jueves, 26 de marzo de 2009

Recuperar lo perdido, ¿Qué dejamos abandonado, cuando crecemos?


Cuando somos niños, lo único que queremos es ser grandes. Soñamos con poder manejar, tener dinero, poder comprar todos los dulces que queramos, queremos poder jugar todo el día, queremos jugar a ser grandes. Pero no somo conscientes del costo de la adultez, que ya inicia los trámites de cobranza en la adolescencia.

Perdemos la capacidad de vivir en la verdad pura, de ver la fecundidad en la amistad, de observar las maravillas de la naturaleza, de respirar nuestra ingenua libertad, de reír sin prejuicios y sin rencores.
Cuando somos pequeños vivimos para ser felices, para decir te quiero, para abrazar y ser abrazados, sólo queremos que nos acaricien nuestros padres, queremos ser libres para correr por el pasto, ojalá descalzo sin cadenas, sin reglas.

Vemos lo que ningún adulto ve, ellos no entienden, una caja no es sólo una caja, es un mundo sin fondo ni fin.La mezcla de agua y tierra, ese barro bien adornado que es evidentemente una torta para mis amigos. Las cuadras de la calle, son largas como la esperanza, y ocultan aventuras que necesariamente debemos explorar en nuestra bicicleta que gracias a un elemento en la rueda trasera, es la mejor moto del mundo.

Que cuesta ser feliz ahora!!! debemos trabajar para comprar un plasma, porque la caja simple y llanamente dejó de ser ese universo eterno, ya no vemos a nuestros amigos en la calle, ya no corremos descalzos por el pasto, ya no construimos castillos ni fosos en la playa, porque tenemos cosas más importantes que hacer, cosas más serias.

Extraño mis juguetes, mi caja de cartón, mis patines, jugar al bate, a la matanza, correr detrás del ladrón para llevarlo a la capacha......

He perdido la capacidad de transformar 15 minutos en un partido de fútbol, o de un campeonato de "bolitas", de hacer de ese trozo de tiempo un recuerdo imborrable para mi memoria.
Ahora debo hacer cosas más serias, porque ahora si soy grande. De a poco agoniza mi infancia, sólo recuerdos quedan, me acompaña la nostalgia del día en que era feliz sólo por querer serlo.

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