martes, 19 de octubre de 2010

Postrados sociales




Postrado, como roca en un costado del río, llena de sol ardiente durante el día y fría por la noche eterna. Roca que espera inamoviblemente las altas aguas para beber el dulce refresco que trae las novedades de las montañas, nuca se mueve. Así es el hombre postrado, esclavo de su incapacidad, condenado a ser quien los demás quieran. Postrado no sólo es no poder moverse, porque el hombre va más allá de los caminos físicos que pueda recorrer. Hay postrados de espíritu, almas apagadas de llamas internas y estériles de deseos nobles y elevados. Son seres superficiales a un milímetro de suelo cuando recorren la vida. Quieren pasar desapercibidos mientras no logran nada destacable, pero al primer golpe de suerte desean ser comida de todas las lenguas del territorio. Viven en la mediocracia, la ley del mínimo esfuerzo, limítrofes en sus iniciativas. Piensan en ellos mismos y el resto son sólo herramienta para alimentar su ego y/o peldaños de carne para trepar en la montaña del exitismo pos moderno.

Hay postrados de ánimo, desganados, quejones. Aquellos que nada les satisface, pero que tampoco son capaces de pensar un atisbo de fórmula para solucionar el problema. Son mañosos profesionales, expertos en aserruchar todo lo diferente, no quieren que se les cambie el formato social, ellos ya saben moverse dentro de un solo canal de flujo humanístico, cualquier persona que desee agitar las aguas de la mediocridad cómoda de privilegios anquilosados por herencia es una atentado contra la moral de la costumbre de lo correcto.

Hay postrados de humanismo, no saben cómo deshacerse del resto. La gente les incomoda, la rotería, el pueblo de abajo. Sólo se permiten como sirvientes de sus manos limpias, deben saber ubicarse dentro del espacio que les pertenece, ahí en lo natural de la ordenación de los componentes de la sociedad. Todos tienen un rol, algunos trabajan reventando sus cuerpos y otros trabajan reventando los cuerpos de otros. Así se ordena la cosa, y es posible porque algunos pocos tienen en la diestra la biblia y en la zurda la espada. Son postrados sociales, porque no saben construir para todos, no se pueden mover dentro de la vida de los demás, la avaricia, codicia y egocentrismo los tienes desconectados de sus extremidades solidarias, socialistas y colectivas.

Así estamos presos en medio de tanto postrado, cuesta mover a los que no saben caminar y más aún a los que no tienen deseos de salir de donde están. Viven cómodos, achanchados, arropados en la miseria de la ignorancia, pero es cálida y húmeda, como una vagina sin óvulos fértiles, pero es algo donde el esfuerzo no es premiado, donde se controla lo subversivo, lo inquisidor de la tradición. No quieren cambios, no quieren más libertades, porque saben que con ellos las responsabilidades son mayores. Desean ser el término medio de todo, un silencio ensordecedor de apatía ante todo lo que no me afecte. Una sociedad que rinde culto al pituto, a lo medio, a lo no destacable.

Debemos saber movernos dentro de tanta miseria no-kinética, debemos aprender a combatir la pasividad con nuevas fórmulas. Queda el desafío en medio de la cancha, es cosa comenzar a moverse para patear la pelota.

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