martes, 16 de diciembre de 2008

Anti - reflexión


Las reflexiones tienen fines varios, algunos prácticos, otros no tanto quizás, como la satisfacción de la curiosidad, búsqueda espiritual entre otras. Ahora bien, me pregunto por qué algunas personas reflexionan y otras no.
La capacidad de análisis de un ser humano está determinada por factores múltiples, entre los principales encontramos; la cantidad de palabras que maneja, su cúmulo de experiencias, su relación con el medio natural y social, su autoconocimiento y la claridad de sus objetivos.
La reflexión es claramente un proceso interno, voluntario que requiere de esfuerzo. Es un ejercicio cognoscitivo de comprensión del medio en un nivel superior en donde se utilizan las experiencias previas como materia prima.
Reflexionar es propio de un compromiso con las consecuencias de un acto, tanto de los propios como de los ajenos. Es a través de la unión de ideas, que confirmamos un red de situaciones ya vividas, que en base a nuestras experiencias, aspiraciones y valores conforman una nueva estructura mental de carácter resolutiva, en donde concluimos en un hecho como resultado de la acción-reacción observada y experimentada.
Reflexionar es natural en quienes asumen que las cosas no pasan como consecuencia del “destino” o como obra de una fuerza espiritual suprema. Es poder hacer interno lo acontecido de manera de lograr algún aprendizaje (estructura mental nueva) que en definitiva es una herramienta mental que nos permitirá tomar mejores decisiones antes situaciones similares en el futuro.
Ahora bien, si reflexionar es un acto tan beneficioso a los individuos y por ende a la comunidad en general, ¿Por qué no todos lo hacen? Responder esto es simple y penoso. Vivimos en un contexto comunitario en donde el pensar es prácticamente una pérdida de tiempo, externalizamos tal necesidad básica a terceros que hacen reflexiones por nosotros y que por ende toman decisiones por nosotros. Vivimos en el mundo de la comodidad, donde el “pajeo” mental es casi mal visto, transformándose esa persona en un “latero” o “jugoso” como denominaríamos idiosincrásicamente a tal personaje que “se las dá” de intelectual, como si no tuviera el derecho de usar su intelecto.
Este acto discriminatorio es propio del acuerdo social de no pensar, lo que libera a cualquiera de asumir algún grado de control en su vida y por consecuencia de tolerar la realidad de que los fracasos son consecuencia de nuestro accionar. No así de los logros en donde somos lo máximo y sagaces gestionadotes de nuestra escalada de éxito.
No reflexionar es un camino hacia la ignorancia interna, a alejarse de las repercusiones de mis actos. Libertad de culpa, reflejada en testimonios conformistas y enjuiciadores, “siempre me tienen que pasar estas cosas a mí, que tengo mala suerte”., “no logro mejorar porque el jefe tiene un preferido”, “siempre me tocan los hombres más malos”.
Esta irresponsabilidad está tan asumida que la gente no sabe que lo hace, todos creen que piensan, como si el hecho de que uno haga un acto cognitivo simple como recordar o rumiar algún hecho fuera un acto heroico.
La reflexión es el camino largo hacia el bienestar, requiere de tiempo, de esfuerzo, de disciplina y de conciencia. Necesita del ahogo del ego, de una alta autocrítica y hasta cierto grado de masoquismo.
La comunidad humana está dominada por gente que piensa y reflexiona en cómo puede seguir manteniendo sus privilegios con un mínimo esfuerzo. Bueno encontraron la mejor manera, disminuyendo la capacidad de reflexión de la población. No existe un sistema formador de individuos ricos cognitivamente, sino ricos en capacidad de recibir órdenes y de cumplir labores repetitivas.
Nadie ya sabe como funciona el sistema político local, en especial las generaciones nacidas en los 80 en adelante, criados bajo un sistema marchitador, una maquinaria embrutecedora que calza justo con los vicios mundanos de la parte oscura de la humanidad.
La emancipación de nuestra mente es un proceso de pura voluntad, nace de la fuerza misma de la convicción, de ese asco a la formación vacía, a la inconsistencia del todo y a la santidad de lo material.
Creo que si no logramos salir de esta, los libros de historia cambiarán del Homo Sapiens al Homo Televidensis entro otras especies, y los pensadores tendremos que migrar a nuestra Narnia o Nunca Jamás, quien sabe. Reflexionaré sobre eso.

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