr inscribir una candidatura independiente para alcalde y llegar lo más lejos posible levantando ideas y valores republicanos que escasean hoy en la política nacional. Primero hicimos una declaración de principios (independientes pero no amarillos) y levantamos un proyecto ético y viable para la ciudad. 

Teníamos muy claro que tanto el equipo como yo éramos desconocidos, sin recursos ni experiencia electoral, pero confiábamos en nuestras ganas, experiencia de trabajo social, gestión de organización de bases y convicciones. Nos dispusimos a ser los invitados de piedra al club de los Ortizssenberghe en Concepción, ganarnos ese difícil espacio para construir una plataforma de trabajo para levantar un proyecto alternativa a la ConcertAlianza. Fue en este camino cuando conocimos a personas que estaban exactamente en la misma línea de acción, evidencia que éramos parte de un sentir mayor, no organizado pero sí colectivo, un movimiento sin representación política que tenía hoy un contexto favorable para actuar. Así, en este contextos de encuentros y aprendizaje, un amigo ecologista nos organizó una reunión con el Partido Humanista, y es ahí cuando conocimos su propuesta nacional para la construcción de un "municipio social", fue amor a primera vista dadas las coincidencias en nuestros programas y principios de acción, la unión era felizmente inevitable y comenzamos a trabajar juntos, algunos como nuevos militantes del partido y otros como adherentes al Colectivo.

Nos dimos cuenta que nuestros problemas mayores no eran las familias Ortiz y van Rysselberghe o la falta de recursos, sino tres cosas: 1) la pérdida de la fe de las personas en la política. Necesitábamos convencer a los desencantados a que sí se podían cambiar las cosas si nos movilizábamos y organizábamos en torno a otros valores y principios de acción política, 2) la mentalidad binominalista de los medios de comunicación, debimos luchar contra el ninguneo mediático, pues éramos, como diría Galeano, "los invisibles" de la política penquista. Algunos periodistas hicieron intentos, pero la mayoría de las veces fuimos el inserto pequeño, la nota anecdótica, o "los otros" que competían por el sillón municipal y 3) los egos de los atomizados grupos de izquierda no concertacionistas que no estaban dispuestos a apoyar nada que no fuese de sus filas.
Nada mejor que las convicciones y los ideales para mantener el cuero duro y la máquina andando, y lo logramos con una campaña austera, autodidacta y participativa, donde amigas y amigos, nuevos adherentes y simpatizantes comenzaron a sumarse y a trabajar por el proyecto. La creatividad y el buen sentido de humor fueron fundamentales, así como también la irreverencia y la acción política honesta y directa. Fue con esta postura que fuimos a los debates televisivos, y bueno, ahí muchas y muchos se dieron cuenta que no estábamos jugando, sino que estábamos hablando en serio, con propuestas y claridad ideológica, y luego de meses y meses de trabajo "invisible" estábamos dentro del club de la pelea, nuestras ideas se escuchaban en algunas familias y organizaciones, las personas nos reconocían en la calle y muchas de ellas se sentían representadas por nosotros. 

No ganamos las elecciones, pero nos sentimos ganadores como Colectivo y como Partido Humanista. Logramos los objetivos que nos impulsaron a entrar en la arena electoral, ser la voz de los sin voz, denunciar las mentiras populistas en vivo y en directo a todo Chile, demostrar que hay acción y pensamiento crítico en un sector de la ciudadanía y que ésta se organiza inteligentemente. Hoy algunos medios de comunicación nos conocen y en privado sus periodistas nos reconocen como la mejor opción para Concepción, analistas exponen nuestro potencial futuro y dan a entender que la falta de recursos fue el principal factor que nos restó competitividad. Ganamos experiencia y confianza, capacidad de organización y articulación, aumentamos en número y nos posicionamos como un referente político local.

Hay espíritu, hay moral, hay convicciones e ideales, martillo y cincel para trabajar la brutalidad de la actual política nacional, hoy recién comenzamos un largo camino que sin lugar a dudas será interesante para todas y todos los que deseamos construir otro tipo de sociedad.