martes, 10 de mayo de 2011

El Nepotismo Ilustrado Chileno


En Chile se dice que tenemos una clase política, ¿por qué “clase política”? ¿qué los hace similares y competentes para representar a la ciudadanía? Dudo (dado los hechos) que sea porque tengan particularidades intelectuales por sobre la media o por que manifiesten un comportamiento ético intachable y digno de imitar. Es “clase política” porque existe una tradición familiar, dinastías que se reparten los reinados nacionales, porque son amigos y vecinos, estudiaron en los mismos colegios y se casaron entre ellos, hacen negocios juntos y se topan en los cafés de los barrios tipo wall street. Existen casos aislados de personas nuevas en política, pero muchos son elegidos al dedo por los partidos, así pasan del fútbol o de la televisión a los sillones de municipios y del parlamento. Ellos, “los elegidos” tienen garantizado su lugar en nombre de la estabilidad política, el binominal hace bien su trabajo. Así pues pasa lo que pasó ayer en Aysén, o lo que intenta pasar en la ruta 160 con el tag y los humedales de San Pedro de la Paz;  el pueblo llano debe acatar lo que sus representantes decidan porque son ellos los iluminados para aquellas tareas, “nosotros sabemos lo que es bueno para Chile”, “Chile entenderá en el futuro que esto es lo mejor para el país”. Nada más cercano a la frase del despotismo ilustrado, “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Nuestra democracia es delgada, sin musculatura social y sin canales vinculantes de participación ciudadana. Este -nepotismo ilustrado criollo- es garante de los grupos tradicionales, de aquella elite económica y política que gobierna y hace negocios al mismo tiempo, que goza de un sistema propio y que garantiza que nuestra clase política siga decidiendo todo sin consultar con el pueblo.

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