jueves, 30 de enero de 2014

"La búsqueda de Martín Silva" nº1

Otoño 

Martín Silva no sabía qué hacer consigo mismo, se sentía atrapado entre sus deseos, sueños y deberes. "¿Por qué no fui capaz de hacer de las tres una sola cosa?" pensaba mientras trataba de acomodar su pié derecho en el piso de la micro, obligándose a mantener el equilibrio entre curva, frenada y aceleración. Sintiéndose a veces un hormiga desesperada en un millar de criaturas similares a él, desesperadas por hacer lo que está escrito en el destino del mundo. Intentar ser feliz. 


En el taxibus, con una mano en un respaldo y con la otra en el fierro del techo, observa por medio de las cortinas a la ciudad que le ha visto crecer. Concepción, llena de vida joven e historia olvidada, abraza dulcemente una otoñal mañana de junio. Es una ciudad gris, pero temática, todo está donde se puso alguna vez, pues tiene hitos que la estabilizan conceptualmente. La Universidad de Concepción, sus lagunas y ríos la acechan con esfuerzo haciendo que, por mucho ropaje de concreto y modernidad le coloquen, la ciudad mantenga un espíritu constante que permita ayudar a recordar cuando todo está tan distinto.

Silva sabe que al igual que su cuidad, no ha podido destacar de los promedios a pesar de tener tanto que ofrecer. Busca en su mente las piezas que faltan para ser feliz. Pero ojo, no es un hombre depresivo, bipolar o lunático, sino simplemente incompleto. Por algún momento creyó que había que buscar afuera, satisfacer el ego y sus ilusiones. Pero las cosas no estaban ahí para llenar lo que no se puede tocar. El espíritu humano no habita en los objetos, eso es un error -Es cómo buscar la inspiración de una obra en la calidad de la ejecución de su técnica, ahí no va a estar- dijo en voz baja mientras el sujeto a su lado lo miró con extrañeza y preocupación, pues todos sabemos que no hay nada peor que estar con alguien que no podemos entender. 

El viento helado sabía buscar las rendijas de su ropa, por muy abrigado que saliera su cuerpo enjuto siempre dejaba espacios para el viento penquista. Con las manos dentro de los bolsillo de la chaqueta y la cabeza lo más enterrada dentro de la bufanda que le cubre el rostro, camina a paso apurado al trabajo. En sus audífonos escucha "Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo. Aire en el Aire, el hombre, dónde estuvo. Tiempo en el tiempo, el hombre dónde estuvo." Se mira a sí mismo en las alturas de una montaña a pié de cordillera, observando las nubes desde dentro, como un observador celestial que viaja por las alturas del viento.

.-Qué bella es la ciudad cuando se viste de hojarascas, árboles desnudos y brisas propotentes- se decía  apretando más los brazos al cuerpo para juntar más sus escasas carnes.

La rutina asesina las ganas de cualquier cosa y el papeleo del trabajo no ayuda a mejorar el ambiente repetitivo. Martín necesitaba el dinero a pesar de vivir aún con sus tíos, necesitaba las migas de pan que caen de la gerencia para pagar sus estudios y sus requerimientos humanos esenciales, como almorzar una -napolitana- sentado en el casi extinto pasto de la plaza Perú. Esta dependencia era soportable en el momento que su vista de posa en el pelo más bello de su historia. Ese pelo adornaba con gracia un rostro moreno, polinésico; mentón delgado, pómulos prominentes, párpados sutiles en grandes ojos marrones y estirados. -Esa maldita sonrisa de abismo placentero- pensaba, mientras comprendía que sólo la imagen de su cuerpo en el escenario de la vida, era suficiente para pintar de colores lo que era gris y apagado. Pero no les voy a mentir, Martín Silva deseaba con rutina, su amor platónico ya era parte de la repetida historia de sus días.

Las calles de adoquines con nombres de grandes guerreros mapuches absorben sus pasos y pensamientos. Con aquella personalidad de quien se está disponiendo a cambiar de piel, y oculto bajo el ruido del viento otoñal, Martín canta con fuerza " No creo que ya nadie pueda salvar lo que lo que yo e dejado tirado por tanta culpas que a mi me ha dado por esquivar. No creo que la culpa se vaya lejos si no hago espacio pa' que el presente se haga ancho, no tenga nada con qué chocar", dándose fuerzas para concretar sus ideas difusas, pues sabe que en el fondo, en el momento que descubra quién es realmente, todo tendrá que cambiar y nada se podrá olvidar. La memoria es fundamental.

(En algún momento todos debemos pensar quién queremos ser)


   


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