miércoles, 6 de julio de 2011

LA REVOLUCCIÓN EDUCACIONAL DE LA OLIGARQUÍA

Cuando se hace un llamado al diálogo se hace un reconocimiento al otro como un referente válido y además se asume que uno tiene la humana posibilidad de estar equivocado, sino, ¿para qué convocar al diálogo si desde un comienzo consideramos que estamos en lo correcto? Esto no significa caer en relativismo o en el anacrónico “consenso político” (que garantiza continuidad de lo previo pero con más burocracia), sino más bien es una disposición a cambiar si los argumentos del otro son razonables y se ajustan a nuestros pilares morales.

Dos posturas diferentes perfectamente pueden dialogar y construir en conjunto si se cumplen dos principios básicos de comunicación; confianza y respeto. Cuando estas condiciones no se dan, se produce una brecha entre las posturas donde por lo general predomina la más poderosa, que en el caso chileno, perfectamente podría no ser la mayoría ciudadana a pesar de estar dentro de un régimen llamado democrático y republicano.

Actualmente en Chile existe una brecha entre la sociedad civil y los poderes políticos del Estado. La democracia representativa/protegida (heredada de la dictadura militar) y la nula educación cívica/crítica curricular en la formación escolar, han logrado que la ciudadanía desprecie la cosa pública (política), voluntariamente en el primer caso e inconscientemente en el segundo. Esta pérdida de credibilidad en el uso de la política como herramienta se refleja claramente en la última encuesta CERC, donde el 89% de la población chilena no tiene confianza en las organizaciones políticas, el 83% cree que cada día los ricos son más ricos, sólo un 14% cree que le vamos ganando la batalla a la justicia social y el 57% de los chilenos y chilenas le cree poco o nada al presidente. Así pues no se cumple con el primer requisito: confianza.

El menosprecio al movimiento estudiantil y su caricaturización como “minoritarios” y “violentistas” mediante declaraciones de agentes de gobierno, es deslegitimar a una masa crítica autónoma como referente válido de las demandas emanadas desde las bases sociales. Es más, existe una evidente manipulación del lenguaje al intentar satanizar conceptos necesarios para la construcción de los temas país mediante declaraciones como  “el debate es muy ideologizado” o “no hay que politizar el asunto”, algo muy propio del gremialismo y de las clases coservadoras que necesitan mantener lo más alejado posible el conflicto de la mente de la sociedad civil (cosa de recordar la campaña presidencial de Lavín cuando él mismo se decía “no ser un político”). Esto es igual a que un abogado se queje de que la causa que el lleva se ha “judicializado” y que para que haya debate no debemos hablar de leyes o de asuntos jurídicos. Todo lo anterior es un desprecio o subestimación frente a la organización autónoma y la generación de propuestas país por parte de la ciudadanía y de los estudiantes, que demandan una nueva forma de construir sociedad mediante un sistema educativo que no esté determinado por el poder adquisitivo de las familias. En resumen, no hay respeto.

En este espacio de pérdida de confianza por la sociedad civil en la clase política y el menosprecio de ésta última por la primera, el presidente Sebastián Piñera ha hecho gala de una sordera y/o arrogancia propia de un sujeto que se estima por sobre la realidad, proponiendo por cadena nacional legalizar el lucro, piedra angular de las demandas estudiantiles desde el año 2006. Con este reconocimiento de la necesidad de “regular” el lucro se desprenden tres cosas cosas; primero, se da una señal de impunidad por parte del gobierno para las universidades que actualmente no cumplen con la ley (lo que lo hace cómplice de un delito evidente), segundo, se confirma la ideología liberal de mercado como motor de la educación chilena por parte de la clase dominante y tercero le cierra la puerta en la cara a los estudiantes y a la masa social que los apoya.

La “gran revolución en educación superior” prometida por este gobierno, no consiste más que en un paquete de medidas para perfeccionar el modelo desarrollado en dictadura. El concepto de equidad bajo esta lógica es que todo el mundo tenga acceso al crédito (o sea a endeudarse) para poder estudiar, independientemente de su nivel socio económico. Así entonces, la educación se considera como un bien de consumo, transable en la bolsa y que, según cuánto puedas pagar, es la calidad del “producto” que recibes. Pero la educación como producto es bien particular, no lo puedes cambiar si sale malo, es una compra que no es regulable por el SERNAC, es un negocio privado alimentado con dineros públicos (sin garantías ni devoluciones) y que además genera altas ganancias para la banca ¿cómo el lucro en educación no va a ser protegido y garantizado por los mismos dueños del capital y de las universidades?

La educación de calidad es un derecho humano garantizado por el Estado en todos los países desarrollados (y no tan desarrollados), independientemente de la ideología imperante. No importa el nivel social de tu familia, si tienes las habilidades y capacidades, el sistema es capaz de recoger aquellas virtudes y entregarte la mayor y mejor cantidad de herramientas para que te desarrolles como un hombre y mujer libre. Acá hablamos del capital humano que empuja el país, y de la única posibilidad de romper el círculo de la pobreza, base de cualquier sociedad para generar equidad y mejor distribución de los recursos.

Eliminar el lucro en la educación, es promover un país más justo y equitativo, es eliminar la condena de la cuna provocada por el poder económico de las familias chilenas. Actualmente nuestro sistema educativo no genera más equidad (la evidencia por 30 años habla por sí sóla), sino al contrario, fomenta la estratificación de clases y el estancamiento de la movilidad social. Mientras menos tienes más debes endeudarte, un buen negocio para algunos y una lápida en el destino de millones de jóvenes que no nacieron dentro del grupo de los privilegiados.

No me queda más que decir ¡NOS VEMOS EN LA MARCHA DEL 13 DE JULIO!

2 comentarios:

Nelsus dijo...

Pienso igual... el diálogo se da cuando las dos partes se aceptan entre sí y frente a frente como interlocutores válidos, proponiendo cada cual sus puntos de vista y dándose a sí mismos la oportunidad de que, producto de la interacción, se genere una retroalimentación que fomente la confianza mutua y haga que ambas opiniones, en conjunto, propendan a un objetivo en común... si alguno de los dos participantes se considera dueño de la verdad y carece además de respeto por el otro, no existirá instancia alguna de diálogo posible... y parece que así está la cosa, sobre todo si al final -y como siempre- el movimiento es tachado de "violentista" y la información real manipulada y tergiversada, para conveniencia de los mismos de siempre... Salu2!

Charles dijo...

wena pancho, te apoyo te apoyo, la cuestión de endeudarse loko es horrible, es autoimponerse la esclavitud, es hipotecar el presente...son terriblemente sucios.