sábado, 20 de febrero de 2010

"Cuando seas grande me darás la razón". Cuanta razón




Hoy temprano en la mañana, arriba de mi corcel azul y luego de darle comidas a los perros de Bárbara, observé a unos adolescentes reir con ganas, al parecer se preparaban para un viaje, de esos que muchos disfrutan y/o disfrutaron con sus amigos y amigas en verano, esos viajes llenos de expectativas y esperanzas de alegrías soñadas, de aventuras amorosas y experiencias inolvidables. Me recordé en esa edad, unos 17 - 18 años, enérgico, impetuoso, arrogante y feliz. Quería ser grande porque no tenía muchas cosas que otros disfrutaban, quería tener dinero para salir de vacaciones a Pucón o Viña donde iban todos los la llevaban, quería dinero para poder comprarme más de un trago en un pub y poder invitar tranquilamente a una niña al cine, quería libertad para poder llegar a cualquier hora a mi casa, quería mi propio vehículo para poder ejecutar mis planes más impulsivos, quería que no me controlaran, quería dejar de ser preso de la casa y de los estudios, querías menos responsabilidades, ser grande, ser libre.
Cuan equivocado estaba, crecí, estudié, me compré auto, moto, amueblé mi casa, carretié, me compré varios tragos en un pub e invité varios más, tomaba taxi, me compraba los CDs que nunca tuve, salí de vacaciones y no fui más feliz, tampoco menos si no de manera distinta. Uno sigue preso de otras circunstancias, hay que pagar cuentas, responder de alguna manera a nuestro entorno, pagar arriendo o dividendo, si te enfermas hay que pataliar solito, no hay tiempo como antes para ver los amigos, cada vez estás mas sólo porque todos comienzan a construir su familia, ya no es fácil hacer amigos, el mundo grande es competitivo, amargado y ponsoñoso, nadie cree, todos desconfían y hay que aprender a cuidarse de todos y de ti mismo.
Cuánta razón de mi querida madre, cuántas veces me dijo "cuando seas grande me entenderás", pues y como siempre tuvo razón, y la siguirá teniendo por muchos años más espero; ahora comprendo a mi viejo y sus "manos de guagua". Nunca salimos de vacaciones pero siempre tuvimos libros y su completa disposición a comprarlos costaran lo que costaran. Nunca faltó la comida y la ropa, nunca faltaron las palabras de amor de la vieja y la orientación hacia la responsabilidad y los estudios del viejo. Cuánta razón tienen y tendrán siempre.
La felicidad no es más ni menos según las cosas que uno vive, claro que hay variedades en su intensidad, pero creo ahora que lo pienso, cuando uno es joven, un muchacho soñador e irresponsable no sabe realmente gigantesca libertad que posee y que por paradoja de la vida, uno comprende y añora a medida que te haces más viejo y ella se hace cada vez más reducida.

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