miércoles, 4 de junio de 2014

Un Meteorito

Ni somos libres, ni somos pueblo, ni somos ciudadanos, ni somos dignos, ni somos felices, ni somos trabajadores. Ilusión, detrás del voto, detrás de la televisión, detrás de tu sueldo, detrás de los plásticos y pantallas sensibles, no hay nada. Un vacío maquillado, una trampa a la que caemos con naturalidad porque nos resignamos a ser presas. No hay llama ni pasión en los espacios comunes, silencios e indiferencias, desconfiamos y ponemos llave a todo, hasta a nosotros mismos. Controles y botones gobiernan a las bicicletas y pelotas, crédito y al alcohol son las vías de evacuación que te conducen al inicio de toda la tragedia. El capitalismo se ha quedado y no se va a ir, pues la izquierda se capitalizó y las minorías no logran ni siquiera ponerse de acuerdo entre ellas. La educación está afinada para nutrir con las carnes futuras que alimentarán la máquina de fabricación de dinero y poder, que se utiliza para controlar y gobernar a los esclavos que producen sus propios grilletes y hasta tienen que comprarlos. No hay esperanza de libertad porque no hay búsqueda de respuestas, la violación es rutina, se nos desensibilizó el ano, la entrepierna sabe de abusos y aprendió a convivir con él. La queja sirve para sentir una comodidad que se evapora con la misma velocidad que retorna la amargura profunda de vivir en una esperanza eterna de que en algún momento se sentirá satisfacción y plenitud, "siga participando". Pero si llega ese momento de extingue todo, la felicidad no es opción, sería una tragedia, un mundo de personas felices no temen, y si no se teme no se puede usar el miedo. Pero todos temen, cuidan los trabajos y los asientos en la sala de clases, así nos tienen de los cocos, apretándonos con las manos del ejército nuestras gónadas, hasta que nuestro dolor y sangre toma más relevancia que la utopía y volvemos a resignarnos al sometimiento y a besar el plomo y la tarjeta plástica de los gobernantes que se ríen de dios y de la democracia. Se ríen porque saben que la muchedumbre duerme en un onanismo eterno de materia por sobre espíritu. Quizás sólo un meteorito nos ayude