miércoles, 5 de marzo de 2014

¿Se puede conducir un proceso de aprendizaje sin atender primero los estados emocionales del educando y el educador?

La respuesta sería no, y acá el por qué.

Las emociones anteceden a los razonamientos pues se razona según nuestra emoción y no al revés (Teoría propuesta por Humberto Maturana).

Si la comunicación se da entre, mínimo, dos personas, éstas deberían estar sintonizadas emocionalmente para que el entendimiento fluya.

Por eso conversar es una danza, una coordinación de emociones entre dos observadores independientes que fluyen amorosamente (en respeto por el otro) en la conformación de un consenso que llamaremos "verdad".

En conclusión, si quiero que un otro entienda un pensamiento que he desarrollado, primero debería generar un ambiente que provoque la capacidad de sintonizar las emociones, un puente de empatía, que permita la posibilidad de la comprensión de la idea que deseo expresar.




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