lunes, 6 de febrero de 2012

Los “no base política”, indignados e independientes.


El 1% de las personas que estaban inscritas voluntariamente en los registros electorales militan en algún partido político, es decir, los no militantes o independientes son la gran mayoría en este país, y tienen la libertad de cambiar su alternativa política si así lo desean, lo que quedó de manifiesto con al triunfo de Sebastían Piñera hace dos años. Chile ha cambiado su contexto electoral, hay millones de posibles nuevos votantes y tenemos una masa de “indignados” que se representan a sí mismos y que muchas veces vitorean en las manifestaciones “el pueblo unido avanza sin partido”. Al investigar la prensa internacional los analistas coinciden que los movimientos sociales acéfalos son infértiles en generar profundos cambios sociales puesto que no existen grupos internos que busquen el poder para llevar a cabo los cambios políticos que exigen las masas descontentas, todo queda en manos de la misma clase dominante o élite política que “recoge” la demanda social y la plasma en reformas que poco cambian las cosas. Mayo del 68 no logró más que Charles De Gaulle abandonara antes su período presidencial y se renovaran los liderazgos políticos mas no se lograron reformas profundas al sistema, todo quedó igual. Ahora los movilizados del 15M en España están en la misma situación y lo que es peor, su Estado de bienestar actualmente está en tela de juicio coronándose el descontento con el triunfo de la derecha española en las últimas elecciones ¿es eso lo que querían los indignados? pues claramente no. En Chile los estudiantes y trabajadores movilizados no siguen a un partido o a un líder en especial, somos incrédulos y desconfiados de la clase política (sí, yo también),  no son base política de nada ni de nadie ¿cuántos políticos pueden marchar al lado de los estudiantes sin temor?, y por lo mismo, quien pretenda representarlos deberá poner en marcha una propuesta que poco a poco gane su confianza y se muestre como una alternativa seria y coherente con las demandas de las y los indignados locales, es por eso que las lógicas de “base de partido” y “militantes” no podrán coincidir con el nuevo ciudadano movilizado que hoy tenemos en Chile y si vamos a construir con ellos y ellas debemos asumir que no se les puede pedir un apoyo obediente y disciplinado, y por lo mismo, los que quieran canalizar sus demandas deberán saber moverse sobre un piso político volátil e indignado hasta lograr recuperar las confianzas entorno a un proyecto en común.

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