sábado, 23 de junio de 2012

Si un creyente trata de razonar su fe, que no se moleste cuando la razón le golpee.



Todas las personas humanas tienen el derecho a la libertad de experimentar su espiritualidad como más le acomode y le haga sentido, siempre y cuando esta forma no atente contra la vida, dignidad y derechos fundamentales del resto de la sociedad. Los laicistas defenderemos siempre el libre pensar y el libre creer en la civilización humana. Por lo mismo, ante las múltiples diversidades de formas de desarrollar el espíritu, es que debe existir una garantía neutra en lo referente a lo público para que este espacio de todas y todos no sea intervenido por favoritismos confesionales. 

Ahora bien, los encuentros entre ateos y creyentes son inevitables, el espacio es común y la dialéctica surgirá en el mismo instante en que lo humano se torne tema de conversación y debate. Para un ateo es posible vivir sin dios o dioses, nos rige la razón y la ciencia, la evidencia y la lógica. Asumimos, sin angustia, que existen fenómenos que son inexplicables hoy en día, pero ello se deriva de nuestros propios límites intelectuales, científicos y/o tecnológicos. Hace 2000 años los eclipses eran producto de la magia y de los dioses, la menstruación era un la marca de impureza de la mujer y en plena edad media los esquizofrénicos era almas poseídas por el demonio, ejemplos como estos son interminables. La dicotomía entre la razón y la fe es profunda, la primera se basa en afirmaciones que se sustentan en la evidencia y en el pensamiento crítico, en la duda y la confirmación científica, por su parte, la fe es asumir realidades sin evidencia, con irracionalidad, es creer que las cosas son de cierta manera porque simplemente están fuera del plano de lo humano, sino en el plano de lo divino, de lo mágico y por se asumen con resignación y sin cuestionar. 

En nombre de la ciencia no ha habido guerras ni matanzas, no hay odios entre pueblos ni genocidios, en cambio en nombre del “dios verdadero” civilizaciones enteras han dispuesto de su gente para derramar sangre en contra de los infieles. Esta evidencia es fuerte, pero los actuales creyentes lo toman como “hechos del pasado” o “de otras religiones” como los musulmanes fundamentalistas que hoy en día son los que -la llevan- en esta guerra contra los enemigos del “señor”. Ahora bien, si hay alguna iglesia que ha matado y torturado gente en la historia de la humanidad es la cristiana y puede ser otra vez una realidad si el fanatismo toma el control de las mentes débiles como lo ha hecho durante la evolución de nuestra civilización.

Una de las cosas que le cuesta entender a un creyente es que el ateo no debe demostrar que dios no existe para poder ser ateo, esto es tan estúpido como tener que demostrar que las hadas madrinas no existen para afirmar que no existen, pues lo -demostrable- es lo que deja evidencias comprobables y repetibles, bajo un método y lógica racional, lo que no existe no deja evidencias y por ende es incomprobable. Quien afirma la existencia de algo es quien debe demostrarlo, es por eso que las religiones han recurrido a todo lo inimaginable para justificar la existencia de su dios y sus reglas, y toneladas de esa mitología con el paso de los siglos se han derrumbado gracias a los avances de la ciencia y del pensamiento humano. Hoy en día la religión se sostiene “argumentos” como los milagros y los espacios que deja la ciencia en sus limitaciones para dar respuesta a ciertos fenómenos. 

Un creyente no permite que la casualidad y la espontaneidad sean parte de los procesos de la naturaleza y del universo, “todo tiene una causa y un origen” dicen, pero ¿cuál es el origen y la causa de dios? ¿Dios mismo? Esta contra argumentación deja al creyente en la misma encrucijada de su argumentación, entonces, frente a la incapacidad de responderse a sí mismo acude a la mejor herramienta con la que cuentan los creyentes que se resume en frases como: “dios sabe porqué pasan las cosas” junto con esta “los misterios de dios están fuera del alcance del hombre” y por último mi favorita “los que no creen en dios, jamás podrán entenderlo”.
¿Acaso ser creyente da poderes especiales? Acá entramos en los encierros seudológicos y a los laberintos sin salida de los postulados de los creyentes. Juegan hábilmente con lo desconocido y lo transforman en argumentaciones que pareciesen sustentarse en el objetivismo. Si yo no creo en dios, entonces no lo puedo entender, pero si le pido a un creyente que me explique los misterios de dios y de su creación (él cree y por ende puede entender) me dice, “no saco nada con decirte algo, porque no entenderás ante la ausencia de fe”, y te deja donde mismo, en un plano de debate donde no puedes competir, pues la razón no es capaz de comprender lo religioso ante la ausencia de “la fe”, como si “la fe” fuese un -poder divino- de asumir como ciertas (verdades), cosas sin razonamiento, es un bypass de verdad revelada a la mente sin digestión, es decir, es una orden de a ciegas y sin cuestionamientos. 

Por ejemplo, ante mi interrogante en Facebook a unas creyentes sobre el por qué dios permitía que miles de niños en África mueran de hambre todos los años, una de ellas me responde lo siguiente:

Creyente: Dios sabe el por qué de las cosas, él que cree en él entiende y el que no jamás lo entenderá! ...
Yo: Toda la razón, un ateo nunca entenderá por qué los creyentes creen y "entienden" que la muerte de más de 5 millones de niños al año por hambre tenga un sentido.
Creyente: Nadie ha dicho que tenga un sentido la muerte de una persona, a nadie le gustaría pasar por eso, no es de ser fría ni nada por el estilo, quizás ellos no tendrán la culpa de estar en esos lugares y en esas condiciones, pero sus creencias son otras, su adoraciones son para otros, y Dios en uno de sus mandamientos dijo " No tendrás dioses ajenos delante de mí", obviamente como dije quien no cree no entenderá jamás ...” 

Este es un cruel ejemplo de lo que exponía, es más, la joven expone que los niños africanos al no ser cristianos (infieles) están expuestos o merecen pasar por tales sufrimientos pues no cuentan con la “gracia de dios” al no creer y adorarlo a él. Esta misma lógica ha permitido asesinatos a pueblos enteros durante miles de años. Es más, dentro de nuestra historia moderna, durante la dictadura militar, muchos “creyentes” justificaban los asesinatos a comunistas pues como eran ateos eran “humanoides” sin alma y por ende no era pecado acabar con sus vidas.

Una alumna después de una clase donde expuse que “si todo es obra de dios, los homosexuales son obra de dios y como dios es perfecto no se equivoca, y al no equivocarse los homosexuales no son un error, son hijos e hijas de la misma naturaleza divida y perfecta de donde todo se origina”, y me dice; -los homosexuales no son obra de dios, son obra del pecado. El mal al igual que el bien origina cosas, y los homosexuales son hijos e hijas del pecado, no son obra del señor, por ende no son naturales y deben prohibirse- No le quise responder nada, pues tenía una lógica mitológica muy bien maquinada, y sería imposible razonar con ella, pero es importantísimo reflexionar sobre lo  que me dijo, ella presenta lo que justifica a muchos cristianos para agredir verbal, legal y físicamente a los homosexuales y transexuales. Dentro de la mitología cristiana, el mal se origina de un ángel caído, del demonio, de Satanás, de Belcebú, etc. Y por ende él es capaz de hacer torcer lo bueno que ha hecho dios para hacer que los pecados cobren formas humanas y no sean sólo hechos malignos. ¿Qué le podemos decir a un evangélico convencido que el demonio es el origen de todo mal? ¿De qué sirven los cerros de artículos científicos que demuestran que la homosexualidad no es una enfermedad sino una condición natural de lo humano? “Ante la estupidez humana ni los dioses pueden” decía Isaac Asimov, escritor ateo de ciencia ficción en uno de sus libros (Los otros dioses) y yo estoy de acuerdo con él, hay cosas que son inviolables, como la fe ciega y la necesidad de algunas personas de aferrarse a una verdad ante su incapacidad o flojera intelectual de encontrar la propia.
A veces me pongo a pensar si es posible una sociedad humana sin dioses, magia y mitología, sin odios y sin dogmas absolutistas y aún no tengo respuesta, pero Einstein ya lo planteó “sólo la estupidez humana y el universo no tienen límites, aunque del universo no estoy muy seguro”.

Los ateos seguiremos siendo bichos raros en una sociedad sustentada en una cultura mitológica de verdades aceptadas sin razonamientos, una civilización construida en sangre y fuego para imponer un dios y su verdad por sobre otros. Deberemos seguir luchando por la búsqueda de la verdad mediante la ciencia y la reflexión racional sin miedos, pues es un deber ético de todo librepensador humanista, buscar la felicidad y la sustentabilidad de la especie aunque esto moleste a los creyentes, porque el ateísmo es un piedra en el zapato de su fe, porque somos ejemplos andantes de que sin dios ni dioses se puede vivir con rectitud, con amor y sin miedos al sufrimiento eterno.

Tendremos que seguir soportando a las y los ofendidos con nuestra forma de vivir, porque existe en el creyente la convicción absurda de que la argumentación racional es en sí una agresión a la fe, es un sin respeto al culto de lo mágico, es una ofensa a sus visiones confesionales. Este daño ficticio es un mecanismo de defensa propio de toda religión que se cae a pedazos ante lo insustentable de sus cimientos. El creyente que duda siempre se sentirá agredido frente a alguien que dice no creer en un dios, porque lo obligas a tener que pensar de por qué él cree, pues como uno no tiene que explicar su ateísmo el sí se ve forzado a tener que sustentar su fe, y como ya lo expuse, mediante la razón es imposible hacerlo, porque es incompatible pensar con lógica racional y creer en dios al mismo tiempo.

1 comentario:

Maximiliano Rivas Campos dijo...

Estimado, me gustaria conocer su concepto de racionalidad y en segundo lugar como al ser elegido "alcalde" luchará para despertar a los "estupidos" creyentes (uso palabras de su blog)...muchas gracias.