jueves, 18 de julio de 2013

Somos varios.

¿Y si no soy sólo yo, quién más está ahí?
Ese que me dice quién soy o el que asume que es él y ese soy yo.
¿Y si no soy sólo yo?

En la azotea de mi cuerpo todos son todos
Mientras que mi cuerpo es uno gobernado por esos todos
Hay uno normativo
Otro consultivo
Uno preservativo
Y otro combatido
A veces pienso que no tiene sentido
Pero cada uno es lo que he vivido

Domina el impaciente
Gobierna el comprensivo
Duerme el adormecido
Empuja el convencido
Cambia el convertido
Quizás sean inteligencias múltiples
O toteras colectivas
Algunas son basura y otras atractivas

Hay uno caliente y otro reprimido
Uno inquieto y otro quieto
Cada uno soy yo y todos diferentes
Soy una cosa de varios y todos en mi mente
Quizás tengan razón, soy un demente.

Humanidad

Cuando todo es cosa y no ser
Cuando no hay tiempo para conocer
Se marchitan las hojas de la vida sin saber
Fuga de añoranzas por sueños sin placer
Se opaca la tierra por el delirio del tener

Humanos locos

miércoles, 10 de julio de 2013

Estar atento.

Por mucho tiempo confié en demasía, entregado a la idea de que todos tienen las mismas buenas intenciones, pues si se trabaja para algo que beneficia a los demás y a uno mismo no hay cabida para codicias baratas. El asunto es que si las hay.
Me he puesto atento y alerta, algo desconfiado y suspicaz, pero ello es necesario. Lamentablemente muchos montados sobre su ego no son capaces de superar la necesidad de validar el Yo, y pasan por encima de la realidad colectiva, tensando y llevando el ambiente hacia sus visiones personales de la realidad.
El aprender a meditar ha sido fundamental para poder ver las cosas desde un plano más elevado.

domingo, 19 de mayo de 2013

Desacostumbre.



No me quiero acostumbrar a la flor, pues todos los días quiero verla como una maravilla
No me quiero acostumbrar al amor para no poner anclas donde deben ir alas
No me quiero acostumbrar a la vida para no echarla de menos
No me quiero acostumbrar al mar para que no se transforme en decoración del paisaje
No me quiero acostumbrar al dolor pues sufrir no es una opción
No me quiero acostumbrar a la injusticia pues sería injusto hacerlo
No me quiero acostumbrar a mis padres pues extrañarlos es una delicia
No me quiero acostumbrar a los otros para siempre sentir curiosidad
No me quiero acostumbrar a la costumbre pues es el óxido del alma
No me quiero acostumbrar a obedecer porque mataré la hermosura de pensar
No me quiero acostumbrar a mis defectos porque dejaré de sentirme especial
No me quiero acostumbrar a tus virtudes para reposar de alegría cada vez que te vea
Pero me podría acostumbrar no acostumbrarme.

domingo, 12 de mayo de 2013

Sin Miedo

La gente que teme del juicio de los demás, aquellas y aquellos que se peralizan ante pensar en lo que dirá la gente de ellos, deben pensar en si querer "agradarle a los demás" es sinónimo de ser alguien de valores, porque hoy se valora más tus bienes que tus actos, tu apellido y no tu honestidad, esta sociedad valora más el vencer a otros en vez de ayudar a otros... Yo no tengo intenciones de agradar bajo los actuales patrones sociales, no me interesa los y las que piensen que se hacen una opinión de otro por sólo saber en dónde vive o qué estudió. Prefiero que esa gente me juzgue por raro, por no pensar en lujos, que crea que soy flojo porque trabajo poco por dinero o que soy un "comunista" por no tolerar este modelo económico maldito... Vistan como quieran, usen el pelo como quieran, estudien para ser felices, trabajen para ser útiles a la sociedad... Quizás los locos de hoy serán los cuerdos del mañana.

jueves, 18 de abril de 2013

LA LIBERTAD ¿CÓMO LA ENTENDEMOS EN UN NUEVO CHILE?


Una de las características esenciales del humano es su capacidad innata de decidir mediante el don de la razón, de tomar opciones frente a los escenarios de la vida. La libertad es nuestro poder de transformación voluntario, de perfeccionamiento interno para luego modificar nuestro entorno de manera física o metafísica. A lo largo de la historia la raza humana ha demostrado que cuando no hay libertad bien vale arriesgar la vida para conseguirla, pues sin libertad, sin esa capacidad de decidir nuestro presente y por ende las consecuencias futuras supuestas, la vida carece de sentido para quienes gozamos del derecho de ser señores de nuestro propio destino.
Hoy se habla mucho de “Libertad”, pero desde el punto materialista, una visión economista de la -libertad de elección-, decidir lo que tengo que consumir como humano. Así pues, hoy la libertad más que nada tiene que ver con lo que soy capaz de comprar, dado que la vida moderna ha puesto a las cosas como centro de todo, perdiendo la orientación humanista del siglo de las luces, que nos liberó de la opresión de la dictadura religiosa de la edad media. Al ser la libertad la capacidad de optar entre artículos o servicios de consumo, queda ésta limitada al poder económico del individuo, es decir, mi amplitud de libertad tiene directa relación con lo que soy capaz de comprar. Si la educación y la salud son bienes de consumo, ya no son un derecho y por ello, ideológicamente lo que se posiciona como valor central es la posibilidad de “optar” dónde estudiar. Pero como dije anteriormente, como esta libertad economista se sustenta en la capacidad de pagar que se tenga, sólo los que cuentan con el dinero suficiente tienen verdadera capacidad de elección, y ellos son una minoría social en un país donde la gran mayoría sobrevive mensualmente con sus magros sueldos.


Todos los seres humanos necesitamos elementos básicos para existir en el mundo moderno (salud, educación, alimentación, techo y educación) y la asociatividad de nuestra especie se produce porque juntos somos más y mejores que solos, y es la capacidad de cooperar entre pares es lo que nos ha mantenido como especie dominante, dado que el -sentido de competencia-, por lógica, nos llevaría a un eterna destrucción mutua. Entonces, qué libertad queremos si la visión materialista nos lleva a devorarnos entre nosotros pues no obliga a competir y vencer a otro.
Si volvemos a poner el acento del desarrollo en el ser humano, y nos concentramos en avanzar mirando la felicidad del otro como meta ideológica, el sentido de la libertad cambiará, pues ya no será sobre lo que puedo tener, sino sobre lo que puedo dar como persona en la sociedad que construye en comunidad. Si queremos otro Chile, más fraterno, humano, solidario y consciente, no podemos seguir dejando que nos domine la visión actual de libertad económica, pues sólo nos lleva a un engañoso bienestar en el que olvidamos la parte espiritual de la vida, como son el amor y la amistad, y cómo no, también esa libertad de poder decidir y cambiar el cómo nos tratamos.

martes, 9 de abril de 2013

YO PONGO EL CAFÉ


Vamos con los hechos actuales antes que con la historia, quizás así podamos dejar la discusión del pasado para otro momento. Somos muchos seres humanos en un planeta pequeño y eso ya es un problema, lo que hay se debe repartir entre miles de millones. La economía es casi una sola, todo está interconectado e interdependiente, globalizada le dicen. Intentar aislarse y autoabastecerse de todos los bienes (o males) es un delirio, la especialización productiva y la polarización de las capacidades industriales son un hecho. Bélicamente podemos hacer desaparecer el planeta entero, y asumamos que idiotas hay, agitar el panel de avispas es sólo para quienes creen que estar muerto se es más útil que estando vivo. Hay de todo. Por ahí a mediados del siglo XX los ganadores de la guerra nos impusieron un molde económico mundial, y donde no se quiso poner, lo colocaron. Sangre de muchos costó que el ser humano fuese un objeto de los objetos, esclavos del deseo por cosas. Estatus, posicionamiento. La felicidad es algo alcanzable, más que aplicable. Ser humano es trabajar, sobrevivir y comprar para ser. Así no más es la cosa, somos cosas, o mejor dicho cifras o engranajes reemplazables. Todos somos un repuesto del motor de la economía, si no encajamos somos desechados. Las personas duermen, la mediocridad intelectual es la norma, la flojera cognitiva es como se debe ser para no ser aplastado por la realidad. Mejor el espejismo algunos dirán, o más que decirlo lo asumen, tácitamente nos dejamos manosear, canjeamos dignidad por pertenencia. Así no más es, el desarrollo lo es todos, ahora qué es desarrollo, no lo tengo claro, luego de algunos miles de años podemos llegar a la luna pero también podemos morir de hambre si nacemos en el lugar equivocado del mundo. Frente a todo esto hay quienes plantean una dictadura de los trabajadores, pero no me gusta que me dicten aunque comparta algunas cosas, me gusta escribir por mí mismo, los dictados son imposiciones y he aprendido a amar la poca libertad que tengo, y por otra parte no me gusta odiar ni empujar al abismo a los que piensan distinto a mi mente revoltosa y poco clara. El molde o modelo, como le guste llamarle, quizás sistema le suene mejor, como quiera; el asunto es que hoy por hoy tampoco me agrada que me metan el dedo en la boca con esto de la libertad de elección y eso de que me muevo por intereses materiales. Las personas no son felices por tener, simplemente se excitan. Tener es bueno para hacer uso de las cosas, ¿pero tener por tener?; es más que nada rellenar con cosas donde se necesita metafísica, no sé dónde comprar el amor de mamá o la subida de presión que me da al ver la mujer que amo. No he visto una tienda que me facilite la incondicionalidad de un amigo o el abrazo cálido de una amiga, aún no inventan centros comerciales de humanidad. Es tan estúpido y venenoso tener por tener, poder le llaman, pero no es poder, sino debilidad, inseguridad, vacío, abismo de carencias afectivas. La codicia es antónimo a la vida, al amor, a la felicidad, a lo humano. Esto que llaman capitalismo, eso de que la sociedad se ordena y se organiza según las cosas me da angustia ¿Dónde que yo si tengo poquito? No me gusta que me clasifiquen, no soy ni de aquí ni de allá como decía el trovador latinoamericano. Miren, no soy capo en eso de la economía, no me pregunten por fórmulas miren que no es química esto ni estamos calculando la caída de los cuerpos, sino más bien estamos al agüaite de que la olla estalle, y la tapa de los sesos de los pobres quizás donde quedará, en el techo de del dolor del mundo quizás, así como ha sido cuando llegan los teóricos a hablar de cosas que olvidan la esencia de lo que somos. Me gusta la palabra ética, no sé, como que me lleva a pensar en lo correcto y parece que lo correcto es lo que nos hace bien y lo incorrecto es los que nos hace mal… y eso del mal es dolor, sufrimiento, no conozco otra consecuencia del mal que no sea aquello que les digo, entonces, qué nos cuesta ver qué nos hace bien y qué nos hace mal a todos. Cuando mis amigos, mis queridos amigos de la dictadura del proletariado exponen sus razones les encuentro sentido, no somos cosas, somos seres humanos; pero también, así pensando, los que se oponen a las imposiciones y nos atan para empujar nuestras ambiciones personales también tienen algo de razón, pues conozco harto flojo, mediocre, gente sin espíritu, humanos dañinos buenos para tirar la mano para tirar sus gónadas, esos que no aportan más que a su propia modorra. Los codiciosos de lo material y los adictos a la inacción son los problemas de los ·itmos·, y los que estamos entre medio, los que tenemos sueños y ambiciones de crear y tener nuestros éxitos sin apropiarnos de nadie más que de nosotros mismos, quedamos ahí, atrapados en las dictaduras. Y nos matan chiquillos, nos matarán porque a los extremos no les gustan los medios, no existe gente fuera de los clubes, o eres parte o eres enemigo. Bueno, así algunos nos cosifican y nos compran, mano de obra, nuestro trabajo tiene más valor que nuestra vida, pero otros ponen a nuestra libertad por debajo de lo planificado, como si un grupo de elegidos deben definir qué necesita el ser humano y planificar nuestras vidas según criterios ajenos… no, eso no me gusta. Miren, estoy cansado de ser anti algo, pues la verdad hasta los idiotas deben tener la posibilidad de decir idioteces; el asunto es que sean cada vez menos y se opaquen ante las virtudes las mayorías. Tenemos un mundo finito, mucha gente que alimentar y proteger, un futuro que construir y un pasado que conciliar y para avanzar debemos tomar lo mejor de todo y abandonar lo peor de todo, y el criterio de selección que sea la ética, la equidad y la justicia. Todos tienen lo que se merecen y todos tienen lo que se necesita, cómo no va a ser posible buscar la fórmula si pudimos desentrañar los genes de nuestras carnes, cómo no vamos a poder hacer las entrañas de una civilización más justa. No tengo razón en nada y tampoco me equivoco del todo, y es ahí la gracia de esta especie de mono bípedo que habla y razona, que no hay uno igual a otro, pero que todos tienen un mínimo básico que es no querer sufrir. De más que es posible hacer algo, contener a los codiciosos y empujar a la acción útil a los flojos, el asunto es que mientras tratemos de tener la razón, alguien se nos adelanta y nos dicta cómo debemos vivir, sin preguntarnos el cómo queremos hacerlo. Yo pongo el café.

lunes, 18 de marzo de 2013

Teatro Regional y la Cultura y Arte desde abajo.




La construcción de un Teatro Regional para "fomentar la cultura" comete el mismo error práctico que la de hacer un estadio -a la europea- para "fomentar el deporte". Al parecer la clase política en el siglo XXI sigue con su perfil snob eurocéntrico de la burguesía del siglo XX y XIX, tratando de parecer los “tigres de América Latina” por la magnitud de sus obras más que por la profundidad y efectividad social que alcanzan sus políticas en materia de cultura y deportes.

No cabe duda que las artes y la cultura, en su más amplio espectro, son fundamentales para desarrollar una sociedad equilibrada e integral. Ahora bien, la cultura tiene que ver con la civilización humana y sus formas, el arte es una extensión de la expresión humana en un lenguaje propio y por ende, el acceso a ella no solo tiene que ver con la gratuidad de los espectáculos para los más vulnerados de nuestra sociedad, sino también tiene que ver con que las capas sociales más pobres tenga acceso a desarrollar arte y cultura, a generar expresiones propias de su vida y realidad como medio para desarrollar su espiritualidad y para relacionarse con el entorno.

Debemos pasar la etapa populista de los espectáculos gratuitos para los más pobres. Saltar de la caridad cultural a la producción cultural popular, es decir; crear y financiar los espacios sociales adecuados para que se desarrolle arte y cultura desde los barrios y las diferentes comunidades hacia fuera. Hoy la cultura tiene una verticalidad descendente, y propongo que haya una verticalidad ascendente que propenda hacia la transversalidad de la construcción socio-cultural de nuestro país. Es hora de que los niños y niñas de las escuelas no sólo sean llevados de paseo un par de veces en sus 14 años de formación formal al teatro, sino que ellos puedan vivir (no sólo consumir) el teatro, la pintura, la música y la poesía desde su propia escuela o liceo. Pasar, de la entrada gratuita a un espectáculo de fin de año a las y los vecinos más vulnerados, a poblaciones y organizaciones de base que aprendan y construyan arte como parte de sus vidas, como vía de expresión espiritual o de comunicación de sus realidades.
Un tremendo teatro regional, centralizado en la capital del Bio Bío, no es una mala idea si es que la reproducción y consumo de cultura y arte se ha democratizado previamente. Pero será una pérdida de recursos si es que se utiliza para “fomentar la cultura regional”, porque no lo hará. Un teatro por sí mismo no hace que más gente vaya al teatro, haga o entienda teatro. Abrir una nueva galería de arte no hace que las masas sociales sepan más de arte y construyan arte. Si de verdad buscamos democratizar el acceso y la producción de cultura, debemos partir desde abajo y desde temprano, de los barrios y desde las escuelas. Si queremos una sociedad equilibrada, igualitaria en el derecho a la expresión artístico-cultural, los recursos frescos se deben inyectar en apoyo a los centros comunitarios, escuelas y liceos, juntas de vecinos y grupos juveniles. Si comenzamos desde la base social y no desde el vértice, más personas podrán ser parte de la construcción de las expresiones espirituales de nuestra sociedad y podremos decir que se está fomentando participativamente el arte y la cultura sin exclusiones.

martes, 12 de marzo de 2013

MEGALOMANÍA POLÍTICA: Memorial 27/F





$2.000.000.000 es lo que costará hacer el memorial del pasado 27/F que todos recordaremos haya o no haya una estructura enorme en el borde del río Bio Bío. Estos cuatro millones de dólares refleja el perfil megalómano de este gobierno que desde inició su gestión, ha tenido salidas bastante particulares como por ejemplo “en 20 días hemos hecho lo que no se hizo en 20 años”, -humildad por favor-. Las prioridades en el uso de los recursos marcan la tendencia de las intenciones del gobierno, y podemos entender que lo que se busca es una figuración estática, sin trascendencia más que el volumen de la obra. De seguro un bello parque costero en Iloca con un escultura más sencilla cueste la mitad, o quizás un museo recordatorio que preste una utilidad turística (en Dichato o Cobquecura) y educativa sea más útil y trascendental, pero no. Estamos presente ante un perfil con tendencia a lo fácil y tremendo, pero sin trascendencia. Las grandes obras humanas tienen contextos de trascendencia con algún tipo de utilidad a la civilización, pero un memorial tan costoso y sin algún tipo de participación de la comunidad, son reflejo que alguna inseguridad digna de ser analizada por Freud.

lunes, 4 de marzo de 2013

Los desafíos para la unidad de la izquierda.





La izquierda, al contrario de la derecha, es esencialmente diversa. Diversa porque centra sus valores en ideas colectivas y el colectivismo asume el esfuerzo de coexistir con un otro libre e independiente, para formar un tejido social que abrigue condiciones materiales y culturales básicas que permitan a cada individuo realizarse y ser feliz en armonía con los demás. Es por ello que la unidad de la izquierda debe ubicarse en la periferia del ego de quienes la conforman, pues el desprendimiento a ese apego de considerar lo propio como más importante o verdad, es una condición sine qua non para la convergencia de visiones y acciones sociopolítica. La prepotencia política individual o colectiva es enemiga de la unidad, desata los nudos de encuentro, los hace débiles dado que la actitud invasiva o impositiva con los otros provoca el atrincheramiento en las ideas propias, pues se nos intenta dominar mediante el peso de ímpetu desproporcionado y no sobre la belleza de los buenos argumentos. La relación entonces pasa a ser una acción de vencer y no de convencer. Nuestra atomización en grupos pequeños es lo que fortalece a los protectores del capitalismo, en consecuencia, la voluntad de encontrarnos requiere una energía interna que permita  sostener un actitud coherente y fuerte, pero dialogante y flexible, pues la unidad requiere adaptación al espacio común que se crea cuando decidimos actuar en conjunto. Pensarnos mejores que las y los otros, asumir una actitud mesiánica y ponderar que nuestras consignas y medios de lucha son un verdad que debe ser aceptadas por los demás, es una postura que aplica cicuta por goteo a la sangre común que alimenta la unidad. Una unidad política diversa requiere una actitud fraterna, hermanar los diálogos y los gestos. Esta asertividad comunicacional, de poder decir lo que se piensa sin violentar a los otros, es fundamental para que los canales por donde transitan las ideas sean amplios y libres de ruidos que interfieran con el sentido de lo que se desea expresar. La verdad la haremos entre todos y todas, pues nuestras realidades individuales y colectivas son solo una parte de la verdad infinita que se muestra y se esconde ante los límites de nuestro contexto y sentidos. Superada la arrogancia del ego gracias al entendimiento de que para convivir en diversidad se debe validar al otro como un ser libre de sumarse o no a nuestras ideas, podremos iniciar el encuentro de ideas frente a un desafío a superar. Ante una problemática siempre existirán varios caminos para resolverla, y si deseamos ser parte de la solución o de una propuesta de solución, deberemos comprender que no siempre nuestras ideas serán consideradas en su totalidad, pues la unidad significa que lo nuevo que se forme tendrá en parte lo nuestro y en parte lo de los demás. En la unidad más pura no hay espacios para hegemonías. Esta flexibilidad no significa que debamos torcer los principios pilares que sostienen nuestro sentido y espíritu de lucha, pues con ello caemos en incoherencias y ellas siempre gatillan tensiones que a la larga logran debilitar hasta el acero más templado. Esta convergencia existirá gracias a acuerdos base que den piso a la construcción conjunta. Ahora bien, los acuerdos bases son siempre tratados dentro de un contexto histórico presente, pues no podemos negar que nuestras diferencias en algún momento harán inviable u obsoleta la herramienta construida en conjunto. Por ejemplo, las y los humanistas consideramos a la violencia como una herramienta infértil e incoherente para la construcción de una sociedad más igualitaria, fraterna y humanista. Si existen grupos que dan sentido el manifestar su rabia interna mediante la violencia física contra bienes o personas, nosotros seguiremos un camino propio, pues no vemos virtud alguna en luchar contra la violencia del sistema mediante más violencia, la cual al fin y al cabo será abono para el neoliberalismo, que necesita opositores viscerales que no sean capaces de sumar al pueblo mediante el entendimiento. Otro desafío será superar la mirada miope y los apuros, pues el cortoplacismo y la falta de prudencia han sido condenas para los grupos políticos que han puesto la mantención (u obtención) del poder como el fin último ¿De qué nos sirve el poder si no hacemos realidad nuestro discurso? Una convergencia sustentable será aquella que genere agenda propia y respete un método consensuado de crecimiento y fortalecimiento. Si respondemos a las provocaciones del medio y a los tiempos de la oligarquía, seremos un bote colectivo que responderá a las corrientes marinas y no a la voluntad de sus propios remos. El desafío que tenemos hoy, de hacer cuerpo común para enfrentar el control político del neoliberalismo, requerirá de madurez y prudencia, pues los termocéfalos y los imprudentes al interior de la propia izquierda serán los primeros oponentes a vencer. Saber trabajar con otros sin temor de perder identidad propia, será posible una vez que extendamos puentes de confianza y de buen trato, y no me cabe duda que sabremos poner esta voluntad colectiva por sobre impulsos de dominación o de separación que tienta a veces cuando se diluye nuestro poder dentro del cuerpo comunitario.

domingo, 3 de marzo de 2013

La caja de herramientas en una sociedad que ama.



La educación es como una caja de herramientas para que los humanos podamos construir nuestros sueños. Lamentablemente a la gran mayoría de los niños y niñas les entregamos una caja incompleta y en mal estado. Si como sociedad no nos hacemos cargo de ese desequilibrio y no intentamos ser más justos, tendremos una sociedad donde algunos pocos podrán alcanzar a construir sus sueños y eso debería dolerle a todos los que vemos a los demás como hermanos y hermanas. Me digo a mi mismo que hay que seguir trabajando duro no más. Seguir intentando abrir conciencias, dejando que la luz de la razón y la reflexión despeje la ignorancia de las mentes y elimine la oscuridad del individualismo que habita en el espíritu de una gran parte de la humanidad. Tengo esperanza de que algún día podremos poner al ser humano como el centro de la civilización y no los bienes materiales, de esa manera las personas ya no serán consumidores ni trabajadores de otro, sino que serán una familia donde nadie sobra, independiente de sus habilidades y capacidades, pues no todos somos iguales y nunca lo seremos. Es en esta ley de diversidad donde cae el absurdo de que se le exija a todos las mismas habilidades, pues no todos están hechos para hacer riquezas materiales, para grandes cálculos matemáticos o para correr los 100mt planos en 10 segundos. Una sociedad que ama, es una sociedad que no desea más que el bienestar de los demás mediante el bienestar personal útil y colectivo, que se desarrolla y crece gracias a las condiciones de apoyo y solidaridad que nos brinda la comunidad humana que conformamos.

martes, 26 de febrero de 2013

Nosotros v/s Yo.




“El niño es pequeño y encierra al hombre; el cerebro es estrecho y abriga el pensamiento, el ojo no es más que un puntito y abarca leguas”
(Alejandro Dumas en “La dama de las camelias”)

Evidente es que vivimos en una sociedad donde el individualismo es imperante, y cómo no, si el motor del desarrollo es la competencia (vencer a los demás) y la imagen de la felicidad viste de bienes-cosas y exclusividad. El snobismo es una tendencia transversal, todos desean tener, poseer o vivir una experiencia de la clase social superior, donde radicaría el éxito y por ende la felicidad; el más pobre alcanza a adquirir bienes electrónicos mediante la deuda con las casas comerciales y financieras, la clase media aspiracional busca casas en barrios exclusivos o autos con el mayor lujo posible hipotecando su sueldo con los bancos y la clase alta, mira hacia abajo a los de -sombrero de medio pelo- que intentan parecerse a ellos. Es patético, triste y socialmente nefasto, pues el poner las cosas por sobre el ser humano y la sociedad, produce una castración de nuestra capacidad de encontrarnos a nosotros mismos y de encontrar en los demás a un compañero de vida y no a un competidor, además que induce a políticas públicas que posicionan a la persona como un activo comercial y no como un fin en sí mismo.

“La preocupación por el neosiútico subsiste en el segmento del tope, aquel diez por ciento con memoria histórica y poder centenario que se da cuenta de la ansias que recorren las calles de El Golf, que se encumbran por Gran Vía, que ascienden y descienden por La Dehesa, se alejan hacia Chicureo, suben a la nieve, bajan a la playa, enfrentan miradas suspicaces de Zapallar, compran lo que pueden en Alonso de Córdova y viajan por el mundo con Chile en la cabeza, como una costra que no termina de secarse y un dolor que solo siente algo de alivio cuando encuentra un truco necesario para anestesiarlo.

El neosiútico por lo general tiene más poder y es más prepotente que el siútico del siglo XX…. La riqueza nueva es una riqueza sin pudor, que por ser independiente de sus apellidos y linaje necesita mostrarse y demostrarse. Lucirse, comprar, viajar, aprender, visitar. La riqueza nueva de un país subdesarrollado debe funcionar como un reflejo culposo del nuevo rico de un país desarrollado. Porque una cosa es ser nuevo rico en Francia o en Estados Unidos y otra es serlo en Paraguay, México, Brasil o Chile. Luce más el nuevo rico de Seattle que fraguó su fortuna a costa de un ingenio tecnológico inserto en el corazón de la modernidad que un nuevo rico en el ejercicio financiero en una sociedad del tercer mundo… Se podría especular que la riqueza nueva del tercer mundo exige más explicaciones o genera más culpas, y es más vulnerable al temor que provoca aquel mundo marginal que habita entre la casa y el aeropuerto, que seguramente mirará la excesiva prosperidad ajena con un sentimiento similar a la envidia, parecido al resentimiento y cercano al odio.

Así pues, durante las últimas décadas en Chile no solo apareció la ebullición piadosa en el horizonte de los más favorecidos, también se ampliaron las fórmulas de distinción y vivimos un remezón en la forma de percibir las diferencias sociales de los estratos inferiores”. (Oscar Contardo, “Siútico. Arribismo, abajismo y vida social en Chile”. 2010)

Durante mi experiencia con jóvenes de clase alta, me doy cuenta que muchos de ellos se definen como clase media y ello refleja lo poco conscientes que son de la realidad país. En Chile según datos entregados por la Fundación Sol y el INE, uno de cada dos trabajadores en este país gana menos de $220.000 y el 80% gana menos de $700.000. Si lo piensan bien, la mensualidad para estudiar odontología en una universidad privada es el sueldo que recibe la gran mayoría de los trabajadores de nuestro Chile querido. La clase media corresponde a un promedio de $150.000 mensual por persona al interior de una familia. Es decir, una familia de cuatro integrantes que vive con 1 millón de pesos mensuales se encuentra dentro del 20% más rico de este país, pues la gran mayoría de los chilenos y chilenas vive con la mitad de eso durante el mes… ¿clase media?, tómese un tiempo y reflexione, pues entenderá que la llamada -clase media- es un invento político para desarrollar políticas públicas en un espacio confuso en donde sólo ganan los que enredan todo, usted ya sabe; “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

“Un colihue es muy delgado
y muy fácil de quebrar
pero si juntamos varios
son difíciles de doblar”
(Quilapallún)

No sólo nos han confundido para desclasarnos (no sentirnos parte del grupo social que somos y por ende evitan la unidad en demandas sociales), sino también han tergiversado el concepto de solidaridad (ser parte de una causa para el bien común), disfrazando a la caridad con sus ropajes. Hoy la virtud de la solidaridad no está atada a una capacidad de estar conscientes de la realidad social cotidiana, sino que tiene que ver con momentos, con instantes de demanda caritativa que nos hace movernos por algunas horas de nuestra zona cómoda para ir a ayudar a los demás o para entregar parte del dinero que nos sobra a otros que nunca les ha sobrado y seguramente nunca les sobrará, hoy la solidaridad no se relaciona con una forma de vida que agrega a la sociedad como componente de mis decisiones, sino más bien tiene que ver con un necesario lavado de conciencia dentro de nuestra vida individualista. Insisto, cuando sacamos el acento de las personas para ponerlo en las cosas, nuestra forma de construir civilización cambia radicalmente, esta deshumanización de la sociedad, esta cosificación de la existencia conlleva una sociedad depresiva que no es capaz de diferencia el placer (momento de alegría) de la felicidad (postura positiva ante la vida).

“…abordemos la alegría y la felicidad tal como la entendemos desde una perspectiva mundana… la buena salud, por ejemplo, se considera un elemento necesario para una vida feliz. Otra fuente de felicidad son nuestras posesiones materiales o el grado de riqueza que acumulamos. Y también amistades y compañeros. Todos reconocemos que, para disfrutar de una vida plena, necesitamos de un círculo de amigos con los que podamos relacionarnos emocionalmente y en los que podamos confiar.

Todos estos factores, de hecho, son fuentes de felicidad, pero para que un individuo pueda utilizarnos plenamente con el propósito de disfrutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo… si los utilizamos de forma positiva, éstas pueden transformarse en factores que contribuyan a alcanzar una vida más feliz. Y, naturalmente, disfrutaremos de nuestras posesiones materiales, éxito, etcétera… pero cuando uno se siente infeliz, o frustrado, el bienestar físico no es de mucha ayuda. Aún teniendo posesiones maravillosas, en un momento de intenso cólera o de odio nos gustaría tirar todo por la borda, romperlo todo. En ese momento las posesiones no significan nada. En la actualidad hay sociedad materialmente muy desarrolladas en que las personas en las que mucha gente no se siente feliz. Por debajo de la brillante superficie de la opulencia hay una especie de inquietud que conduce a la frustración, a las peleas innecesarias, a la dependencia de drogas o del alcohol y, en el peor de los casas, al suicidio. No existe pues, garantía alguna de que la riqueza pueda proporcionar, por sí sola, la alegría o la satisfacción que se buscan. Los mismo cabe decir de los amigos… Cuando se carece de la disciplina interna que produce la serenidad mental no importan las posesiones o condiciones externas, ya que estas nunca proporcionarán  a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Por otro lado, si se posee esta cualidad interna, la serenidad mental y la estabilidad interior, es posible tener una vida gozosa, aunque falten posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesarias para alcanzar la felicidad” (Dalai Lama, “El Arte de la Felicidad”. 2010)


Hace tres años, cuando fundé la ONG Red Odontológica Solidaria (REDOS), habían mares de voluntarios y voluntarias tratando de hacer algo por los demás, empresas e instituciones aparecían en pantalla llamando a sumarse a la gran obra de la reconstrucción, llantos, congoja y tiritones de mentón al ver las imágenes de gente que vivía (¿o vive aún?) con dolor de haber perdido lo poco y nada que tenía. Para esa fecha qué fácil fue conseguir recursos, voluntarios y visualización mediática para la labor que hacía la REDOS, pero hoy la cosa es distinta. Los pobres existen en la periferia, y los escondemos de los caminos hacia al trabajo y la casa, no se ven, la idea es la imagen por sobre todo, la belleza plástica por sobre la realidad nacional, lo superficial en vez de vivir la realidad del Chile profundo, es hacer de la marginalidad algo que tiene que ver con la delincuencia y no con una sociedad que crece en base a las desigualdades educativas y de oportunidades.

Hoy me encuentro feliz por haber logrado gestionar un operativo dental solidario para los sectores rurales de la comuna de Yumbel, unas 300 personas de escasos recursos se vieron beneficiadas con el trabajo de una cuarentena de voluntarias y voluntarios que se ducharon con agua fría y pusieron de su propio bolsillo dinero para ir en ayuda de los demás. Pero eso es sólo una foto en la vida de ellas y ellos, una foto que quizás solo sea un recuerdo en el tiempo de “cuando era estudiante” y se podía ser solidario, pues los apuros de la vida moderna nos empujan una vez titulados a dedicarnos a alcanzar nuestras metas personales y poco tiempo tenemos para dedicarle tiempo a los demás, incluso a la propia familia. 

Sé que es difícil vivir una vida que equilibre lo propio con lo ajeno, pues para poder pensar y vivir con los demás significa inmediatamente tener menos capacidad de acumular cosas, se aleja el éxito material pues los logros de nuestras habilidades pasan a ser un bien colectivo y no propio, y ello atenta directamente contra el sentido mismo de nuestro modelo socio económico que empuja a pensar sólo en uno mismo y a poder escalar lo más posible en los estratos sociales.

Hoy en día es difícil conseguir dentistas titulados para los operativos, pero es más fácil conseguir el dinero para las donaciones, pues el tiempo es más caro. Sumando y restando entregar $25.000 una vez al año para un operativo REDOS es bastante más simple que cancelar pacientes por dos días para ir a trabajar gratis por el mismo tiempo. Lo comprendo, pues hay que mantener la vida que se ha querido llevar, las cuentas son altas y la calidad de vida de la familia no se pondrá en riesgo por un operativo social. Una vez que se ha alcanzado un estatus social cómodo y con ciertos lujos, bajar de ahí será casi imposible, no porque no se pueda, sino porque simplemente se debería responder ante el juicio público, que escrutará las causas y pasarán pensamientos externos en tonos de haber fracasado. 

A pesar de las dificultades ante este capital humano sin tiempo para ser solidarios pero con disposición de ser caritativos, seguiré adelante con el cometido de la REDOS, pues por muy complejo que se haga, es necesario que exista un espacio honesto donde jóvenes puedan, quizás, encontrarle otro sentido a la vida, más humano y menos material. Pues en esta ONG no estamos lavando imágenes de empresas educativas y no seleccionamos voluntarios según un perfil de “necesidad de la empresa” como se realizan en otros lados. Fundé una organización de ayuda social pero inversa, donde las personas beneficiarias y sus realidades enseñen a los jóvenes que la dignidad y la decencia no tienen que ver con la riqueza, sino con la pureza del corazón de quien existe al lado de uno, fundé esta organización para que no existan diferencias de clases, de edad, creencia o pensamiento político dentro de ella, porque en la REDOS somos todos hermanas y hermanos, dentistas, estudiantes y técnicos sin ninguna diferencia más que nuestras propias capacidades.

Personalmente decidí hace unos 7 años vivir una vida sencilla, abandoné el deseo de llegar a algún lugar mediante las cosas, sino que mediante mis actos. He aprendido que la verdadera libertad comienza una vez que somos capaces de romper las cadenas de las imposiciones sociales, burlar al sistema siendo más humanos y menos máquinas. He aprendido que la felicidad no se busca, sino que se ejerce, que es más una postura frente a la vida y no un estado de ánimo pasajero. He aprendido que los verdaderos lujos son la amistad, el tiempo libre, el espacio de ocio para pensar, leer y escribir. He aprendido a mis 31 años que aún existen personas con capacidad de pensar en los demás al mismo tiempo que piensan en ellos mismos y la REDOS es uno de tantos espacios donde podemos hacer coincidir colegas y estudiantes que ven la vida, no como una carrera contra los demás, sino como un viaje colectivo hacia la trascendencia.