jueves, 7 de octubre de 2010

La inquisición televisiva ha vuelto a Chile.

Ha comenzado la inquisición televisiva, era cosa de tiempo que manos  conservadoras separaran a criterio personal lo que es bueno y malo para los ciudadanos chilenos. Se ha golpeado el Estado Laico en la boca del estómago y muchos acusamos recibo con preocupación. Usar términos como “divinidad”, “blasfemia” e “imagen divina” como ladrillos para la construcción de una argumentación de censura, respecto de una parodia humorística, denota a leguas que el conservadurismo moral ha llegado al colador de la parrilla programática. De esta forma no será el público quien decida si ver o no un programa por su contenido, no será la propia persona del control remoto el que bajo su prisma valórico decida censurar un programa cambiando de canal, esos tiempos se acabaron. En estos momentos existe el nuevo Consejo Nacional de Televisión con paladines moralistas confesionales que decidirán por todos los chilenos, ya sean estos ateos, agnósticos, budistas, maometanos y/o católicos, librepensadores ¡arranquen!.
La nueva forma de censurar ha llegado, aunque de nueva no tiene nada, porque es una práctica milenaria el decidir por los demás, atentando contra el libre albedrío al obligarnos bajo visiones  dogmáticas lo que se debe ver, escuchar y decir so pena de llamas y azufres bajo tierra. Así como ridículamente se censuró en los años noventa la película “La última tentación de Cristo”, hoy se censura cristianamente una parodia humorística de lo que para muchos chilenos no es más que un personaje histórico y/o un gran líder espiritual. Esto es sólo la punta del iceberg que dormía en las profundidades de las mentes de los grupos conservadores, congelador de progresismo que ahora despierta estando en el poder. Se viene una avalancha de bloqueos, censuras, omisiones y desaprobaciones sobre temas que se alejen de la postura confesional del nuevo gobierno y de sus medios mandos dogmáticos. Estemos preparados, estimadas y estimados compatriotas para recibir más imposiciones dignas de siglos pasados, donde el paternalismo moral dirá qué es bueno y qué no es bueno para nosotros, el rebaño.

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