miércoles, 19 de marzo de 2014

Si algún hijo o hija me preguntara sobre el consumo de drogas le diría:



Si algún hijo o hija me preguntara sobre el consumo de drogas le diría:

"El consumo de drogas es algo natural en la especie humana y se realiza desde que hay registro de sociedades. Así como Jesús usó la droga alcohol en sus rituales y los chamanes de centroamérica usan la ayahuasca, hoy las personas usan las drogas para muchos fines, desde la recreación, la salud hasta a la evasión de problemas en casos de personas con problemas personales y autoestima baja. Algunos las compran en las farmacias y se la dan los doctores, otras se compran en los supermercados o quioscos en la calle e incluso algunas las puedes producir en tu casa si son plantas. Si vas a consumir una debes saber cómo funcionan y qué efectos te van a producir, así como las consecuencias físicas y psicológicas que te pueden causar si abusas de ellas. Yo por ejemplo uso dos drogas; el alcohol porque me pone contento y me anima las reuniones sociales y, la marihuana porque me relaja y me ayuda a dormir mucho mejor. Me gustaría que evitaras el tabaco, el cigarrillo, porque es muy tóxico y no genera ningún beneficio para la salud, en cambio si usas el alcohol con moderación y la cannabis con responsabilidad, podrás disfrutar de esas sustancias sin grandes problemas. Si en algún momento notas o sientes que necesitas mucho de la sustancia para sentirte bien, que te cuesta disfrutar la vida sin ellas, tienes un problema de salud, pues te has hecho adicto a la sustancia y debes dejar de consumirla con ayuda de un médico y el apoyo de tu familia. Hay otras drogas como la cocaína, la heroína o la pasta base que son muy peligrosas (tanto como el tabaco) y es mejor que no las pruebes porque no vale la pena y el riesgo de usarlas. Ahora si no quieres usar drogas, mejor, no tienes que demostrarle nada a nadie, pues no todas las personas las necesitan... así hay gente que no bebe, no fuma y no toma pastillas, ... o lo contrario como algunas de tus tías que se toman varias drogas en pastillas por la mañana y por la noche para andar bien. Si quieres experimentar déjame que te acompañe y te enseñe a usar las plantas de poder o los líquidos que logramos al fermentar fruta, así aprenderás a conocer cómo te relacionas con estas sustancias."

Prohibir no es educar.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Error y aprendizaje

El aprendizaje profundo sobre algo, es decir, saber qué es, para qué es y cómo es en su función, requiere la ocurrencia de dos fenómenos del mismo evento pero en grados distintos; el error y el acierto.
El proceso educativo consiste en una oscilación de acciones mentales (ideas) y de acciones concretas (hacer) que cambian de gradualidad según la realidad que hemos decidido aceptar como -verdad-; el estar consciente en lo correcto y el estar consciente del equivocarse son lo mismo, aprendizaje.
Lamentablemente en nuestra cultura el -error- ha sido llevado a un plano de carencia de virtud, como algo dañino. Se trata de evitar porque se le teme y condena, perdiendo con ello la capacidad de extraer el contenido útil de un fallo en nuestras ideas o acciones. Si se le teme al error, si nos afligimos frente a la posibilidad de fallar, comenzamos a desarrollar una vida -sobre segura-, carente de espacios de exploración, duda, creatividad y sorpresa, condiciones fundamentales para ser felices. Abandonamos el poder de la incertidumbre y desechamos las cualidades de la sorpresa, de la experimentación del presente sin prejuicios, deseos y aprensiones, sino que pasamos a una vida imaginaria (mental) que intenta llevar todo a un futuro donde el éxito es la única constante, "ir bien" es hacer todo bien desde el primer intento. Como todo esto anterior no es parte de la contundente realidad, se vive sin aprender a vivir en libertad de descubrir quién soy y para qué soy. Hoy al temerle al error, nos encarcelamos en una aprendizaje robótico, rígido, donde el estudiante debe ponerle barreras a su imaginación y curiosidad. Debe responder según lo que se ha establecido como acierto, no más allá ni menos, evitando con esto adquirir las habilidades para impulsar una vida construida en base a nuestra experiencia, sino que debemos construirla en base a las experiencias de los demás y sus miedos.
Es importante poner al -error- en el espacio que le corresponde dentro del proceso de aprendizaje académico o de la vida misma. Si incorporamos al -error- dentro de las virtudes, separándolo de la desidia y la negligencia, volveremos a abrir las puertas al aprendizaje profundo, sabremos cómo se logran y también como no se logran los objetivos, podremos recuperar lo importante de nuestros fracasos, construyendo con ello un piso más sólido para volver a comenzar a intentarlo. Ser conscientes y positivos frente al fallar, no caeremos en estados emocionales pesimistas, castigadores y contenidos, sino que podremos experimentar energía, impulso y desborde de entusiasmo, pues hemos podido experimentar una cara del fenómeno, pudiendo con ello comenzar a experimenta la otra, la que realmente buscamos.
Invito a las y los profesores, docentes, trabajadores sociales, dirigentes y a toda persona que ocupe un espacio de referencia para otros, que comprendan, que existe una diferencia enorme entre -corregir- y -conducir- un proceso de aprendizaje. No corrijan destacando el error, sino que conduzcan, expongan positivamente las cuestiones que componen el fenómeno y llévenlas con habilidad a otro plano de pensamiento, e inviten a sus alumnos a explorar ahí ahora la respuesta a sus dudas. Si superamos el estigma del -error- y si desarrollamos la habilidad de -conducir- el viaje por el conocimiento y la experiencia, estaremos sin lugar a dudas, abarcando lo amplio que es el concepto de aprendizaje, formando personas con capacidad de fracasar sin sentirse culpables o defectuosos.

 

miércoles, 5 de marzo de 2014

¿Se puede conducir un proceso de aprendizaje sin atender primero los estados emocionales del educando y el educador?

La respuesta sería no, y acá el por qué.

Las emociones anteceden a los razonamientos pues se razona según nuestra emoción y no al revés (Teoría propuesta por Humberto Maturana).

Si la comunicación se da entre, mínimo, dos personas, éstas deberían estar sintonizadas emocionalmente para que el entendimiento fluya.

Por eso conversar es una danza, una coordinación de emociones entre dos observadores independientes que fluyen amorosamente (en respeto por el otro) en la conformación de un consenso que llamaremos "verdad".

En conclusión, si quiero que un otro entienda un pensamiento que he desarrollado, primero debería generar un ambiente que provoque la capacidad de sintonizar las emociones, un puente de empatía, que permita la posibilidad de la comprensión de la idea que deseo expresar.