viernes, 16 de septiembre de 2011

CUIDADO CON LA REVOLUCIÓN SOCIAL EXPRÉS



CUIDADO CON LA REVOLUCIÓN SOCIAL EXPRÉS

Soy partidario del concepto revolucionario, considero que es necesario pasar a otro estado social distinto al capitalismo, uno que no se sustente en la competencia entre los humanos, en la explotación de los más pobres y en la depredación desenfrenada de la naturaleza. Para eso necesitamos una revolución.

Los marxistas ortodoxos creyeron (y creen) que la economía y lo material determinan la sociedad, si se controla los medios de producción y se distribuye la riqueza equitativamente, el resto es cosa de tiempo. Gramsci, por su parte, amplió esa visión integrando componentes funcionales a la hegemonía por fuera del aparato del Estado, así, escribió en sus "cuadernos de la cárcel" sobre el rol de los medios de comunicación, de la escuela y de la religión, entre otros. No fue la izquierda quién entendió a este intelectual italiano, sino la derecha más dura.

Los propulsores del modelo ultra capitalista hicieron una revolución social en Chile, a la fuerza, pero la hicieron. Transformaron la educación hasta alejarla lo más posible de un enfoque libertario, se apropió y controló los medios de comunicación masivos para imponer la única y posible "verdad", se hizo del asistencialismo la droga de las clases bajas, hipnotizó a la pujante clase media para que aspiraran a vivir como burgueses y les abrió, inteligentemente, las puertas al crédito, ahora es el aspiracionismo el motor de la economía interna y la deuda la bencina. Nos llenaron de deseos inmediatos y nos hicieron olvidar nuestros sueños colectivos.

Es en esa sociedad donde algunos quieren hacer la revolución socialista ahora ya, en un país donde más del 80% de la población adulta no entiende lo que lee (Revista Creces, Abril 2001), donde 5.000.000 de ciudadanos no está inscritos en los registros electorales (CIPER 2011) porque confunden la política con la politiquería de los partidos políticos, una sociedad en que los adultos son incapaces de explicar la diferencia entre Estado y gobierno y que responden, frente a las dificultades del debate político, un "me da lo mismo lo que pase, lo único que sé es que mañana tengo que trabajar".

El actual movimiento estudiantil ha sido por lejos lo más revolucionario que hemos tenido en los últimos 40 años. El retorno de la democracia no generó cambios profundos, al contrario, la Concertación ajustó y validó el modelo de la dictadura, presentándonos una caricatura de democracia protegida y de social democracia "baja en sodio", como bien dice Garbriel Salazar en El Ciudadano de septiembre, "la Concertación nos traicionó".

Nuestros jóvenes han sabido desestabilizar la abulia e indiferencia social de la generación de los 70s y 80s, no tienen miedos anacrónicos y quieren comenzar a construir su propio futuro. Pero ojo, es importante que la revolución sea desde abajo, cultural, propia de nuestra identidad perdida, sin modelos extranjeros ni discursos socialistas marxistas reciclados. El movimiento estudiantil ha sentado las bases para la organización popular articulada, no sabemos si podrán seguir luchando con la misma fuerza frente al poder del Estado y sus administradores, pero eso no es lo más importante, lo que acá debemos levantar es una cultura política de bases, estimular la organización local, la coordinación de las demandas, recuperar la CUT y el Colegio de Profesores, hacer una contra hegemonía amplia y paciente, pero no complaciente.

La revolución no es un momento, es un proceso histórico y social, llevará tiempo si queremos que sea amplia y democrática. Hay que tener cuidado con la fiebre de la revolución exprés, esa que grita violentamente por un cambio radical de todo a partir de mañana, porque la verdad no tiene dueño sino que la debemos construir entre todos y todas, porque no hay una lucha más importante que otra, porque no existe un camino único para la revolución que ya comenzamos, sino múltiples, con sus propios énfasis, pero paralelos.


2 comentarios:

Pablo Antonio Lillo Cea dijo...

Buen texto Pancho... de acuerdo en todo, salvo en una pequeña contradicción en cuanto a los inscritos en los registros electorales.

Resulta que el jueguito del gobierno es parte también del Estado Ampliado que describía Gramsci, y aunque pueda parecer difícil de creer, por más de izquierda que se diga un candidato reformista, no cambiará mayormente la realidad (a menos claro que vaya todo en un paquetito que incluya más trincheras por crear o recuperar dentro de ese estado ampliado)...

En fin, la discusión da para largo y podemos nutrirla en unas horas más cara a cara. Nos vemos!!

Patricio Palavecino González dijo...

La pega monstruosa de los "Revolucionarios", es claramente cambiar un discurso marxista o anarquista que huele a naftalina. Debemos asumir que estamos en un periodo histórico diferente al que vivió Marx o Bakunin, y por tanto, las ideologías, la estética, la convergencia de ideas y la contextualización histórica (sin por ello no reconocer la validez actual de los antiguos ideólogos)son eje fundamental en la re articulación social y el levantamiento de una plataforma que nos permita escalar hacía un cambio social verdadero. El concepto convergencia es un término que se viene trabajando hace años desde ciertos grupos políticos, haciendo trabajo hormiga en organizaciones sociales (sobre todo en Concepción y Chillán)pero que mantienen un discurso Marxista que forma una barrera hacia la ciudadanía no politizada que hay que romper cambiando los códigos.
Por otro lado la conquista de espacios gremiales y sindicales por parte de un movimiento ciudadano con un programa social amplio es lo que necesitamos actualmente y que puede ser un efectivo punto de confluencia entre los sectores más reacios al aparato estatal y aquellos que ven en la formalidad estatal el verdadero punto de confluencia y cambio. Que ganas de tener los espacios de discusión para este tipo de temáticas.
Un abrazo