domingo, 19 de julio de 2009

El "yo" como principal motor del "ser".

Hace tiempo que deseo escribir sobre las motivaciones así que mejor empiezo cuanto antes.

Considero a las motivaciones como las necesidades de nuestro ser espiritual que fuerza a nuestro ser biológico a comportarse de cierta forma, para alcanzar una meta. Comportamiento que se expresa en dos frentes, al unísono o separadamente. La comunicación química-eléctrica que se produce entre la conciencia basal y la metaconciencia en el interior de nuestro sistema nervioso central y la comunicación corporal-espacial que puede estar sujeta a control metaconciente, con la cual ejecutamos en el medio que nos desenvolvemos, la manifestación evidente de nuestros deseos.

Acá me nace inmediatamente la necesidad de apartar los conceptos de deseo y de motivación, puesto que no considero que expresen lo mismo a mi entender. El deseo es la sensación que manifiesta nuestro cuerpo ante la necesidad de poseer algo que no es parte aún de nuestro existir. La motivación es por otra parte la justificación del porqué deseo tal cosa. Esto me lleva a pensar de que pueden existir deseos sin motivaciones "racionales", si no más bien instintivas y básicas como los impulsos sexuales, el hambre y otras más que no requieren de un control metaconciente para su planificación y ejecución. Mas eso no quiere decir, que el crear la habilidad para particpar al menos de la lógica biológica de los deseos primitivos nos otorgaría un dominio de nuestra existencia a planos mayores.

La motivación que en otras palabras es un impulso interno de gran intencidad, que tiene otra particularidad, es de larga duración. La o las motivaciones son sensaciones de gran sustentabilidad en el tiempo ya que por lo general bogan por objetivos o metas "macro" que requieren de varios ejercicios mentales y de actos corporales, durante un tiempo indeterminado o al menos en tiempos fijos presos de la incertidumbre de todo futuro. Un impulso que evidenciemos en nuestro yo, que nos haga pensar y hacer cosas, si no logra su cometido en el tiempo esperado tiene, a mi parecer dos alternativas; extinguirse al olvido o al menos quedar relegado a un concepto de experiencia o, por otra parte, generar un proceso de análisis cognitivo que nos dará mayores herramientas para un nuevo intento en el alcanzar el objetivo. La primera opción responde a la simpleza de un deseo, el segundo por el contrario es una calra manifestación que nuestro impulso interno es más intenso que el fracaso, lo que nos lleva a estar en presencia de una motivación.

Los deseos como he dicho, son de corto plazo y alojan en planos más básicos de las necesidades del ser, en cambio las motivaciones se alojan en lo que aspira el yo, son los deseos conceptuales de nuestra particular existencia como individuos en un medio ecológico y en el medio artificiosos de la sociedad humana.

No se si al lector le ha quedado claro lo que para mi consiste el concepto de motivación, pero espero que en lo que me queda en el deseo de escribir, se despejan más las nieblas de mi particular visión.

¿Qué es el yo?

Ser uno, en mi simple visión, es hacer presente nuestra existencia a nuestra cociencia en el ahora, en el ayer y en el mañana. El yo no tiene marco temporal, sí uno espacial. El yo es la declaración de mi existencia como ser vivo que vive y existe en un espacio. Ser yo es reconocer mi independencia existencial al tiempo y a los otros seres. Algunos pensadores como Sartré manifiestan que uno existe gracias a que alguien nos ve, si nadie nos puede ver, no sabremos con certeza si es que existimos, ya que según entiendo, la declaración de que hay algo debe ser hecha por un observador, es decir el objeto hace al observador y no el observador al objeto.
No considero que sea necesario que algo o alguien deba hacer uso de sus sentidos para que yo pueda manifestar mi existencia como un ser particular que se relaciona con su entorno, con mis particularidades ajenas a las intervenciones del tiempo. Por mucho que avance la edad y se alimente mi pasado siempre seró el yo el que habita el ayer, el hoy y el que se proyecta en el manaña.

¿Cuándo comienza el yo?

El yo no tiene un momento particular de un antes y un después de su concepción o desarrollo dentro de mi ser biológico. Creo, eso sí, que el yo como entidad particular frente a mi conciencia se remonta al primer recuerdo rescatable dentro de mi memoria existencial. Si no recuerdo, simplemente no existí en ese espacio. Esto pasa incluso cuando podemos observar, gracias a las tecnología de nuestra era, algún video o fotografía de nosotros en algún momento y lugar que nos es imposible recordar nítidamente.

El ser.

Uno es cuando se relaciona con los otros en un espacio o escenario determinado en donde fluye un nexo de lenguaje, sea cual sea su tipo, para acordar con él o los otros mi accionar en ese espacio y tiempo.
Uno es cuando alguien percibe que tu estás en su mismo espacio y tiempo, es una acto de declaración de reconocimiento del otro y de uno mismo.
Muchas veces ustedes habrán sentido estar sólo en el yo y no recordar más que sus propios pensamientos y no el mundo que los rodeaba en ese momento, incluyendo a las personas que pasaron junto a tu espacio físico-temporal. Eso es una muestra clara de que existen ambos estados por separado y que pueden trabajar de manera conjunta cuando tu yo decide lo que debe ejecutar el ser para concretar tus objetivos internos medulares.

El ser puede ser perfectamente autómata del yo si los deseos como ya dije, son completamente dispensables para el yo. El desplazarse para algún lugar de manera rutinaria, el manejar, los impulsos sexuales, el titiritar de frío, el odio, el miedo y la lujuria pueden presentarse sin un necesidad consciente de motivación, si no más bien en el plano de los deseos.

El equilibrio entre el yo y el ser.

CONTINUARÁ....



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