martes, 21 de diciembre de 2010

PSU y la cosificación del humano.


Culpar al termómetro por la enfermedad es típico de muchas discusiones políticas seudo academicistas. Que si la PSU es o no es un instrumento adecuado para cualificar y cuantificar los conocimientos es tema obligado para cuando la coyuntura saca al pizarrón nuestro instrumento de selección universitaria. Que se analicen las habilidades, inteligencias y competencias de los y las estudiantes mediante un único instrumento no es azaroso, ello responde a un contexto intencional. El diseño curricular y estructural de nuestro sistema educativo orienta al educando hacia un macabro utilitarismo productivo, y para ello no necesitamos mucho más que el SIMCE durante la escuela y de la PSU para ingresar a la universidad. Como instrumento que mide mecánica se puede superar mediante mecánica repetitiva, así, la industria de la educación se expande y los preuniversitarios entran al mercado, los cuáles juegan un rol fundamental para muchos que tienen los medios para pagarlos. Por otra parte, las notas de enseñanza media también conforman un porcentaje para el ingreso a la educación superior. Las calificaciones son cifras, frías y exactas, pero ¿será lo mismo un promedio 5,5 en condiciones de vulnerabilidad que un 5,5 en condiciones socio-culturales óptimas? En educación, los estímulos sociales y económicos están puestos en los resultados SIMCE y PSU, es más, el gobierno profundiza esa lógica mediante "semáforos SIMCE". Todo marcha en esa dirección y lo que deben aprender los niños también. Mejorar esos resultados es imperioso para la subsistencia de escuelas, colegios y liceos, los contenidos se cosifican y se instrumentalizan ¿Acaso la eliminación de las horas de consejo de curso y de historia no responden a esto? Si queremos más humanismo en la escuela, no debemos preocuparnos del termómetro sino de la etiología de la enfermedad que tiene moribunda a nuestra educación pública.

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