viernes, 3 de julio de 2009

Una copia feliz para que l-eden


Una copia feliz para que l-eden

Chile, Chile lindo, lindo como un sol, dice la canción de antaño sobre nuestro terruño. Chile es un país en eterno viaje, un viaje interminable hacia dónde nadie sabe, pero si tenemos muy claro que ahí es donde queremos llegar. ¿Dónde?, bueno puede ser a mejores condiciones sociales, a una mejor salud pública, a una mejor educación municipal y como un todo hacia el gran y soluciona todo, Desarrollo.

Somos un país de transiciones eternas, pasamos de un proceso a otro bajo el alero tal denominación, migramos de un estado a otro en bloques históricos, no como un todo evolutivo, si no como un todo parcelado, independiente entre sus parte, olvidamos las moralejas y recordamos sólo los juicios culpables, cuna de nuestro rencor a todo, Chile y sus resentimientos.

Chile será lindo como un sol, pero que un país sea fértil, abundante y generoso hasta la sequedad más absurda, no es mérito de su gente, ni de sus propósitos. Vivir en un país hermoso no es gracia de la humanidad que lo habita y muy engañoso es que asumamos el decoro por lo mismo. Ejemplo de esto es la píldora política que nos doran sobre el mayor acceso a la educación superior que vivimos en la actualidad, algunas cifras indica que el 70% de los estudiantes de educación superior son primera generación de aspirantes a profesionales de sus familias. Hay que ser muy insensible para no entusiasmarse con tal dato, ahí se demuestra que nuestras políticas sociales, educaciones y neoliberales funcionan a la perfección, ¡sí señores! Ah, pero algunos escépticos como quien les escribe, seres pesimistas y chaqueteros, manifiestan que esto es un engaño, un excelente truco político que pasa como ají confitado por los esófagos civiles, incansables tragasables sociales.

El aumento de la cobertura simplemente se ha logrado por el descenso de las barreras de ingreso a la educación superior. El modelo de competencia liberal de la educación superior presenta un Estado sin atribuciones reales para regularizar y controlar la oferta y demanda. Acá no hablamos de una orientación país en una visión de futuro mancomunada entre la sociedad, el empresariado y Estado, acá hablamos de que es el mercado y sus reglas quien maneja los hilos del futuro profesional del país. Quedamos sujetos a las modas, a las urgencias, a los parches legislativos y a la perpetua improvisación.

Recuperar el control de la educación es una necesidad país, es el paso que necesitamos dar hacia el futuro. La educación no debe ser un área o un sector de explotación económica, y menos con dineros aportados por el estado. Esto no significa que desaparezcan los colegios particulares, para nada, quién manifieste que ese es mi interés le diré que haga un curso de comprensión de lectura. Acá no se llama a centralizar absolutamente la educación de todos los niños de chile, hablo de recuperar a la educación como una herramienta estratégica país, con ella podremos definir el país que deseamos, nuestro norte como nación, nuestra posición en la “aldea global”. Chile debe apostar a la educación, con valentía y seriedad, y rescatar la formación de nuestros habitantes del futuro de las manos especuladoras y egoístas del mercado, que sólo sabe de rentabilidad a bajo costo.

Debemos aprender de las experiencias internacionales, y rescatar las líneas generales para orientar nuestra política al respecto, casi el 90% de los países miembros de la OCDE, que son los padres del modelo económico, tienen más de un 90% de su educación en manos del Estado, ¿Por qué será?. En Chile la municipalización y la co-participación de los privados en la educación, responde a una imposición poco brillante y brutal de la implantación de un modelo que en ese momento la dictadura militar quería a toda costa efectuar, y lo hizo, con los resultados que podemos ver ahora que es agravada por la complicidad de los gobiernos de la concertación no han sabido responder ante este asesinato de la educación pública. En el año 1972 se produjo el punto más alto de inversión en educación de la historia chilena con un 7,2 del PIB, a partir de 1974 hasta 1989 fue decreciendo considerablemente has llegar a un lamentable y poco responsable 2,0% del PIB. Ahora en casi 20 años de gobierno de esta “nueva junta de gobierno” concertacionista, se invierte un 3.8% aproximado del PIB. Lo que corresponde proporcionalmente a menos de la mitad de lo que invierten en educación los países desarrollados.

Pero el pueblo chileno no lo hace nada de mal tampoco, según las cifras del INE, las familias chilenas destinan un 6% del presupuesto a educación y un 7% a inmobiliario. Si le sumamos el gasto de las cuentas de las casas comerciales que hace una familia a lo que se gasta en educación de los hijos, tendríamos de seguro bastante más dinero a invertir en el futuros de los retoños, pero no soy quién para decidir por las necesidades de otros.

El camino por recorrer aún no existe, los intereses comerciales y político-ideológicos aún son más poderosos que los intereses generales del país, y esto seguirá sobre estás líneas si el pueblo chileno sigue fomentando el tener por sobre el ser, el plasma por sobre los libros, un auto por sobre un colegio, la televisión en vez de la compañía de la madre, lo material por lo espiritual.

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