lunes, 11 de junio de 2012

¡URGENTE! ES HORA DE LA UNIÓN SOCIAL


No existe duda que nos enfrentamos a una crisis sistémica que es transversal a todas las instituciones, y esto desde el punto de vista humanista es porque se ha perdido el foco del desarrollo de la sociedad, nos hemos descentrado de lo humano y ético. Es por eso mismo que el Colectivo por Una Nueva Concepción y el PH han unido fuerzas para intentar devolver la ética a la política y replantear ciertos valores e ideales que han sido dejado de lado producto de la cultura imperante de enfoque en la acumulación de bienes y dominio sobre otros; ideales como el humanismo, el laicismo, la ética, la justicia y solidaridad.

Doy por cierto que se pueden producir diferencias en ciertos planos que en algún momento deberán ser confrontadas, pero hoy tenemos una necesidad más profunda y urgente, que es trabajar en conjunto desde las coincidencias ideológicas y programáticas para derrocar el cáncer de la mala clase política tradicional, hegemónica y conservadora.
Es por ello que hago un llamado a la fraternidad, al encuentro de ideales y valores comunes, a que seamos capaces de construir en la imperfección de nuestras verdades, pues necesitamos unión para enfrentar a la hegemonía del capital y sus antivalores. Es tiempo de que nuestras diferentes banderas se fusionen en un proyecto colectivo, donde el ego individual y las verdades absolutas no tengan fuerza, pues el objetivo del bien común y la inteligencia colectiva deben dominar este proceso de construcción.

A los humanistas laicistas no nos interesa el reconocimiento popular y social, no buscamos que nos hagan una estatua y tampoco queremos ser los líderes y/o representantes de nadie, nos interesa que las buenas ideas venzan, independientemente de a quién le toque el rol de ser el ícono de ese éxito. No estamos para pequeñeces, los grandes sueños colectivos necesitan de grandes personas, humildes de ego pero arrogantes de pasiones y convicciones.

Sabemos que en soledad e individualismo no se construye el mundo diverso que soñamos. Es evidente que una de las fortalezas de modelo actual es separar las voluntades y hacernos perder la confianza entre nosotras y nosotros. No podemos permitir dejarnos vencer en este plano, no podemos subyugarnos al odio y al desprecio por el otro cuando la urgencia es lo contrario, el respeto a la diversidad y la tolerancia a las diferencias. 

Debemos estar a la altura del desafío, unirnos y planificar en conjunto. Entender los procesos y asumir que la democracia exige no siempre tener la razón. Nosotras y nosotros estamos dispuestos a someternos a la voluntad del todo, pues asumimos que la verdad entorno a valores comunes se construye desde la participación y la acción colectiva y no desde trincheras separatistas que no hacen más que alimentar la fuerza del este modelo que deseamos cambiar.

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