viernes, 17 de julio de 2015

Angurrientismo

No conocía (hasta hoy) la corriente que intentó instalar Juan Godoy en el primer tercio del siglo XX. Me parece muy interesante su deseo de comenzar a desarrollar un estilo de literatura nacional que fuese capaz de desentrañar lo que somos como cultura propia, la que se generar por lo que somos en esta tierra, y no por lo que otros quieren ser de otras tierras e historias. Me parece muy importante que su deseo sea alguna vez una realidad, pues la crisis de identidad de nuestro pueblo es una de las cuestione que lo hace tan fácil influenciar y manipular.

"[...] La postura criollista, cultivadas por gente de la clase alta y media, no logra dar cabal visión de los tipos sociológicos chilenos, a los cuales trata como objeto de su estilo. Labor de afuera hacia dentro, exterior, objetiva. No tuvieron la seguridad de que, expresándose a sí mismos, frente a su materia humana, como obreros intelectuales y a causa de esto, expresaban a su pueblo. No obstante, juzgamos plenamente al valor del criollismo en relación a su propósito. Y no desconocemos el enorme esfuerzo realizado por él en busca de nuestra expresión. Pero rumiarlo sería aún anacrónico. El artista ha de seguir, por lo tanto, una dirección nueva y sincrónica con el despertar social y político de su pueblo, de nuestro pueblo, es decir, debe superar magníficamente el criollismo y formar europeizantes, siguiendo el desarrollo vivo de nuestra esencia nacional [...]
(Juan Godoy, "Angurrientismo y Cultura". 1939. Revista Aurora de Chile)


domingo, 12 de julio de 2015

El éxito del fracaso de la odontología.



Los cambios en la dieta del ser humano, producto de la masificación de la comida industrial rica en hidratos de carbonos y, la falta de educación sanitaria constante y cuantificable por parte del Estado y de los propios dentistas, ha llevado a que suframos de una epidemia histórica de caries dentales que provoca pérdida de las piezas en el corto y mediano plazo. Si le sumamos a esto las enfermedades periodontales (de los tejidos que sujetan el diente al hueso), es casi un hecho que a viejo se llega con pocos dientes y con prótesis.

La profesión odontológica, presa también de la lógica de mercado, ha tenido enormes avances pero en una sola dirección, la de reparar los daños y reponer las piezas faltantes. Hacen nata los rentables cursos y postgrados para colocar implantes dentarios, la rehabilitación (es decir, el reparar los daños) genera mucho dinero y con ello hace crecer una industria académica que en nada resolverá los problemas dentales de la población, excepto para el 10 % más adinerado que puede pagar o endeudarse para recuperar lo que perdió. No faltará aquel dentista que proponga que todo Chile debería poder colocarse implantes gracias a la subvención del Estado, como si esa fuese la solución más inteligente para la salud de los Chilenos. Eso sería como decir que para solucionar la morbilidad (cantidad de casos) de enfermedades coronarias, necesitamos más cardiólogos para hacer más y mejores bypass.

No es una crítica a los implantes y menos a los que son expertos en ello, bien, nada mejor que poder recuperar un diente o molar perdido, pero acá quiero hablar de SALUD y no de enfermedad. Porque los dentistas somos expertos en enfermedades y en el cómo reparar sus daños, pero somos completamente incompetentes en proponer, levantar y sostener un hábito profesional, tanto en la clínica como en las esferas políticas, de promoción y educación hacia la autonomía de hábitos sanitarios, requisito base para que exista éxito y eficiencia de recursos en los planes de salud.

La gran mayoría de las caries y de las enfermedades periodontales se pueden evitar con simples hábitos sanitarios y con económicas acciones dentales de prevención y de intervención temprana en el inicio de las patologías. El punto clave, el más delicado de todo afán sanitario, es la capacidad del mismo paciente de sostener su salud en el día a día. No pasa la mejora sanitaria odontológica por el dentista ni su habilidad para atornillar pernos de titanio en los huesos, sino por la información de autocuidado y los hábitos que desarrolla el paciente para cuidarse. Ahí está el origen del éxito de toda política pública sanitaria.

La crisis de consciencia social que inunda a la profesión dental es profunda. En la formación del profesional los ramos de salud pública, de educación y promoción de la salud no cuentan con un estatus elevado, son menospreciados tanto por los colegas como por los mismos estudiantes. El énfasis en nuestra formación (por más que los folletos y los decanos digan todo lo contrario en sus charlas) está en la reparación de los daños y en lo que genera más dinero para el bolsillo del profesional. Revisen cuántos postgrados de salud pública odontológica hay en Chile y cuántos hay sobre rehabilitación, y revisen los ingresos económicos entre quienes intentan que la gente no se enferme y quiénes tratan la enfermedad. Realmente estamos dentro de una lógica poco inteligente si pensamos en el bien general de todas y todos.

La energía intelectual del desarrollo de la odontología se ha montado sobre el espíritu de la reparación de daños, en vez de hacerla sobre la inteligente opción de apuntar a la educación sanitaria social y a planes nacionales de prevención y control. Cada vez que alguien se coloca un implante o se hace una prótesis, debemos tener consciencia que estamos frente a un caso en que la odontología fracasó. El desafío está en generar una fuerza de ideas encarnadas en odontólogos que entiendan que nuestra profesión es un beneficio para la sociedad y como tal, debemos buscar las maneras más económicas y eficaces para que la salud dental y general de las personas se mantengan así por el máximo de tiempo posible.

Mientras sigamos impulsando y defendiendo una odontología de mercado (lo principal es la rentabilidad del negocio, luego el resto de las cosas), no podremos salir del zapato chino en el que está hoy la profesión pues está demostrado que en los países donde aumentan el número de dentistas sin planificación sanitaria, no mejora cobertura en atención, no mejora la calidad de la atención, y lo que es peor, la gente no deja de perder sus dientes por la caries o por la enfermedad periodontal.

¿Qué estás dispuesto a hacer para cambiar esto?

Francisco Córdova Echeverría
Odontólogo
(fracordova@gmail.com)
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miércoles, 8 de julio de 2015

Sobre la legalización de la marihuana


El proyecto de ley que acaba de aprobarse para discusión, que versa sobre la legalización del autocultivo de cannabis, es un mal proyecto si lo que se busca es salir del paradigma prohibicionista y entrar en el de los derechos esenciales. Ahora bien, si usted sólo quiere y le interesa fumar marihuana por placer, el proyecto es perfecto para usted, podrá volarse con su propia marihuana. Pero algunos vamos más allá de eso.

Hace pocas semanas la CORTE SUPREMA de Justicia dictaminó que las plantas (más de seis) que tenía Paulina (del equipo Triagrama Instituto) en su propiedad NO CONFORMABAN DELITO pues es un acto preparatorio necesario para consumir cannabis de manera privada y/o colectiva. ¿Se dan cuenta? LA JUSTICIA CHILENA en reiterados fallos a liberado a usuarios que han plantado más de seis plantas o que transportaba más de 10 gramos, limitaciones que pone el mediocre y prohibicionista proyecto bien llamado "Ley Cariola", ya que la diputada comunista fue la que más incitó y buscó que el proyecto original que estaba en la Comisión de Salud, el cual estaba a la altura del fallo de la Corte Suprema, sufriese modificaciones que dejase a la marihuana y a sus consumidores en un marco de vigilancia y control que no se da con otras sustancias que, científica comprobadas, son más dañinas y adictivas que la marihuana. 

Hoy muchos celebran que podrán plantar marihuana en su casa, y eso está bien si es lo único que nos interesa lograr en este proceso, pero aún no se ha logrado alcanzar un trato digno a nuestros derechos esenciales, aún se sigue mirando y tratando la cannabis (y con ello a sus usuarios) como droga peligrosa, pues a nadie le controlan la cantidad de botellas de vino que tiene en su casa, o si compra muchas cajetillas de cigarros, así como tampoco se vigila los fármacos en nuestros veladores, siendo que muchos de ellos son extremadamente peligrosos (la 3ra causa de muerte en los países desarrollados son por consumo de fármacos recetados por médicos).

Nos cuesta entender que cuando se trata de derechos esenciales y de nuestra dignidad, las medias tintas y los amarillismos, sólo refuerzan al que domina. Imagínense ustedes que en un país racista, que por su cultura de ignorancia y clase política corrupta y bruta, definiese en el discurso público, que es hora de acabar con la exclusión de las personas de color negro, y que por lo tanto los buses contarán con seis asientos para negros. Algunos dirán que algo es algo y que peor es nada, así que - por mientras - es algo que se debe aceptar. 

No olviden ustedes que este es el primer paso legislativo, y como no tiene <<urgencia>> por parte del Ejecutivo, puede ser un proyecto que duerma por años, y que además, tiene y tendrá aún más <<indicaciones>> por parte de los parlamentarios ignorantes y populistas del crimen, lo que demuestra que si comenzamos con un proyecto limitado, quedará aún más limitado y restringido con el paso del tiempo, una vez que los miedos y las mediocridades le vayan colocando de su cosecha.
Así pues, yo no celebro este proyecto, y eso no significa que no lo considere un avance, pero está muy por debajo del nivel de mirada y de abordaje que ha dejado la Corte Suprema y otros tribunales al no condenar a cultivadores de cannabis por cantidad de plantas o por gramos... pues acá lo que se debe perseguir ( y es lo que propone la cultura de -reducción de daños-), es la intención, la conducta en torno al cultivo; si se cultiva una o 20 plantas y son para consumo privado, no hay delito, y si cultivo una o 20 y las uso para venta, es tráfico. Así de simple, así lo han manifestado los ministros de la corte.

También les llamo a tener cuidado con las figuras de la televisión que se han transformado en las matronas de la marihuana medicinal, cuidado con no ver lo que hay detrás de tanto interés, pues el dinero es un pus que sabe infiltrarse hasta en las mejores intenciones.

No seamos mediocres, ni ciegos, No nos dejemos entusiasmar por los discursos populistas sobre libertades cuando lo que se ha hecho es restringir las mismas, permitiendo que el Estado nos castigue por arbitrariedades idiotas, como las seis plantas... ¿Por qué no siete o cinco? ¿Por qué 10 gramos y no nueve u 11?

Mientras tanto sigamos en rebeldía, sigamos cultivando nuestra propia medicina, nuestra propia Santa María para meditar y ampliar la percepción del mundo sin miedo, pues la justicia nos ampara, no la "ley Cariola" que se viste de dignidad siendo que sólo es un disfraz de mediocridad y baja altura para sostener una discusión profunda sobre lo que entendemos por libertad y dignidad humana.

Planten para su propio consumo en rebeldía, que la CORTE SUPREMA ha dicho que en nuestro espacio privado, el Estado no puede meter su nariz.


Francisco Córdova
Odontólogo