martes, 26 de febrero de 2013

Nosotros v/s Yo.




“El niño es pequeño y encierra al hombre; el cerebro es estrecho y abriga el pensamiento, el ojo no es más que un puntito y abarca leguas”
(Alejandro Dumas en “La dama de las camelias”)

Evidente es que vivimos en una sociedad donde el individualismo es imperante, y cómo no, si el motor del desarrollo es la competencia (vencer a los demás) y la imagen de la felicidad viste de bienes-cosas y exclusividad. El snobismo es una tendencia transversal, todos desean tener, poseer o vivir una experiencia de la clase social superior, donde radicaría el éxito y por ende la felicidad; el más pobre alcanza a adquirir bienes electrónicos mediante la deuda con las casas comerciales y financieras, la clase media aspiracional busca casas en barrios exclusivos o autos con el mayor lujo posible hipotecando su sueldo con los bancos y la clase alta, mira hacia abajo a los de -sombrero de medio pelo- que intentan parecerse a ellos. Es patético, triste y socialmente nefasto, pues el poner las cosas por sobre el ser humano y la sociedad, produce una castración de nuestra capacidad de encontrarnos a nosotros mismos y de encontrar en los demás a un compañero de vida y no a un competidor, además que induce a políticas públicas que posicionan a la persona como un activo comercial y no como un fin en sí mismo.

“La preocupación por el neosiútico subsiste en el segmento del tope, aquel diez por ciento con memoria histórica y poder centenario que se da cuenta de la ansias que recorren las calles de El Golf, que se encumbran por Gran Vía, que ascienden y descienden por La Dehesa, se alejan hacia Chicureo, suben a la nieve, bajan a la playa, enfrentan miradas suspicaces de Zapallar, compran lo que pueden en Alonso de Córdova y viajan por el mundo con Chile en la cabeza, como una costra que no termina de secarse y un dolor que solo siente algo de alivio cuando encuentra un truco necesario para anestesiarlo.

El neosiútico por lo general tiene más poder y es más prepotente que el siútico del siglo XX…. La riqueza nueva es una riqueza sin pudor, que por ser independiente de sus apellidos y linaje necesita mostrarse y demostrarse. Lucirse, comprar, viajar, aprender, visitar. La riqueza nueva de un país subdesarrollado debe funcionar como un reflejo culposo del nuevo rico de un país desarrollado. Porque una cosa es ser nuevo rico en Francia o en Estados Unidos y otra es serlo en Paraguay, México, Brasil o Chile. Luce más el nuevo rico de Seattle que fraguó su fortuna a costa de un ingenio tecnológico inserto en el corazón de la modernidad que un nuevo rico en el ejercicio financiero en una sociedad del tercer mundo… Se podría especular que la riqueza nueva del tercer mundo exige más explicaciones o genera más culpas, y es más vulnerable al temor que provoca aquel mundo marginal que habita entre la casa y el aeropuerto, que seguramente mirará la excesiva prosperidad ajena con un sentimiento similar a la envidia, parecido al resentimiento y cercano al odio.

Así pues, durante las últimas décadas en Chile no solo apareció la ebullición piadosa en el horizonte de los más favorecidos, también se ampliaron las fórmulas de distinción y vivimos un remezón en la forma de percibir las diferencias sociales de los estratos inferiores”. (Oscar Contardo, “Siútico. Arribismo, abajismo y vida social en Chile”. 2010)

Durante mi experiencia con jóvenes de clase alta, me doy cuenta que muchos de ellos se definen como clase media y ello refleja lo poco conscientes que son de la realidad país. En Chile según datos entregados por la Fundación Sol y el INE, uno de cada dos trabajadores en este país gana menos de $220.000 y el 80% gana menos de $700.000. Si lo piensan bien, la mensualidad para estudiar odontología en una universidad privada es el sueldo que recibe la gran mayoría de los trabajadores de nuestro Chile querido. La clase media corresponde a un promedio de $150.000 mensual por persona al interior de una familia. Es decir, una familia de cuatro integrantes que vive con 1 millón de pesos mensuales se encuentra dentro del 20% más rico de este país, pues la gran mayoría de los chilenos y chilenas vive con la mitad de eso durante el mes… ¿clase media?, tómese un tiempo y reflexione, pues entenderá que la llamada -clase media- es un invento político para desarrollar políticas públicas en un espacio confuso en donde sólo ganan los que enredan todo, usted ya sabe; “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

“Un colihue es muy delgado
y muy fácil de quebrar
pero si juntamos varios
son difíciles de doblar”
(Quilapallún)

No sólo nos han confundido para desclasarnos (no sentirnos parte del grupo social que somos y por ende evitan la unidad en demandas sociales), sino también han tergiversado el concepto de solidaridad (ser parte de una causa para el bien común), disfrazando a la caridad con sus ropajes. Hoy la virtud de la solidaridad no está atada a una capacidad de estar conscientes de la realidad social cotidiana, sino que tiene que ver con momentos, con instantes de demanda caritativa que nos hace movernos por algunas horas de nuestra zona cómoda para ir a ayudar a los demás o para entregar parte del dinero que nos sobra a otros que nunca les ha sobrado y seguramente nunca les sobrará, hoy la solidaridad no se relaciona con una forma de vida que agrega a la sociedad como componente de mis decisiones, sino más bien tiene que ver con un necesario lavado de conciencia dentro de nuestra vida individualista. Insisto, cuando sacamos el acento de las personas para ponerlo en las cosas, nuestra forma de construir civilización cambia radicalmente, esta deshumanización de la sociedad, esta cosificación de la existencia conlleva una sociedad depresiva que no es capaz de diferencia el placer (momento de alegría) de la felicidad (postura positiva ante la vida).

“…abordemos la alegría y la felicidad tal como la entendemos desde una perspectiva mundana… la buena salud, por ejemplo, se considera un elemento necesario para una vida feliz. Otra fuente de felicidad son nuestras posesiones materiales o el grado de riqueza que acumulamos. Y también amistades y compañeros. Todos reconocemos que, para disfrutar de una vida plena, necesitamos de un círculo de amigos con los que podamos relacionarnos emocionalmente y en los que podamos confiar.

Todos estos factores, de hecho, son fuentes de felicidad, pero para que un individuo pueda utilizarnos plenamente con el propósito de disfrutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo… si los utilizamos de forma positiva, éstas pueden transformarse en factores que contribuyan a alcanzar una vida más feliz. Y, naturalmente, disfrutaremos de nuestras posesiones materiales, éxito, etcétera… pero cuando uno se siente infeliz, o frustrado, el bienestar físico no es de mucha ayuda. Aún teniendo posesiones maravillosas, en un momento de intenso cólera o de odio nos gustaría tirar todo por la borda, romperlo todo. En ese momento las posesiones no significan nada. En la actualidad hay sociedad materialmente muy desarrolladas en que las personas en las que mucha gente no se siente feliz. Por debajo de la brillante superficie de la opulencia hay una especie de inquietud que conduce a la frustración, a las peleas innecesarias, a la dependencia de drogas o del alcohol y, en el peor de los casas, al suicidio. No existe pues, garantía alguna de que la riqueza pueda proporcionar, por sí sola, la alegría o la satisfacción que se buscan. Los mismo cabe decir de los amigos… Cuando se carece de la disciplina interna que produce la serenidad mental no importan las posesiones o condiciones externas, ya que estas nunca proporcionarán  a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Por otro lado, si se posee esta cualidad interna, la serenidad mental y la estabilidad interior, es posible tener una vida gozosa, aunque falten posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesarias para alcanzar la felicidad” (Dalai Lama, “El Arte de la Felicidad”. 2010)


Hace tres años, cuando fundé la ONG Red Odontológica Solidaria (REDOS), habían mares de voluntarios y voluntarias tratando de hacer algo por los demás, empresas e instituciones aparecían en pantalla llamando a sumarse a la gran obra de la reconstrucción, llantos, congoja y tiritones de mentón al ver las imágenes de gente que vivía (¿o vive aún?) con dolor de haber perdido lo poco y nada que tenía. Para esa fecha qué fácil fue conseguir recursos, voluntarios y visualización mediática para la labor que hacía la REDOS, pero hoy la cosa es distinta. Los pobres existen en la periferia, y los escondemos de los caminos hacia al trabajo y la casa, no se ven, la idea es la imagen por sobre todo, la belleza plástica por sobre la realidad nacional, lo superficial en vez de vivir la realidad del Chile profundo, es hacer de la marginalidad algo que tiene que ver con la delincuencia y no con una sociedad que crece en base a las desigualdades educativas y de oportunidades.

Hoy me encuentro feliz por haber logrado gestionar un operativo dental solidario para los sectores rurales de la comuna de Yumbel, unas 300 personas de escasos recursos se vieron beneficiadas con el trabajo de una cuarentena de voluntarias y voluntarios que se ducharon con agua fría y pusieron de su propio bolsillo dinero para ir en ayuda de los demás. Pero eso es sólo una foto en la vida de ellas y ellos, una foto que quizás solo sea un recuerdo en el tiempo de “cuando era estudiante” y se podía ser solidario, pues los apuros de la vida moderna nos empujan una vez titulados a dedicarnos a alcanzar nuestras metas personales y poco tiempo tenemos para dedicarle tiempo a los demás, incluso a la propia familia. 

Sé que es difícil vivir una vida que equilibre lo propio con lo ajeno, pues para poder pensar y vivir con los demás significa inmediatamente tener menos capacidad de acumular cosas, se aleja el éxito material pues los logros de nuestras habilidades pasan a ser un bien colectivo y no propio, y ello atenta directamente contra el sentido mismo de nuestro modelo socio económico que empuja a pensar sólo en uno mismo y a poder escalar lo más posible en los estratos sociales.

Hoy en día es difícil conseguir dentistas titulados para los operativos, pero es más fácil conseguir el dinero para las donaciones, pues el tiempo es más caro. Sumando y restando entregar $25.000 una vez al año para un operativo REDOS es bastante más simple que cancelar pacientes por dos días para ir a trabajar gratis por el mismo tiempo. Lo comprendo, pues hay que mantener la vida que se ha querido llevar, las cuentas son altas y la calidad de vida de la familia no se pondrá en riesgo por un operativo social. Una vez que se ha alcanzado un estatus social cómodo y con ciertos lujos, bajar de ahí será casi imposible, no porque no se pueda, sino porque simplemente se debería responder ante el juicio público, que escrutará las causas y pasarán pensamientos externos en tonos de haber fracasado. 

A pesar de las dificultades ante este capital humano sin tiempo para ser solidarios pero con disposición de ser caritativos, seguiré adelante con el cometido de la REDOS, pues por muy complejo que se haga, es necesario que exista un espacio honesto donde jóvenes puedan, quizás, encontrarle otro sentido a la vida, más humano y menos material. Pues en esta ONG no estamos lavando imágenes de empresas educativas y no seleccionamos voluntarios según un perfil de “necesidad de la empresa” como se realizan en otros lados. Fundé una organización de ayuda social pero inversa, donde las personas beneficiarias y sus realidades enseñen a los jóvenes que la dignidad y la decencia no tienen que ver con la riqueza, sino con la pureza del corazón de quien existe al lado de uno, fundé esta organización para que no existan diferencias de clases, de edad, creencia o pensamiento político dentro de ella, porque en la REDOS somos todos hermanas y hermanos, dentistas, estudiantes y técnicos sin ninguna diferencia más que nuestras propias capacidades.

Personalmente decidí hace unos 7 años vivir una vida sencilla, abandoné el deseo de llegar a algún lugar mediante las cosas, sino que mediante mis actos. He aprendido que la verdadera libertad comienza una vez que somos capaces de romper las cadenas de las imposiciones sociales, burlar al sistema siendo más humanos y menos máquinas. He aprendido que la felicidad no se busca, sino que se ejerce, que es más una postura frente a la vida y no un estado de ánimo pasajero. He aprendido que los verdaderos lujos son la amistad, el tiempo libre, el espacio de ocio para pensar, leer y escribir. He aprendido a mis 31 años que aún existen personas con capacidad de pensar en los demás al mismo tiempo que piensan en ellos mismos y la REDOS es uno de tantos espacios donde podemos hacer coincidir colegas y estudiantes que ven la vida, no como una carrera contra los demás, sino como un viaje colectivo hacia la trascendencia.

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