lunes, 14 de septiembre de 2015

El desafío de una contra-cultura para superar el control mental del capitalismo.

Las operaciones mentales que le otorgan categoría a los apegos materiales y a la necesidad de poder de dominio son generadas por un ambiente de formación que evita procesos reflexivos autónomos (la mayoría de las acciones de masas son hábitos inculcados mediante la intención cultural dominante), limitando las habilidades intelectuales de las grandes masas mediante modelos educativos en función de la economía y la producción, controlando la información a la que accede la población, así como también encadenando a las familias trabajadoras en la dependencia del crédito (la banca sobrevive gracias a la deuda de los que no son dueños del banco) para la subsistencia ante los injustos sueldos que se le entregan a quienes hacen posible que exista la ganancia de cualquier empresa, haciendo desaparecer con ello todo espacio de ocio necesario para lograr una vida reflexiva y meditada, pues se debe trabajar incluso tanto o más que hace un siglo. Mientras más ocupados estemos en sobrevivir, menos tiempo habrá en poder cuestionar la situación y buscar la solución a la represión del sistema económico. Para resolver la falta de sentido de existencia que genera este modelo social se ha montado una enorme red de distracción y de entretenimiento superficial mediante las herramientas de comunicación de masas, especialmente la televisión, que ha sido el puente más directo e inmediato entre los deseos de los explotadores y el rebaño humano, con lo que se busca producir una -conducta tipo- en las personas que sostengan niveles de deseo de consumo óptimos (necesidades infinitas) para girar el molino de la deuda. Prácticamente han trazado un camino de vida estándar que la mayoría de las persona sigue como si fuese la única forma posible de desarrollar una vida feliz. A lo anterior se le debe sumar el desarrollo de una enorme y corrupta industria farmacéutica que ha promovido el desarrollo de una salud mental centrada en el control químico externo de los desequilibrios mentales (cuadros ansiosos, depresiones, irritabilidad, insomnio, etc) que desarrollan los seres humanos dentro de la actual cultura dominante. Las tasas de dependencia a ansiolíticos y las muertes que estos generan son incluso mayores a las que provocan las drogas ilegales, datos que nunca destacan pues no hay intención que tomen relevancia.


Esta incapacidad mental de poder observar la realidad es tan efectiva, que prácticamente no existe una crítica masiva y pública a la delincuencial existencia de los bancos y su lógica de "desarrollo" humano. Así también pocos logran darse cuenta (y menos se movilizan) por contrarrestar las consecuencias de la absurda e inconducente lógica de producción industrial capitalista que tenemos, pues la comunidad científica, bajo una cobertura vergonzosa de los medios, ha estado exponiendo con claridad que la capacidad planetaria de regenerar la riqueza natural ha sido sobrepasada, hoy sobrevivimos con lo que queda de planeta.


Es realidad que existe un modelo global de economía en que la deuda, tanto de personas como de países, es la separación forzosa entre la sobrevivencia y la miseria. Obligando a que la vida humana se limite a las necesidades de poder de quienes manejan estos absurdos métodos de relación con la naturaleza y entre los propios seres humanos que son, prácticamente, incuestionables para la masa obediente que hace posible que la dominación ocurra. Frente a este escenario, aparece la necesidad de abrir espacios que posibiliten una contracultura de despertares colectivos, una que desarrolle una metodología de educación popular de masas y de acción cooperativa que de muestras, mediante la experiencia y la generación de información, de estar en proceso de construcción en el dar respuesta a un sistema mental de relaciones sociales, económicas y ecológicas absolutamente inconducente e insustentable en el mediano plazo.

 

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