sábado, 16 de julio de 2011

¿Y las regiones cuándo?



Muchas y muchos nos hemos declarado como “regionalistas”, no por un asunto dogmático, sino porque estamos en un punto de inflexibilidad frente al descarado y dañino centralismo que vive nuestro país. La planificación político-territorial de una nación debe propender al desarrollo equilibrado, un diseño que busque el beneficio de toda su población, garantizando con ello, una mejor distribución de recursos (antagonismo a inequidad), soberanía territorial, descentralización del poder económico y que, en el caso chileno, también sería del poder político. Santiago crece como un tumor de apetito insaciable, consume los recursos regionales porque tal centralismo no es autosustentable, se concentran las decisiones políticas en la ruta 68 gracias al sintético traslado del congreso a Valparaíso y se le desconectan los nutrientes a los polos extremos que sobreviven con la caridad del poder central que come, duerme y renta en una de las ciudades más contaminadas del mundo. Ya hizo ruidos cívicos Magallanes con el “asunto del gas” demostrando que las identidades locales se fortifican cuando el desarrollo de un país no es equilibrado, muchos de esos y esas compatriotas se sienten más “magallánicos-argentinos” que chilenos ¿No hemos perdido suficiente Patagonia señores políticos? Calama hace muy poco lanzó una bengala dando luz a una conciencia de que tal ciudad podría ser el Dubái del cono sur gracias al petróleo rojo que nace de sus entrañas. Con este caldo de cultivo no sería de extrañar que demos a luz a un nuevo Juan Martínez de Rozas que lidere una larga lucha por la dignidad regional, un prócer que se indigne por la venta de ESSBIO cuyos dineros posiblemente sean para un nuevo Metro capitalino mientras que, los coronelinos y lotinos, claman para que el Biotrén los pueda llevar a sus trabajos y en el Alto Bio Bío esperan que algo les chorree de las hidroeléctricas porque, a pesar de las promesas, es la comuna más pobre de todo el país.

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