lunes, 18 de marzo de 2013

Teatro Regional y la Cultura y Arte desde abajo.




La construcción de un Teatro Regional para "fomentar la cultura" comete el mismo error práctico que la de hacer un estadio -a la europea- para "fomentar el deporte". Al parecer la clase política en el siglo XXI sigue con su perfil snob eurocéntrico de la burguesía del siglo XX y XIX, tratando de parecer los “tigres de América Latina” por la magnitud de sus obras más que por la profundidad y efectividad social que alcanzan sus políticas en materia de cultura y deportes.

No cabe duda que las artes y la cultura, en su más amplio espectro, son fundamentales para desarrollar una sociedad equilibrada e integral. Ahora bien, la cultura tiene que ver con la civilización humana y sus formas, el arte es una extensión de la expresión humana en un lenguaje propio y por ende, el acceso a ella no solo tiene que ver con la gratuidad de los espectáculos para los más vulnerados de nuestra sociedad, sino también tiene que ver con que las capas sociales más pobres tenga acceso a desarrollar arte y cultura, a generar expresiones propias de su vida y realidad como medio para desarrollar su espiritualidad y para relacionarse con el entorno.

Debemos pasar la etapa populista de los espectáculos gratuitos para los más pobres. Saltar de la caridad cultural a la producción cultural popular, es decir; crear y financiar los espacios sociales adecuados para que se desarrolle arte y cultura desde los barrios y las diferentes comunidades hacia fuera. Hoy la cultura tiene una verticalidad descendente, y propongo que haya una verticalidad ascendente que propenda hacia la transversalidad de la construcción socio-cultural de nuestro país. Es hora de que los niños y niñas de las escuelas no sólo sean llevados de paseo un par de veces en sus 14 años de formación formal al teatro, sino que ellos puedan vivir (no sólo consumir) el teatro, la pintura, la música y la poesía desde su propia escuela o liceo. Pasar, de la entrada gratuita a un espectáculo de fin de año a las y los vecinos más vulnerados, a poblaciones y organizaciones de base que aprendan y construyan arte como parte de sus vidas, como vía de expresión espiritual o de comunicación de sus realidades.
Un tremendo teatro regional, centralizado en la capital del Bio Bío, no es una mala idea si es que la reproducción y consumo de cultura y arte se ha democratizado previamente. Pero será una pérdida de recursos si es que se utiliza para “fomentar la cultura regional”, porque no lo hará. Un teatro por sí mismo no hace que más gente vaya al teatro, haga o entienda teatro. Abrir una nueva galería de arte no hace que las masas sociales sepan más de arte y construyan arte. Si de verdad buscamos democratizar el acceso y la producción de cultura, debemos partir desde abajo y desde temprano, de los barrios y desde las escuelas. Si queremos una sociedad equilibrada, igualitaria en el derecho a la expresión artístico-cultural, los recursos frescos se deben inyectar en apoyo a los centros comunitarios, escuelas y liceos, juntas de vecinos y grupos juveniles. Si comenzamos desde la base social y no desde el vértice, más personas podrán ser parte de la construcción de las expresiones espirituales de nuestra sociedad y podremos decir que se está fomentando participativamente el arte y la cultura sin exclusiones.

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