jueves, 26 de agosto de 2010

CUANDO LA EDUCACIÓN SE TRANSFORMA EN HERRAMIENTA PUBLICITARIA.



Siempre al filo de poner en riesgo mis fuentes laborales, pero apelando al criterio y a la libertad de expresión comparto esta reflexión con todo aquel que quiera leerla.

La educación es el pilar fundamental del desarrollo de los individuos y de las sociedades. En ella descansan las apuestas de futuro y la sustentabilidad de una sociedad coherente entre sus sueños y su diseño formador de ciudadanos.

Lamentablemente en Chile la educación se cosificó a tal punto, que los alumnos ya no son seres ávidos de habilidades y conocimientos para el bien común, son clientes y materia prima para ser convertidos en un producto con sello de calidad incluido. Un individuo formado para la productividad y el consumo, útil a la cadena productiva de bienes desechables, familia desechable, trabajos desechables y porqué no, de vidas desechables.

Esos profesores eran líderes dentro y fuera del aula, generaban discusiones y cambios, agitaban las mentes de los funcionarios y estudiantes, rompieron el estancamiento mental de generaciones y por ello son recordados, fueron revolucionarios en sus tiempos, innovadores, consecuentes e idealistas, eran esos profesores que nombrarás con orgullo en las comidas y reuniones académicas, esos profesores que del sólo hecho de haberte hablado alguna vez, te dejaba una impronta en tu currículum.

Ahora no, necesitamos docentes de bajo perfil, que hagan lo que dice la dirección académica que deben hacer. Todo emana del nuevo Olimpo, de esa oficina administrativa pedagógica no pedagógica que coordina lo incordinable, los tiempos y ritmos de aula, los estilos de aprendizajes, es la que nos pega latigazos para que el programa se cumpla en las fechas, para que andemos al ritmo que la gerencia estableció. Esos jefes de jefes que nunca ves, pero que te dicen el cómo se debe enseñar, el cómo deben ser tus alumnos, son los que colocan cemento en los pies de la elasticidad que debe tener una asignatura. Ya no importa el aprendizaje desde el humano, importa la visión de las competencias, de la robotización de la persona, de la manifestación de que haga para lo que se le programó, que no dude, que no cuestione, que no invente, que no piense por sí mismo. No queremos alumnos críticos y propositivos, y por lo mismos no queremos profesores críticos y propositivos, queremos un experto en clones que haga para lo que se le paga.

No importa si tienes experiencia de calle, si has trabajado con pobladores, si eres escritor autodidacta o si tienes ideales, no importa si has hecho algo por alguien, o si eres una oda al esfuerzo y la superación, si venciste la pobreza y conoces el valor del esfuerzo, no importa si has luchado por una sociedad más justa y si para ti enseñar lo es todo, eso no importa, ellos lo que quieren es un trofeo académico, un docente con posgrados rimbombantes, mega especializados, que cobre poco, no quiera contrato y trabaje callado.  No importa si sabe o no sabe enseñar, si se ha preparado en el arte de las ciencias de la cognición, si es un ser inquieto y busquillas, nada de eso importa mientras en el folleto su foto, nombre y posgrado rimen como la mejor poseía.

Ahora se quieren meter en mi aula, quieren decirme cómo hacer mis clases, mis diapositivas, quieren controlar mis medios, mis estrategias, quieren moderar mi personalidad, mi forma de vivir la docencia, mi personalidad humana, mis pasión por la disciplina y la exigencia, quieren limitarme, quieren que mis clases sean un lavado de cerebro, que diga que está todo bien, que ande en línea con la imagen institucional, que me uniforme, que me mimetice con el resto de los docentes, que no hayan diferencias, que se vea todo homogéneo, que no vaya a decir algo que moleste al cliente, que sea cuidadoso.

Mis clases no son para reforzar el chovinismo institucional, no son para decirle al alumno que estudia en la mejor parte que pudo haber elegido, mis clases no son carteles publicitarios, no son para tallar inconscientemente un logo en las mentes de mis estudiantes. Mis clases son para provocar al cerebro, son para avivarlo, son para romper cadenas y no para amarrar, mis clases son una caja de herramientas para que ellos puedan llegar más lejos, es para convencerlos que están para cosas mayores.

Me declaro en rebeldía de que usen mi amor por la enseñanza como medio publicitario de la institución para la cual trabajo, porque yo no enseño para asegurarme el cheque a fin de mes, enseño para que mis alumnos puedan ser grandes personas y buenos profesionales

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