lunes, 5 de diciembre de 2016

Educación sexual laicista y aumento del VIH en jóvenes

Este año el Hospital Clínico de la Universidad de Chile expone que aumentó en un 68,7 % el número de jóvenes contagiados por VIH en la última década, en el rango entre 15 y 24 años de edad. Esto nos obliga a poner en duda la eficacia de las campañas impulsadas por los gobiernos para educar sexualmente a nuestros jóvenes. Es más, en el grupo entre 15 y 19 años el alza de contagios ha sido de 125%. Esta cifra expone que el mayor riesgo de contagio es durante la vida sexual escolar.
Dentro de las responsabilidades del Ministerio de Salud (MINSAL) y por ende, de las secretarías regionales de gobierno (SEREMIS), está la de cuidar la salud de la población ya sea garantizando el acceso a una atención oportuna y de calidad, así como también promoviendo y educando a la ciudadanía sobre hábitos responsables para nuestro propio autocuidado. Este deber gubernamental de las instituciones políticas de salud se debe complementar y articular con el Ministerio de Educación (MINEDUC), dado que, como ya vimos más arriba, es en la vida sexual escolar donde se observa el aumento más significativo de contagio de VIH. Lamentablemente hemos podido observar cómo, con una insistencia absurda cargada de moralina, algunos padres y madres, junto con organizaciones conservadoras de carácter religioso, se han opuesto y resistido a una educación sexual seria y sin pudores infantiles para nuestros jóvenes que son el grupo de mayor riesgo de contagio tal como lo exponen los datos entregados. Recordemos que hace muy pocos meses la Ilustre Municipalidad de Santiago desarrolló un manual de sexualidad para jóvenes escolares que se basaba en preguntas que los mismos estudiantes realizaron, y por lo tanto, responde única y exclusivamente a la realidad que ellos enfrentan en el día a día. El escándalo montado por grupos religiosos ultra conservadores así como también por políticos que son incapaces de comprender la realidad sexual sanitaria del Chile en el siglo XXI, nos expone que la mayor dificultad que se ha tenido hasta el momento para poder educar sexualmente a nuestros adolescentes es la carga moral conservadora que se le aplica a la sexualidad, transformando una conducta natural y espontánea de nuestra existencia en un tema tabú, cargándola de culpa infantil y de castigos confesionales que no conducen a un mayor control por parte de las y los jóvenes sobre su cuerpo y deseos sexuales, sino todo lo contrario, construyen mitos que pocas herramientas les dan para manejar su sexualidad con responsabilidad. Ante esta realidad es importante que la postura laica del Estado tenga la fortaleza suficiente para superar las presiones de los grupos conservadores, pues el contagio del VIH está en una situación de descontrol y ello nos apura en tomar medidas concretas e inmediatas para evitar que las cifras de contagio sigan creciendo. No cabe duda que la educación sexual debe llevar con ella valores que permitan asociarla con el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, abordando la diversidad de nuestra especie en conductas sexuales. Las y los jóvenes chilenos se inician sexualmente de manera más temprana que hace dos o tres décadas atrás y en base a esa realidad es la que se deben tomar medidas urgentes para entregarles la mayor cantidad de herramientas cognitivas y sanitarias para que puedan desarrollar su vida sexual con responsabilidad y confianza, pues la culpa y los castigos espirituales no van a poder frenar una realidad ya implantada en nuestro presente. Todo lo anterior no significa que la sexualidad de la especie humana no deba asociarse a los afectos y valores, pero si vamos a preocuparnos por ello deberíamos atacar el machismo sexual que impera en los medios de comunicación que cosifica, hiper-erotiza e instrumentaliza a la mujer, pues es cosa de mirar un par de propagandas para ver cómo se usa al género femenino a modo de herramienta sexual de enganche para variados productos comerciales y musicales. La crisis valórica no está en el sexo de los jóvenes, sino en el significado cosificado que la sociedad hace de ello.