sábado, 11 de octubre de 2008

Pasividad Ciudadana el salvoconducto de la inequidad




En algún momento se olvidó la triada "de la gente, por la gente, para la gente".

Hemos permitido que la sociedad agonice en nuestras narices, con cara de impávidos abrimos nuestras quijadas magullando algún ruidito que intenta tristemente manifestar algún atisbo de oposición, pero que no logra ser más que un quejido fatuo y estéril de intención.

Así como el niño que comete una travesura y al ser encarado mira al mocoso del lado, con cara de molesto, con el fin de esquivar la reprimenda culpando con su gesto al vecino, nosotros los ciudadanos chilenos, hemos increpado a la oligarquía económica, política y supuestamente intelectual a que no mejoran nuestras condiciones, que no toman decisiones , que no mojan la camiseta por el país.

Pero que descarados somos!, e ingenuos a la vez si llegamos a pensar que "ellos" van a provocar los cambios que generen las pérdidas de sus beneficios, para permitir que otros futres accedan a su núcleo exclusivo. O pensamos que los Senadores y Diputados que son sostenedores de colegios subvencionados o dueños de empresas de educación superior, van a votar contra el lucro en la educación chilena. Tenemos que ser los campeones de la ingenuidad.


Y cara dura sí que somos, esperando que "alguien" haga algo, como si no fuera problema nuestro que una familia esté en el tacho de la basura fuera de nuestra acomodada casa buscando algo que echar al interior de esos raquíticos vientres.

Nos quejamos y nos quejamos y nos quejamos, es un ejercicio nacional, somos los reyes de la queja, es más algunos leen para quejarse con probidad, una queja intelectual, una crítica fundamentada. Y alguien me puede decir ¿De qué cresta sirve?, de NADA!!! Nada más vacío que un comentario quejumbroso en un sofá de cuero, en donde se expone lo que debería hacerse para solucionar lo aquejado sin generar un dialogo hacia la acción, a la búsqueda de concretar una solución.

Debo reconocer que la queja es una luz, el síntoma de que algo me pasa, la piedra en el zapato que no me permite caminar por la vida con comodidad, pero mientras sigamos moviendo el pié en forma de sacudida violenta para correr la piedrecita a un costado entre la plantilla y el cuero, y no nos detenemos a desatar el nudo, sacarnos el calzado, buscar y retirar la piedra, seguiremos tontamente cojeando.

1 comentario:

Bárbara dijo...

Siempre se le echa la culpa a todo y a todos, y no hacemos nada por solucionar las cosas o es más cómodo dejarlas como están.
No creo que seamos ingenuos, solo nos hacemos los tontos.
Ojalá dejemos de ser tan mojigatos.

Lo digo todo incluyéndome Bebé.